Año V
La Habana

2 al 8 de SEPTIEMBRE
de 2006

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Jorge Ángel Pérez
Un apasionado contador de historias

Yinett Polanco La Habana
Fotos: Jorge Luis Baños (AIN)


Jorge Ángel Pérez fue este año el ganador del Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar con su relato “En una estrofa de agua”. Metáfora de cotidianidades y acuarela de filosofías, “En una estrofa…” parece contar a un tiempo una historia contemporánea, evidente, y otra reconcentrada en sí misma, soterrada. Jorge Ángel es un autor versátil que ha danzado con acierto en varios géneros literarios y diferentes tonos, picarescos en ocasiones ―como en El paseante Cándido― o existencialistas y filosóficos como “En una estrofa de agua”. A propósito del premio, pero también de esa versatilidad para moverse en diversas cuerdas literarias versó esta entrevista.

Usted se ha movido hasta ahora con la misma destreza en la escritura tanto del cuento como de la novela, ¿le interesan del mismo modo ambos géneros literarios?, ¿qué lugar ocupa cada uno de ellos dentro del propio desarrollo de su escritura?

El cuento me ha dado algunas satisfacciones, mi primer libro publicado fue una colección de cuentos: Lapsus calami, que ganara el Premio David de la Unión  Nacional de Escritores de Cuba (UNEAC). Las opiniones sobre este libro tropezaban unas con otras, una eran aprobadoras y otras adversas. De todas formas es un libro que aún quiero, y últimamente me he sentido más cerca de él, me ha llevado a pensar en los puntos de contacto que tiene con lo que escribí después; sin embargo, es en el ejercicio de la novela donde más reconocimientos he obtenido, El paseante Cándido recibió el Cirilo Villaverde de la UNEAC y el Premio italiano Grinzane Cavour, también tuvo reconocimientos Fumando espero, que el año pasado fue primer finalista en el Rómulo Gallegos, en ambos casos hubo más puntos de coincidencia entre lectores y críticos, pero no es por eso que transito con más  comodidad en la novela. Creo que tiene que ver con que es un género donde puedo moverme con más soltura, el cuento requiere de una concentración que no es lo más importante en la novela o lo que es lo mismo, la novela te permite disociaciones que no consiente el cuento. El cuento obliga a la precisión, mientras que en la novela hay un sedimento inicial que permite la llegada de otro depósito y luego otro, así se va armando la enorme acumulación, el edificio que termina siendo una novela.

¿“En una estrofa de agua” es un relato concebido de manera aislada o forma parte de alguna serie de cuentos terminada o en producción?

“En una estrofa de agua” no fue pensado para ningún libro, aunque es posible que lo incluya en una colección que tendrá por nombre: En La Habana no son tan elegantes, y que preparo en los momentos que me deja libre la escritura de mi nueva novela.

¿Es el agua una obsesión filosófica o como parece indicar el exergo de su cuento esta obsesión parte de su propia experiencia de habitante de la Habana Vieja?

En primer lugar tiene que ver con mi experiencia, con la terrible ausencia del agua en esta parte de la ciudad. Vivo en un solar de la Habana Vieja donde el agua es casi un privilegio, una fantasía, un sueño, una utopía. Como Esteban, el protagonista del cuento, me he visto montones de veces desesperado por el agua, pero el cuento no es solo la angustia de este personaje ante la carencia de agua y sus obsesiones para conseguirla, es también una metáfora de la vida habanera, y es un coqueteo con algún tipo de filosofía, lo que se hace evidente al enfrentar cuatro elementos fundamentales de antiguas filosofías occidentales. Pero en esto no quiero insistir mucho porque prefiero que sea el lector quien descubra estos detalles.

Ha dicho que La Habana era el rincón de Cuba que más le atraía y por ende en ella ubicaba la mayoría de sus novelas y relatos, ¿cómo entronca esto con el hecho de que en sus narraciones siempre esté presente de algún modo la realidad de los cubanos, es decir, sus problemas y cotidianidades?

No creo que esto sea exacto, mi libro Lapsus calami es un libro sobre la escritura y no tiene que ver, ni indirectamente, con La Habana, tampoco mi novela Fumando espero que se desarrolla en Buenos Aires. Creo que eso vendría a ser correcto en El paseante Cándido, que es un homenaje a la ciudad,  pero también una diatriba, como se sabe uno reprocha lo que ama con la misma pasión con la que honra.

¿En qué medida se identifica este cuento y su propia escritura con la visión cortazariana del mundo?

La verdad es que no creo que mi escritura tenga puntos de contacto con la de Cortázar, de hecho me cuesta pensar o descubrir cuál es la visión cortazariana del mundo, como dificultoso es también pensar en la visión jorgeangeliana o pereziana del mundo. Soy un escritor que se apasiona con la posibilidad de contar una historia y que se preocupa por las palabras y el lenguaje acertado, pero descubrir lo que va más allá de eso me cuesta enorme trabajo, o mejor, ni siquiera me lo propongo. Eso se lo dejo a otros.

Hace cuatro años dijo que estaba escribiendo una novela sobre una costurera de 72 años que intentaba suicidarse, ¿en qué estado se encuentra ese proyecto?

Sí, hace unos años estaba escribiendo esa novela, pero nunca la terminé, he dejado descansar a Macarena —así se llama la protagonista de Almacén de Virtudes— para dedicarme a la escritura de Cirella Furiosa, una historia que me entusiasma tremendamente y me tiene muy ocupado, que trata sobre una muchacha trinitaria que debe soportar los reclamos de su abuela para que se convierta en una soprano de coloratura, porque trescientos años antes, alguien de su familia se encontró en la corte de Felipe V con el castrato Farinelli, quien predijo que la familia iba a abandonar el continente para establecerse en Cuba, en Trinidad, y que en el seno de esa familia iba a nacer una niña a la que debían nombrar Angélica, y que esa muchacha reproduciría en exactitud de tonos la voz olvidada de Farinelli, solo que Angélica no cree en las posibilidades de su voz, Angélica sueña con encontrarse con Orlando y por eso viaja a Italia, donde se desarrolla casi la totalidad de la novela.

¿Qué significa recibir el Cortázar para alguien que quedó finalista en el Rómulo Gallegos y obtuvo el premio Grinzane Cavour?

Que yo recibiera el Premio Julio Cortázar luego de disfrutar del Grinzane Cavour, el Cirilo Villaverde, el David o resultar primer finalista en el Rómulo Gallegos, hace que vea todos esos premios a una misma altura, que se pongan para mí a un mismo nivel, creo que El paseante Cándido no fue mejor tras ser destacada por los jurados del Grinzane Cavour, creo que tenía los mismos atributos y bondades que cuando Guillermo Vidal me llamó por teléfono para destacármelos y anunciarme el premio Cirilo Villaverde. En ambos momentos sus páginas tuvieron esos mismos atributos y bondades. Lo mismo ha sucedido con Fumando espero, libro que se agotó en Cuba en un par de semanas, y que llevó a importantes críticos a detenerse en él, mucho antes de que fuera distinguido como primer finalista en el Rómulo Gallegos. Los premios son, sin duda, un reconocimiento, y no seré yo, que he aspirado y recibido unos cuantos, quien haga ahora la detracción de los galardones literarios, porque me gustan, por el reconocimiento que traen, porque distinguen la obra premiada, y, muy importante, por la ayuda que aportan a la economía doméstica. Quizá ahora aspire a montarme, como premio, en un barco con todos aquellos personajes que describiera Julio Cortázar en su novela Los Premios.

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