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Introducción
La Ciudad de La Habana, por sus características, es la
expresión monumental de un museo viviente. En ella se
observan construcciones que reflejan los más variados
estilos, convivencia en la que se desborda la dicha
armónica de nuestra arquitectura, senderos íntimos por
los que transitó nuestro Patrimonio Arquitectónico,
ejemplos vivos que se observan en edificaciones que
recogen los más delicados trazos del neoclasicismo, el
art nouveau, el art deco, el eclecticismo,
hasta las enmarcadas dentro del movimiento moderno,
expresión de la cubanía y de la conformación étnica de
nuestra identidad, expresada en la arquitectura. Con un
objetivo nació esta eclosión arquitectónica: era la
entrada de Cuba a la modernidad, fundamentada en el más
absoluto rechazo a todo lo español, como símbolo de
atraso y subdesarrollo, por lo que todo este esfuerzo
que se vio reflejado en la arquitectura tenía como fin
específico la norteamericanización absoluta de la Isla
mediante el control de los diferentes planos de la vida
económica, política y social del país.
Esta
valoración de la arquitectura de la ciudad, tiene como
antecedente los 379 años de existencia del régimen
colonial en la Isla de Cuba, el cual creó una serie de
planes, códigos urbanos y ordenanzas de construcción que
guiaron el desarrollo arquitectónico y urbano en la
ciudad de La Habana.
El control urbano ejercido por los gobernadores se
reportaba directamente a la corona española.
A pesar de su poder, tanto militar como civil, no fue
hasta el 6 de
mayo de 1901 que se comenzó el desarrollo de la ciudad,
muy a pesar del fraude y el robo de los distintos
gobiernos que en su afán de asimilación norteamericana y
enriquecimiento empobrecieron a la población y con ella
al país.
Expresión de estos
primeros años nos deja en un vivo retrato el celebre
escritor cubano Alejo Carpentier:
“De ciudad apacible,
un tanto española, indolentemente recostada a la orilla
del mar azul como la de todas las leyendas, se ha
trocado en un periodo bastante corto en ciudad avanzada,
sorprendente activa, con un incipiente carácter
cosmopolita...”
El desarrollo
arquitectónico urbanístico en la República.
Nuestra valoración
tiene como punto de partida la construcción del primer
tramo del malecón habanero, esta obra por los ingenieros
Mr. Mead y su ayudante Mr. Whitney bajo el Gobierno
interventor norteamericano del General Wood, y
comprendía desde el Castillo de la Punta hasta los baños
de los Campos Eliseos. El 20 de mayo de 1902, al cesar
la Intervención, se había llegado hasta la esquina de la
calle Crespo, o sea, se habían construido unos 500
metros.
Los cimientos del
muro presentaron muchas dificultades en el primer tramo
por lo irregular de los arrecifes y en ellos se utilizó
hormigón 3:3:6 y en el muro 1:21/2:5. El proyecto
norteamericano contemplaba arbolado y grandes
candelabros sobre el muro, los que se eliminaron al
llegar la temporada invernal y arribar el primer
"norte".
La construcción del
Malecón se continuó por los distintos gobiernos y en
1909 llegó hasta la calle Belascoaín, donde se construyó
el bar Vista Alegre, que ocupaba la cuña comprendida en
esa calle, entre San Lázaro y el Malecón.
Durante el gobierno de Tomás Estrada Palma (1902-1906)
se continuaron las obras del Malecón hasta el Parque
Maceo. El centro de gravedad de la ciudad se había
trasladado a extramuros, al Paseo del Prado... una gran
plaza lineal. A lo largo de dicho eje y sus áreas
colindantes comenzaron a ubicarse las principales
residencias y edificios de la burguesía cubana.
El desarrollo arquitectónico-urbanístico continuó en la
ciudad. En 1907 se construye el primero de una serie de
centros regionales españoles, el palacio de la
Asociación de Dependientes del Comercio, diseño de
Arturo Amigó y, en el mismo año, el edificio del Banco
Nacional de Cuba, de José Toraya. En 1908 se construyen
el Hotel Sevilla y el Hotel Plaza, de José Mata.
José Miguel Gómez (1909-1913) canjeó los terrenos
del Arsenal por la antigua Estación de Villanueva, y nos
dejó la magnífica obra de la Estación Terminal de Trenes
(1912), del arquitecto Kenneth Murchison. Comenzó las
obras del Aula Magna de la Universidad de La Habana, en
la loma de Aróstegui, como parte de la acrópolis
cultural de la ciudad que comenzaba a definirse, y
empezó las obras del Instituto de La Habana, que no se
terminaron hasta 1924. Creó el barrio obrero de
Pogolotti. Se construyó el edificio de la Lonja del
Comercio (1909), por Tomás Mur y José Mata, en la Plaza
de San Francisco.
Mario García Menocal (1913-1921) fue uno de los
presidentes más activos. Disfrutó del período llamado de
Las vacas gordas o Danza de los millones
—entre 1919 y 1920— para luego enfrentarse a la crisis
económica a fines del 20 con la caída del precio del
azúcar. Llilian Llanes cita que “...en 1919, se
construían en la capital un promedio de diez obras por
día”. En esta extraordinaria producción predominó la
iniciativa privada que Menocal supo incentivar. Continuó
la prolongación del Malecón, llevándolo hasta la esquina
con la calle G de El Vedado (1916-1919), lugar que luego
se conoció como El Recodo. Erigió en el recorrido los
monumentos al General Antonio Maceo (1918), y al
hundimiento del Maine (1918); instaló las farolas del
Parque Central (1918) y las del Parque de Albear (1918).
El vicepresidente Enrique José Varona actuó
brillantemente activando y desarrollando lo cultural y
lo educativo en la población nativa, la cual estaba
sujeta a enormes presiones psicológicas por una
inmigración masiva incesante. En 1899 la población de la
Isla era de 1 572 797 habitantes y en 1919 —en solo 20
años— había aumentado un 84%, llegando a 2 889 004. Un
aumento del 4.2% anual7. “Entre 1902 y 1908
entraron en el país 208 000 inmigrantes. En el período
comprendido entre 1902 y 1934 lo hicieron 1 300 000, de
los cuales el 75% era español”8. La población
en la ciudad de La Habana creció de 250 000 habitantes
en 1900, a 600 000 en 1924.
En cuanto al aspecto físico de la ciudad uno de sus
logros fue darle continuidad al sentido de
monumentalidad en la escala urbana, que comenzó
en tiempos de la colonia: 1. con la presencia de
los altos muros de los castillos coloniales, desde 1580,
y los de la muralla de la ciudad antigua, de 1680 a
1863; 2. se continúa al crearse el Paseo de
Isabel la Católica, en 1774; 3. se renueva con el
proyecto de la Urbanización Las Murallas, en 1866.
Frente
al Castillo de la Punta, en la esquina del Malecón y el
Paseo del Prado, se construyó también por los
norteamericanos una glorieta para la Banda
Municipal —que amenizaba con música las retretas—, la
que en 1926 tuvo que demolerse por obstaculizar el
tránsito al continuarse el Malecón hacia el puerto.
Decía Bay Sevilla que
esa glorieta tuvo importancia desde el punto de vista
constructivo, debido a que fue la primera obra realizada
de hormigón armado (con cabillas) en nuestro país.
En esa esquina se
construyó, a principios de siglo, un hotel exclusivo
llamado Miramar, donde por primera vez los camareros
vistieron de smoking, chaleco con abotonadura
dorada y sin bigotes. Fue proyectado por el
arquitecto "Pepe" Toraya, y según el arquitecto e
historiador Luis Bay Sevilla, estuvo de moda en los
primeros quince años de la República.
También en ese tramo
se hicieron algunas construcciones importantes, como el
Unión Club y el Club de Automovilistas. En 1916 se llevó
hasta el torreón de San Lázaro, para lo que se tuvo que
rellenar la caleta del mismo nombre que tenía 93 metros
de ancho en su boca y 5.5 metros de profundidad que
había permitido en otra época el desembarco de piratas.
Al azotar a La Habana un ciclón en septiembre del año
1919, el mar levantó ese tramo y arrojó enormes trozos
hormigón tierra adentro a bastante distancia, que
ocasionaron daños e inundaciones nunca vistas ni
recordadas por lo que la población y no pocos ingenieros
achacaran los destrozos a la construcción del Malecón.
En 1921 se hizo el muro desde el Torreón hasta la calle
23. Sin embargo, por la polémica desatada sobre el tramo
frente a la Caleta, este no se reconstruyó hasta el año
1923.
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Desde 1914 se habían
realizado estudios para prolongar el Malecón hasta la
desembocadura del Río Almendares, pero el tramo desde la
calle 23 al pasar frente al promontorio de la batería de
Santa Clara (hotel Nacional) hasta la calle "O"
requería separar el muro unos 30 metros del litoral y
rellenar una gran área de 104,500 m2 con
vista a construir el monumento al Maine. Este tramo, con
el relleno, el parque y el monumento lo construyó el
gobierno de Alfredo Zayas en 1923.
La lista de obras realizadas para alcanzar este logro es
considerable, incluye hospitales, escuelas, parques,
monumentos, etc.9 Veamos: el Hospital Calixto García —37
edificios— (1914-1917), y el Hospital Freyre de Andrade
(1920); en la Universidad de La Habana: el Laboratorio
de Física (1914-1915), el Laboratorio de Química
(1914-1916), el Edificio de Administración (1916-1917),
y la Escuela de Antropología y Biología (1920-1921); el
Palacio Presidencial, diseño de Rodolfo Maruri y el
belga Paul Belau (1918), fue terminado por Tiffany de
New York (1920); los parques de: Juan Bruno Zayas,
Trillo, Aranguren, y el de la Iglesia del Cerro; y en El
Vedado, los parques de: Medina, Menocal, y Quesada
(1916-1917).
Continuó la prolongación del Malecón, llevándolo hasta
la esquina con la calle G de El Vedado (1916-1919),
lugar que luego se conoció como El Recodo. Erigió en el
recorrido los monumentos al General Antonio Maceo
(1918), y al hundimiento del Maine (1918); instaló las
farolas del Parque Central (1918) y las del Parque de
Albear (1918).
Los estudios para
construir el Malecón desde el castillo de la Punta y el
hotel Miramar hacia el sur, hasta la Pila de Neptuno
que se encontraba frente a la Capitanía del Puerto,
datan de 1921. Esta avenida se uniría con el tramo del
Malecón ya construido dándole un fácil acceso al puerto
desde el Vedado. El proyecto comprendía ganarle 111 mil
m2 al mar, de los cuales gran parte se
destinaron a parques y soluciones viales. Las obras del
muro, sin el relleno, las ganó en subasta la firma de
contratistas Arellano y Mendoza a un costo de 2 millones
101 mil pesos y se calcula que el relleno costó otro
millón de pesos adicionales.
Para realizar la obra
se colocaron a lo largo de la línea donde se construiría
el muro dos hileras de tablestacas de hormigón armado,
también se hincaron pilotes en profusión cada 2.50
metros. Sobre las tablestacas y los pilotes, se
corrieron arquitrabes de hormigón armado. El muro se
realizó sobre la base de unos grandes bloques huecos de
hormigón armado, prefabricados en una planta que
hicieron al efecto los contratistas en la Ensenada de
Guanabacoa.
Estos bloques, aunque
de dimensiones variables, como promedio tenían 5 x 4
metros de área y 2 metros de altura y descansaban sobre
un fondo preparado con una base de hormigón de 1:11/2:3
y después se rellenaban con hormigón 1:3:21/2, dejando
fuera cabillas que se empataban con todo el muro fundido
a lo largo de la línea los bloques.
En este tramo se
gastaron 17 mil toneladas de cemento Portland, 22 mil m3
de arena, 45 mil m3 de piedra picada, 35 mil
m3 de rajón, 4 mil 200 toneladas de barras de
acero, 295 toneladas de vigas de acero y un millón de
pies de madera.
La obra se comenzó en
marzo de 1926 y se terminó en 1929. La prolongación del
Malecón hacia el oeste, sería obra del gobierno del
general Machado y su inquieto ministro de Obras
Públicas, Carlos Miguel de Céspedes, quien en 1930 lo
adelantó hasta la calle "G" y no fue hasta alrededor del
año 1955 en que Batista lo continuó hasta la calle
Paseo, donde se interpuso el Palacio de los Deportes,
que estaba situado donde hoy está la fuente de la
Juventud frente al hotel Habana Riviera.
Gerardo Machado y Morales (1925-1929) (1929-1933)
hizo una de las más importantes contribuciones al
embellecimiento y planificación de La Habana. Su obra
física queda para siempre inscrita en la historia como
un logro positivo, al igual que en el aspecto
ético-político queda inscrito negativamente en la
historia como un dictador más del zoológico caribeño y
latinoamericano. Este trabajo no penetra, por razones de
espacio, el segundo aspecto de la paradoja que Machado
fue.
Durante los primeros cinco años de gobierno —un siglo
después que el gobernador Tacón y su Intendente, el
Conde de Villanueva, hicieran la obra de reforma urbana
que cambió la faz de La Habana— Machado y su Ministro de
Obras Públicas, Carlos Miguel de Céspedes,
lograron de nuevo llevar a cabo una reforma urbana que
elevó la ciudad a niveles de calidad insospechados.
En el año 1929, los arquitectos Govantes y Cabarrocas
realizaron un proyecto para la construcción de un barrio
obrero llamado Lutgardita, localizado en un área
industrial en Rancho Boyeros al sur de La Habana.
Contaba con 100 unidades de vivienda y se proveían todas
las facilidades complementarias como: kindergarten,
colegio, hospital, teatro, etc. Era el primero de este
tipo que se creaba en Latinoamérica. Otra obra de gran
importancia para el desarrollo y modernización del país
fue la Carretera Central.
El 10 de julio de 1925 Carlos Miguel de Céspedes dictó
la nueva Ley de Obras Públicas que puso en camino un
plan que tenía como objetivos básicos: 1. crear
un Plan Maestro de Desarrollo para La Habana; 2.
continuar con el desarrollo del Malecón; 3.
construir el Capitolio Nacional; 4. crear un
Centro Cívico que sería su gran foco urbano; 5.
Darle continuidad a la presencia de la escala
monumental, basada en la cual la ciudad había sido
desarrollada tradicionalmente y trabajar en su
embellecimiento; 6. incentivar la empresa privada
para elevar su producción al más alto nivel posible,
tanto en cantidad como en calidad.
Entre muchas obras importantes que aportó la empresa
privada descuellan: el edificio de la Compañía Cubana de
Electricidad (1927), de Morales y Compañía; el Centro
Asturiano (1927), de Manuel del Busto; el Hotel
Presidente (1927), de Eduardo Tella; el edificio de la
Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad
de La Habana (1927), el Habana Biltmore Yacht and
Country Club (1927), y el Auditorio de Pro-Arte Musical
(1928), las tres de Moenck y Quintana; el edificio
Bacardí (1930), de Esteban Rodríguez Castells; el Hotel
Nacional (1930), de MacKim, Mead & White; y el edificio
López Serrano (1932), de Mira y Rosich.
El “Proyecto del Plano Regulador de La Habana y sus
Alrededores”, como se le llamó, fue realizado
entre 1925 y 1926. Forestier hizo revisiones al proyecto
en sus viajes de 1928 y 1930. En líneas generales el
proyecto estimaba una población de 700 000 habitantes y
abarcaba desde la macro-escala de la ciudad y sus
alrededores hasta la micro-escala del diseño del piso de
la Plaza de la Catedral, inspirado en el diseño
realizado por Miguel Ángel para el piso de la Plaza del
Capitolio en Roma.
El foco central del proyecto era la Plaza de la
República, coincidiendo aproximadamente en su
ubicación con los criterios de Montoulieu y Martínez
Inclán... en la Loma de los Catalanes. De ese centro
urbano irradiaban una serie de avenidas: hacia el
castillo de Atarés; hacia el río Almendares, terminando
en el Bosque de La Habana; hacia El Vedado; hacia lo que
sería la Plaza de la Fraternidad; otras avenidas
existentes serían ensanchadas. Conectando entre sí estas
avenidas radiales Forestier trazó tres vías
Otros elementos del proyecto eran: 1. convertir
el castillo del Príncipe en un museo en medio de un
parque, con una gran escalinata de acceso cuyo eje se
centraba con la avenida Carlos III; 2. una
escalinata similar fue planeada, siguiendo la idea
original de Emilio Heredia (1916), para darle un acceso
monumental a la acrópolis cultural que iba a ser la
Universidad de La Habana; 3. la Avenida del
Puerto; 4. la Avenida de las Misiones; 5.
modificar el Paseo del Prado, elevándolo, arbolándolo y
diseñando todo su mobiliario urbano —aquí tuvieron mucho
que ver los diseños de Raúl Otero, quien dijo fueron
realizados en “... estilo Mambí”, los cuales cambiaron
radicalmente el proyecto original de Forestier,
realizado en estilo art deco; 6. la Plaza de la
Fraternidad; 7. el Parque Central; 8.
varios proyectos de embellecimiento de parques lineales,
como son la Calle G y la calle Paseo, de El Vedado; 9.
facilidades especiales, como un embarcadero frente a
la Plaza de Armas; 10. las plazas de los
monumentos al General Antonio Maceo y al Maine; 11.
el ensanche de la calle Teniente Rey, desde el
Capitolio hasta la Bahía.
El
otro gran proyecto fue el Capitolio Nacional. El proceso
que se siguió hasta su inauguración comienza en 1917,
durante el gobierno de Menocal, cuando se inicia el
proyecto por Félix Cabarrocas, el cual concibió la
escalera y el pórtico monumentales terminando en lo alto
con una cúpula. El trabajo fue paralizado en 1921,
debido a la crisis económica. Continúa el proyecto la
firma de Govantes y Cabarrocas, en 1925, acentuando la
importancia de la escalera y adosándole a los pórticos
laterales grandes pilastras; la cúpula se hace más
clásica. En el mismo año 1925 Raúl Otero y los franceses
Heitzler y Leveau (que vinieron con Forestier a La
Habana) hacen cambios, tales como acentuar aún más el
eje vertical escalera-pórtico-cúpula y darle más
transparencia a los cuerpos laterales. .En 1927 Bens
Arrarte realiza otros cambios, que hacen el edificio más
clásico y grandioso, y le inserta algunos elementos de
estilo art déco. El Capitolio fue terminado en el año
1929 a un costo superior a los $17 000 000.
Ramón Grau San Martín (1944-1948) realizó durante
su mandato varios trabajos de modernización de la
ciudad: parques, colegios, hospitales y viviendas de
interés social. Nombró Ministro de Obras Públicas a José
San Martín (a quien se le conocía como “Pepe
Plazoleta”, por su dedicación a construir obsesivamente
ese tipo de rotondas viales); su Director General de
Arquitectura fue Luis Dauval Guerra. Ambos
desarrollaron, con un grupo de profesionales cubanos,
una serie de Planes Directores para La Habana, Pinar del
Río, Matanzas, Cienfuegos, y Santiago de Cuba. Este
nuevo Plan de La Habana dejó de lado y engavetó,
por razones políticas nada profesionales, el Plan de
Forestier... mientras carecía de la creatividad del
mismo.
En 1944 se desarrolló el Barrio Residencial Obrero de
Luyanó, localizado en el Reparto Aranguren, al Sur de la
bahía de La Habana. En su creación trabajaron Pedro
Martínez Inclán, Mario Romañach y Antonio Quintana,
quienes le imprimieron al proyecto una imagen de
modernidad. Contaba con 1 500 casas, 8 complejos de
apartamentos en edificios de 4 pisos y, además, todos
los servicios complementarios de la vivienda, como son:
mercado, colegios, campos deportivos, parques, etc. Se
construyó el edificio Radiocentro-CMQ (1947) de Junco,
Gastón y Domínguez, dando comienzo al desarrollo de
La Rampa concebida para ser con el tiempo el Paseo
del Prado de la modernidad.
Desde el año 1950 se
hablaba de prolongar el Malecón hasta en nivel de la
calle 12 del Vedado para, a través de un gigantesco
puente colgante, enlazar con la avenida Primera del
Reparto Miramar, hasta cerca de donde posteriormente se
construyó el hotel Rosita de Hornedo
Durante su gobierno, sobre todo en la década de los 50,
Cuba disfruta de una bonanza económica que ayudó a una
producción masiva de obras del estado que crearon la
infraestructura física sobre la cual la empresa privada,
ya de sólida madurez, produjo un desarrollo sin paralelo
en la ciudad. Algunas de esas obras fueron: 1.
terminar de construir el Malecón hasta el río Almendares
(1952-1958); 2. crear la Ciudad Deportiva (1957);
3. la construcción de los túneles bajo el río
Almendares (1953) y (1958); 4. La construcción
del túnel bajo el canal de entrada a la bahía (1958).
Estos trabajos fueron realizados por la Société des
Grands Travaux de Marseille.
Aprovechando el acceso creado hacia el este de la ciudad
por el túnel de la bahía, esta nueva zona de la ciudad
se conectó con la Vía Blanca, una vía de acceso rápido a
las áreas de futuro crecimiento de la ciudad y a las
playas del este, cuyo alcance llegaba hasta la ciudad de
Matanzas.
Otra obra de gran importancia, que siguió los
lineamientos previos de Montoulieu, Martínez Inclán y
Forestier, fue la Plaza Cívica de la República,
realizada entre 1952 y 1958, cuyo diseño se centraba en
el Monumento a José Martí (1958) de Enrique Luis Varela
y el escultor Juan José Sicre. Sus edificios principales
son: la Terminal de Ómnibus de La Habana (1951) de
Moenck y Quintana; el Tribunal de Cuentas (1953) de
Aquiles Capablanca; el Ministerio de Comunicaciones
(1954) de Ernesto Gómez Sampera y Martín Domínguez; el
Palacio de Justicia (1957) de José Pérez Benitoa; la
Biblioteca Nacional (1957) de Govantes y Cabarrocas; el
Teatro Nacional (1958) de Arroyo y Menéndez; la Renta de
la Lotería (1958) de Lorenzo Gómez Fantoli; el Palacio
Municipal (1958) de Govantes y Cabarrocas.
Algunos de los proyectos más importantes que realizó la
empresa privada fueron: Hotel Habana Hilton (1957), de
Welton Becket, Arroyo y Menéndez; Hotel Riviera (1958)
de Igor Polevitsky y Manuel Carrerá; el edificio
Partagás (1954) de Max y Enrique Borges Recio; el
Cabaret Tropicana (1951-1956) de Max Borges Recio; el
Retiro Odontológico (1953) y el Retiro Médico (1958) de
Antonio Quintana; el edificio FOCSA (1956) de Ernesto
Gómez Sampera y Martín Domínguez; el Palacio de los
Deportes (1957) de Arroyo y Menéndez; la Tienda Flogar
(1956) de Silverio Bosch y Mario Romañach; el edificio
de Evangelina Aristigueta de Vidaña (1956) de Mario
Romañach.
Conclusiones
En Cuba las primeras décadas del siglo XX convirtieron a
La Habana en una ciudad más activa y cosmopolita; fueron
el período propicio para desarrollar un espíritu de
renovación arquitectónica y urbana que participó del
ambiente general de la nación, con el inicio de un nuevo
siglo que traería su propia modernidad, la instauración
de la República en 1902 y el anhelo de los cubanos de
evidenciar los cambios. La Habana fue entonces objeto de
la mayor fiebre constructiva de su historia, situación
afín con un desarrollo poblacional impresionante; la
urbanización del entonces municipio capitalino se
compactó, su población en la década del 20 duplicó la de
finales del XIX, y la triplicó en los años 40.
El territorio urbanizado hoy en Ciudad de la Habana es
prácticamente el alcanzado en los años cuarenta. El
ritmo de urbanización y la diversidad de lo fabricado en
los primeros años de la República, debe mucho a una
nueva forma de construir que se impuso con el siglo,
hecho constructivo que debe ser analizado desde su
importancia patrimonial.
La Habana,
y con ella, sus calles y edificios son, quizás como
ninguna otra ciudad de América, capaz de mostrarnos en
la lectura de su urbanismo cada una de las etapas por la
que transitó su historia y su arquitectura. Si hoy
comprendemos el valor de la ciudad colonial y la
conservamos, es urgente actuar en la ciudad que la
sucedió, que atesora los más valiosos exponentes de una
arquitectura nacional.
“Arquitectura y Urbanismo en la
República de Cuba (1902-1958). Antecedentes,
Evolución y Estructuras de Apoyo”. Arquitecto
Nicolás Quintana. Profesor Escuela de
Arquitectura Universidad Internacional de la
Florida
Llilian Llanes, “1898-1921. La
Transformación de La Habana a través de la
arquitectura”, Editorial Letras Cubanas, 1993,
pág.102. También citada por el arquitecto
Nicolás Quintana.
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