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Al cumplir ochenta
años, Julio García Espinosa puede afirmar que ha sido
consecuente con la vida que le ha tocado vivir, o más
bien, la vida ha sido consecuente con sus constantes y
diversas proposiciones. Ha andado y desandado muchos
caminos, pero más que importarle hacia dónde van y cómo
llegar, le interesa, por sobre todas las cosas, su luz
propia, esa que siempre lo ilumina al andar.
El paso de Julio
García Espinosa por la vida ha estado minado de
proposiciones que no buscan soluciones ni respuestas
absolutas o axiomáticas, sino que buscan proposiciones
(otras) que enriquezcan las suyas, que hagan de la
verdad la más legítima fuente de toda belleza.
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Quizás, aún no se
conozca lo suficiente las tantas facetas de Julio García
Espinosa en el mundo del arte. Puede que muchos ignoren,
por solo mencionar algunas, que interpretó al negrito
del vernáculo en su Compañía de Teatro Juvenil
Renacimiento, que dirigió y escribió cuentos para la
radio, que, poco después de filmar su documental El
Mégano —considerado como una obra que antecede al
nuevo cine cubano—, el gobierno de Fulgencio Batista
ordenó su detención y fue a prisión por considerarlo
subversivo; que trabajó como asistente de dirección en
los melodramas Y si ella volviera, de Vicente de
Oroná y Tahimí, la hija del pescador, de Juan
Orol, que entre sus poemas guarda muy especialmente uno
dedicado a Jorge Herrera y que dirigió espectáculos
musicales.
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Sin dudas, su obra
ensayística y cinematográfica trascienden su tiempo y
sus circunstancias, pero, de manera asimétrica y con
sentido indagador, Julio ha dejado, también, su huella
en la radio, la literatura, el teatro, la música y ha
sido elegido para dirigir o ser integrante de proyectos
que han marcado la historia cultural de nuestro país y
de toda Latinoamérica como son las Misiones Culturales
llevadas a toda Cuba entre 1950 y 1951, comisario de la
muestra cubana de artes plásticas presentada en la
Bienal de Arte de Venecia en 1952, miembro fundador del
Instituto Musical de Investigaciones Folclóricas y de
Teatro Estudio, integrante de la sociedad cultural
Nuestro Tiempo, director de la Sección de Cultura del
Ejército Rebelde, creada durante los primeros meses del
año 1959, fundador y cineasta del proyecto cultural más
importante de la Revolución cubana: el ICAIC, al mismo
tiempo que, durante casi medio siglo, ha asesorado y
formado a las nuevas generaciones, protagonistas del
surgimiento, evolución y la grandeza del arte y la
industria del cine en Cuba. Sus inquietudes, también lo
llevaron a Viet-Nam, país al que llegó en 1970, como
corresponsal de guerra, para filmar Tercer mundo,
tercera guerra mundial, documental que anticipa la
apoteosis belicista que vive el mundo del siglo XXI.
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La exposición
Proposiciones de un visionario, para no traicionar
el pensamiento de Julio García Espinosa, se arriesga en
proponer uno de los tantos acercamientos posibles
a la obra y al artista, a la vida y al hombre. Por una
parte, incluye fotografías y escritos originales que,
además de develar momentos poco conocidos o esenciales
en lo profesional y lo personal, poseen ese valor
añadido que le otorgan el paso de los años y el valor de
conservar la memoria; por otra parte, invita a conocer
más de cerca al realizador de filmes cubanos clásicos,
polémicos, insurgentes y humanistas a partir de una
selección de fotografías tomadas por los stillmen
del ICAIC, quienes también proponen su visión
otra del cineasta, el amigo y el ser humano que
conocieron muy de cerca y detuvieron dentro de sus
cámaras durante varias décadas. De cualquier manera, la
exposición, además de homenaje, se propone
iluminar algunos de los senderos recorridos por un
artista que, quizás, se adelantó a su época; que más
allá de su tiempo y su espacio, de sus realidades y
sueños ha devenido esteta de la cultura y filósofo del
arte. |