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En una salida
repentina, que de lejos huele a gato encerrado,
fueron
cesanteados de El Nuevo Herald Pablo Alfonso y
Wilfredo Cancio, voceros estrellas de la mafia
anticubana de Miami.
La lavativa se
desencadenó tras la publicación en The Miami Herald
de un artículo, resultado del estudio de cientos de
páginas de documentos federales obtenidos bajo la Ley de
Libertad de Información, donde entre otras “sorpresas”
se devela que Alfonso ha recibido del gobierno
norteamericano al menos 175 000 dólares, y Cancio otros
15 000 como recompensa por su mercenarismo en la mal
llamada Radio Martí o en la dos veces mal llamada Tele
Martí (dos veces mal llamada porque primero, ofende a
los cubanos al intentar usar el nombre del apóstol de la
independencia de Cuba para fines anexionistas, y segundo
porque no debiera llamarse televisión a una televisión
que nadie ha visto jamás).
Según reconoce el
propio Herald, ambos medios tienen un solo fin:
“socavar el gobierno comunista de Fidel Castro”. Martin
Schram, columnista de Scripps Howard,
refiriéndose también a Radio Martí lo dice más
claramente: “tiene como propósito final sacar a Castro,
y son muy ideológicos y ellos lo han reconocido. Nunca
trabajaría para ellos”.
El despido repentino
fue explicado por Jesús Díaz Jr. —presidente
y editor de The Miami Herald Media Co.
— con una larga
cantinflada: “Ni siquiera la apariencia de que la
objetividad o integridad de alguien pueda haberse visto
comprometida se puede tolerar en nuestro trabajo”. Eso
lo está diciendo el editor en jefe de un medio de prensa
que ha inventado e impuesto el calificativo de
“combatiente anticastrista” para presentar al
autoconfesado terrorista Posada Carriles, autor de la
voladura en pleno vuelo de un avión de Cubana de
Aviación que segó la vida de 73 civiles.
¿De qué rayos habla
Díaz Jr. cuando habla de objetividad? Su hipocresía es
comparable a la de Humberto Castelló, director ejecutivo
de El Nuevo Herald, quien declaró: “Para mí fue
primera noticia que ambos tuvieran una relación
contractual con la emisora gubernamental”. A otro perro
con ese hueso, pues hasta el gato sabe quién paga desde
hace muchos años la campaña mediática orquestada contra
Cuba, y todo ello es información pública, que se puede
obtener fácilmente de las paginas web de la
National
Endowment for Democracy y de la USAID. Si no, que le
pregunten a Carlos Alberto Montaner, el agente de la CIA
que ahora se alquila como “periodista” —y
cuyo nombre también apareció entre los asalariados del
imperio en esos documentos—,
o a los editores de la
revista Encuentro.
Hasta ahora, ni
Cancio ni Alfonso se han atrevido a abrir la boca. Para
ellos lo mejor sería no menear mucho el asunto, pues
“esa gaveta tiene cucarachas”. Sin embargo, quien no se
pudo contener fue el congresista republicano Lincoln
Díaz-Balart, que de inmediato echó a rodar la bola de la
conspiración comunista en los pasillos de El Nuevo
Herald: “existe la duda sobre si esto fue una
petición del régimen cubano a la nueva empresa matriz
del Herald”. Él, decididamente, es un caso
clínico.
Cuando se sabe que
solo en este año ya la radio y la televisora anticubana
han recibido fondos del gobierno norteamericano por un
monto de 37 millones de dólares, se puede suponer que
los móviles de esos despidos muy bien pudieran ser otros
y muy distintos de la tan cacareada “objetividad” de
El Nuevo Herald, un medio que en cuanto a Cuba ha
apostado a todo menos a la verdad.
Por lo pronto, algo
ha quedado en claro. En julio pasado el reportero del
Canal 41 Juan Manuel Cao tuvo su cuarto de hora de fama
cuando intentó acosar a Fidel en Argentina. Entonces, el
Comandante le preguntó quién le estaba pagando. Ahora ya
se sabe: los documentos federales revelan que Cao
recibió este año 11 400 dólares. |