Año V
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Mirmidones de gallina a las ruinas
El Guajiro de El Crucero


Esta receta me la enseñó el insigne Ingeniero en Química, Aquiles Catá, devenido chef de cocina, quien desde hace no pocos años logra las delicias y manjares que se ofertan en el restaurante “Las Ruinas” del Parque Lenin. No voy a abundar en detalles para describir la extrañísima odisea que propició nuestra amistad, solo cabe añadir el hecho de que primero fuimos enemigos jurados, y que nuestras diferencias (estrictamente culinarias) comenzaron por una disputa sobre el tiempo de cocción del dulce de coco, y quedaron zanjadas con estos mirmidones de gallina. Nada, petulancias y envanecimiento propios de dos seres imperfectos y testarudos. Que sirva pues esta receta, para alegrar la mesa y aplacar las tontas discordias entre amigos.

Primero consíguete un buen par de gallinas criollas y rechonchas. Luego de peladas y limpias, adóbelas con naranja agria, comino, pimienta y póngalas sobre un brasero o una parrilla sobre carbón abundante ya encendido para que apure la cocción y algunas hojas de guayabo para perfumarlas. Cuando estén doradas, sácalas y trocéalas en octavos. Coloca los trozos en una olla a presión con un cuarto de libra de mantequilla, medio jarrito de nata de leche, pimienta blanca, un poco de bijol, dos cebollas blancas enteras, un macito de apio, un puñado de pasas, los granos molidos de cinco mazorcas de maíz tierno, dos plátanos machos pintones picados en trozos, cuatro cucharones de caldo de ternera, un puntico breve de sal, dos cucharadas de azúcar prieta y un buen chorro de vino blanco. Tapa la olla y dale treinta minutos de presión. A esas alturas ya los mirmidones de gallina han de estar bien sofocados en el harinazo. Baja la olla del fuego y sirve los trozos de gallina en su salseo, polvoreándoles por encima galletitas de soda machacadas y unas gotas de picante casero. Este plato se come a pulso o cuando más, con unas rebanadas de pan suave. La vida misma si lo baja con limonada fría.               

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