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Seguí se nos agranda
Andrés D. Abreu La Habana
Foto:
Pedro Abreu


El argentino Antonio Seguí es uno de esos grandes artistas internacionales que han alimentado con sus obras el patrimonio artístico que atesora nuestra nación. Desde que en 1965 visitó a Cuba por primera vez, la Casa de las Américas se convirtió en un espacio que lo atesora en una colección inestimable tanto por el significativo número de piezas de valores creativos que allí se conservan como por la humana e intelectual relación establecida con este extraordinario pintor, grabador y escultor.

De esos afines vínculos artísticos con la Casa y su amistad con los cubanos se desprendieron esas sucesivas donaciones que el artista realizó a la institución cubana en las décadas del 60 al 80. Luego algún tiempo transcurrió y, sin que mediara un total olvido a su trascendencia, no fue hasta el año 2003 que el inagotable legado de Seguí volvió a visitarnos y refrescársenos, gracias en esa ocasión a la también generosa cooperación de la Fundación Brownstoned que sirvió de puente para la llegada y organización en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam de una muestra de grabados realizados por Seguí a los inicios mismos de este siglo XXI en su taller parisino del barrio de Arcueil (en 2001).

Ese reciente gesto de sostenida amistad ha vuelto a ser noticia fresca por estos días cuando Gilbert Brownstoned, presidente de la citada Fundación, de paso por Cuba, hizo entrega al Centro Lam, en carácter de donación para su colección permanente, de cuatro de aquellos admirados grabados que fueran exhibidos tres años atrás. Esta entrega de las piezas Jacinto Herrera me llamo, Día de lluvia, Después de algunas copas y Relación con sentimientos, actualiza los fondos cubanos de la obra de Seguí, quien tras setenta años de vida y cinco decenios de trabajo continúa siendo un contemporáneo revisitable, a tal punto que por estos mismos días del pasado año el Centro Pompidou exhibió cuarenta y cinco piezas en papel, fechadas entre 1950 y 2005, lo que constituyó la primera retrospectiva que el famoso recinto expositor parisino dedicaba a un plástico argentino.  

Como testigo y admirador consciente de estos últimos acontecimientos, me han llamado la atención varios aspectos del hacer de Antonio Seguí que merecen un acto reflexivo mucho más suspicaz.

Por un lado está la apreciable continuidad de una carrera afianzada desde los 60 a un estilo categorizado como neofigurativo, con una distinguible iconografía de lo humano extraída de su propia persona y de su memoria sobre lo social-urbano. Seguí creó una serie de personajes que llevan su marca más interior en la manera de andar para ver y hacer ver la vida, pero que además son la caricaturización formal de su propio físico y del argentino que no puede dejar de ser a pesar de muchos años de vida en Francia, son además seres visualmente expresivos de una irónica y dolida filosofía de reflexión sobre un mundo social lleno de manchas y agresiones.

Basta ver las fotos del artista, leer sus entrevistas y conocer sobre su comprometido pensamiento y su también perseguida vida (aun en el exilio) para comprender que su carrera pictórica y gráfica es un día a día de sí mismo ante la vida. Entonces mientras el mundo cambia sin cambiar mucho Seguí le sigue los pasos y se transforma lo necesario sin abandonarse.

Indiscutiblemente el informalismo y su manipulación de los presupuestos del pop y los comics le han permitido libertades y deslímites que lo hacen acomodable al presente. Por otro lado su multicultural formación académica (Argentina, México, España, Francia e Italia), junto a su profundo sentir antropológico (un gran coleccionista de arte prehispánico) pueden ser herramientas para entender que sus personajes sean tan argentinos y universales como un tango con sombrero y bigote.

Esa tan respetable, inagotable y premiada internacionalmente imaginería de Seguí, que continúa produciendo hoy arte, se nutre también de la inadaptabilidad de un hombre que no logra vivir sin la Córdova natal pero necesita volver a París, alguien que entrevistado hace poco expresó: "Todavía no sé qué voy a hacer cuando sea grande".

 

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