Año V
La Habana
2006

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Basilia Papastamatíu
Buenos Aires (1940)

 
SE DIBUJA UNA ESTRELLITA

Cuando en 1966 nos conocimos en París, Julio Cortázar –como deseando darme una primera prueba de su estima y su confianza en mí y compartir con el otro algo que le era muy querido– me preguntó un día, de pronto: “¿Te gustaría ir a La Habana, conocer la Revolución? ¿Querés que les proponga a los cubanos que te inviten?”

Ahora desde Cuba, adonde sí vine y además me quedé, quiero recordar a Cortázar (quiero recordarte, Julio, rescribiéndote con tus mismas palabras de esos años sesenta en que decidiste asumir públicamente tu compromiso con la lucha de liberación latinoamericana. Y con tus mismas palabras, para compartirlas de nuevo con vos, ahora que son de todos).


La historia es una increíble cantidad de manotazos por todos lados, algunos agarran la manija y otros se quedan con los dedos en el aire, pero cuando sumás el todo, por ahí se da la Revolución Francesa o el Moncada.

Libro de Manuel

Cosa tan rara
ser argentino en esta noche
en este país austero
en un silencio de tangos y discursos
con este cansancio que arropa el alma
mirando el cielo de hojalata detrás de los cristales empañados
            (lo que late detrás)
entre balbuceos rumores          errando bajo la luz       la palabra
            en la piel          el humo girando en su propio capullo

                         oh laberinto exacto de sí mismo
                         donde ahora te atrincheras
                         que es una trampa de espejos derformantes

tanta sangre de espuma            tanta vida en suspenso
palpando interrogando
como el despertar de un sueño
como un acto de amor interminable para escribirlo en los
            muros de la tierra
¿quién los ve por la ciudad agitando el arma de la ruina?
Heridos de pesadilla           mezclando máscaras pobres besos
            (¿un gajo de naranja reventado en la boca?)            atisbando
            el abismo     flotando a la deriva       (¿madejas rotas del olvido?)       rodando en su amarga arena         esta negra  ráfaga         este fantasma inútil
grito ahogado y continuo
                        ( noche de hongos ¿no los ves brillar?)
la sombra que tu sudor dibuja
                    donde arde el mundo

                         oh corazón empecinado en ser tú
                         mismo
                         te parabas temblando sucio de amor
                         sin nombre errante ahogando el olvido
                         y el cansancio
                        ¿te queda todavía bastante luz para
                         mirar el cielo de hojalata? (sombra de
                         mi luz como alcanzarte?)

no puedo decir noche no puedo decir lágrimas

                   oh mundo bajo el sol oh trigo dispersándose

escucha amor el ruido de la calle el ritmo de la noche
creciendo en la selva hacia la aurora      de tanto arroz bañado
en sangre        corriendo juntos       luchando hasta que la
cresta hasta que el desmayo
(hasta que una vez acaso hasta que no haya vuelta)
húmedas babas al pie de las hogueras  donde todo en lo más
hondo huele a muerte     lanzados fuera de sí     por un dolor
un sueño turbio
el sonido inconcebible de las herraduras
batidos por las aguas
lacerada la piel
la estremecida flor
parándose a recontar a sus muertos

                         oh mundo de los desposeídos
                         fatigado corazón vuelve a empezar

qué importa mi máquina privada        mi obstinación de vivir
apenas un signo a esta altura del desorden       apuntando   
con el dedo       apenas una fracción de segundo
esperando el primer embate         para franquear
              ¿no los ves brillar?
andar como a tientas
                  y así vamos
(ya nadie te puede atajar        te sobra el derecho a seguir adelante        te equivoques o no tengas razón o no           sin caras ni  voces ni juicio       saltar la tapia refugiarse al otro lado        pegar y que te peguen         la violencia en una zona desconocida en una ciudad desconocida en esta estación sin nombre          de la mano del sueño         por los pasillos donde cada puerta es un rechazo         llegar a una cita con quién y para qué         envueltos en la penumbra          una pistola calibre 45        brazos y espaldas y pelo flotando            la masa ondulante que nos rodea            un arco como de piel y de tendones y de vísceras           esa inútil
cólera que le tuerce la boca            ese horror frente al ataque
          contra lo que ya no hay ni gritos ni aire ni lágrimas
una ola roja sobre los ojos           parado boca abajo como un
muñeco oscilante           un fluir sin dirección una succión de
tornado            un hombre como tantos con dos balazos en la
cabeza           los cascos de botella desgarrando               el golpe
cada vez más cerca             él se suicidó          )

                         ¿quién pone en práctica la violencia?
                         ¿los que van hasta el fin mirando hacia
                         adelante con la esplendorosa ilusión
                         de la libertad?

¿chupando un durazno bajo chorros de napalm?
entre nubes de petróleo chapaleando en los barriales y
escondiéndose en las zanjas enloquecidos de luna llena (les
largarán los perros y lo mismo estarán)
como quien ama como quien lucha        la prueba más dura
hasta que el ovillo         y escondiéndose          a pegar o
el juego es           la mezcla informe          el miedo a estar
por el que un día fue capaz           como resbalar después
por un liviano golpe             que se parecía al despertar
bajo la esplendorosa ilusión de estar en el mundo             errando      como por un acto         mientras la luz            para mi sed       la  efímera bengala
de la mano del sueño
mientras decía (escribía) es una cuestión de responsabilidad

                         oh corazón empecinado
                         tierra poblada de espinas
                         ¿tenemos nosotros la culpa?

¿somos una inmensa muchedumbre despertando de la
catástrofe?
lanzados ebrios de pasado con rabia para destruir y abrir de
par en par llenos de palomas de pólvora
(por el amor del hombre por una tierra sin lobos)
mientras desde el alba nace
en la profunda selva
entre los cañadones
en la sombra verde
desde el perfecto instante
                  (la verdadera cara de los ángeles   )
escucha amor el ruido de la calle el ritmo de la noche
lo imposible se hace posible
en cada esquina           bajo cada puente

nace
(se dibuja)
una estrellita

Tomado de Casa de las Américas, No. 145–146, julio–octubre, 1984.

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