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Sin embargo no es
bucólico pensar en un arte “al margen” de las
expectativas sociales. El reclamo de ciertos estamentos culturales de la sociedad pretenden comportarse como una
camisa de fuerza a la que no todo creador se ciñe. La
convocatoria del espectador medio no debe regir
unívocamente la acción del artista. Un destinatario
anquilosado no debe ser la única coordenada del
pensamiento creador. La obra cuyos presupuestos se
agotan en su exposición, está del lado de la esclerosis
formal y conceptual, y condiciona la paraplejía de su
interlocutor. No peca entonces quien se lanza a
desacralizar la visión daguerriana del mundo.
Ese sería el
principal mérito de La inútil muerte…,
proponer una perspectiva diferente en lo estético,
valerse de la dinámica de un medio para saciar los
apetitos de otros; fundir cine y teatro sabiendo que
entre uno y otro no hay más fronteras que entre los
óleos y las sentencias de Flavio. Que la magia está en
el artista y no en el barro. Su principal desacierto fue
haber anunciado el riesgo sin atreverse a correrlo:
faltó osadía, faltó irreverencia. Es una obra demasiado
madura, hay demasiado cálculo en ella.
Fragmentos de La inútil muerte de mi
socio Manolo: breve ensayo sobre su utilidad. Berta
Carricarte, (p.172-173).
Textos seleccionados del libro
"Julio
García Espinosa. Las estrategias de un provocador”,
dirigido por Juan Antonio García Borrego. |