Año V
La Habana
23 - 29 de SEPTIEMBRE
de 2006

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Una inquieta y fértil existencia
Paquita Armas Fonseca La Habana


Según ha contado Roberto Fernández Retamar, Julio García Espinosa publicó en Roma, en 1952,  una modesta edición de su libro de poemas Aquí en mi país.

Por esos años había otros tres latinoamericanos fascinados por el nuevo cine que nacía en Italia:  Tomás Gutiérrez Alea, Gabriel García Márquez y Fernando Birri, que junto, entro otro amantes del cine, a uno de los grandes guionistas del neorrealismo, Cesare Zavattini, soñaban, experimentaban y buscaban su verdad en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma.

Julio había desembocado en los brazos del séptimo arte luego de amores contrariados: primero, uno infantil por la música, al que abandonó, por prejuicios según sus propias palabras “Yo había estudiado piano siendo niño pero tuve la fatalidad, aunque por otro lado la recuerdo con mucho cariño, de estudiarlo con una profesora que me impartía las clases junto a una ventana que daba a la calle. Y allí estaba yo obligado a tomar clases de solfeo, rezado ni siquiera cantado, a la vista de todo el mundo. Prácticamente tenía que fajarme todos los días con los muchachos del barrio, se burlaban de mí por estudiar piano. Tuve que abandonarlo y dedicarme a la tumbadora porque aquello no tenía remedio y yo quería que me aceptaran en su ambiente. (…) Hoy me río, pero, entonces, estudiar piano cerca del parque Trillo, en el mismo centro de Cayo Hueso, era tremendo. Ese barrio me marcó de una manera definitiva porque allí me hice de una formación popular”.

También había sido actor; junto  a los hermanos Raquel y Vicente Revuelta, fundó el grupo Teatro Estudio. Pero fue el cine, tal vez por combinar las otras manifestaciones, el arte que lo sedujo hasta hoy. Su nombre se inscribe entre los cineastas que filmaron El mégano, documental simiente de lo que sería después el cine revolucionario cubano.

Además Julio perteneció a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, crisol de intelectuales progresistas y de izquierda, donde presidió la sección de cine.

A petición del comandante Camilo Cienfuegos, en enero de 1959, fue Jefe de la Sección de Arte de la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde. En ese entorno se realizarían los primeros documentales de la Revolución: Esta tierra nuestra y la Vivienda.  Allí colaborarían también Tomas Gutiérrez Alea y Manuel Octavio Gómez.

Fundador del ICAIC en marzo de 1959, realizó en 1960 Cuba baila, su primer obra de ficción, a la que siguió en 1961, con argumento de Cesare Zavattini, El joven rebelde.

Seis años más tarde aparecería Aventuras de Juan Quinquín, cinta con la que Julio lograría ahuyentar los fantasmas del neorrealismo que lo rondaron en sus dos piezas anteriores. Película beneficiada por la crítica y por el público, devenida para muchos un clásico del cine cubano, fue la causa de uno de los textos más polémicos y alucinantes Por un cine imperfecto. Lo escribió en 1969, según sus propias palabras, a partir de las interrogantes que el filme despertó en él.

Treinta años después García Espinosa dijo “Creo que lo básico, lo esencial de la posición que defendía en Por un cine imperfecto, todavía mantiene un potencial grande, puesto que todavía hoy no podemos ignorar los códigos que tiene la gente para comunicarse con el cine. Y esos códigos pueden ser utilizados al mismo tiempo que son desmontados para desalinearnos”.

A su vez el crítico Juan Antonio García sostiene “Aquel texto fue la carta de presentación de un polemista ejemplar, de uno de los pocos teóricos sistemáticos con el cual desde entonces ha contado nuestro cine, y en sentido general, el audiovisual latinoamericano (…) Creo que si un crédito singulariza a Julio García Espinosa dentro del grupo de estudiosos que se han aproximado al cine nacional, es el hecho de haber sido nuestro primer ensayista sistemático”.

A ese hecho de la escritura, también de guiones, Retamar le confiere su justo valor: “Son numerosos los guiones de películas ajenas en que participara. Recuerdo cómo alguien tan exigente como Titón me hablaba de su aprecio por esta labor esforzada y modesta de Julio. Lo que le debe el cine cubano, el cine a secas, es difícil de valorar en toda su dimensión”

Otro ensayista, Víctor Fowler, apunta que “si algo destaca en esa trayectoria de García Espinosa es su voluntad de pensar y vivir la vida como un hombre de la época de los medios de comunicación”.

Tanto es así que Julio considera que en la caída del Muro de Berlín “habría que anotar que se perdió la guerra de los medios de comunicación”.

Hombre que confiesa “mi agonía fundamental es la contradicción” no cesa de evaluar el desarrollo de las nuevas tecnologías “el cine es un espectáculo al cual uno tiene que salir, y es colectivo en tanto que espectador. Después aparece la televisión y el espectador sufre un cambio porque ya es en la casa, no tiene que salir y es individual. Llega el digital, llega el video, llega Internet y con ello el espectador sufre un cambio total: ya no solo es en la casa, no solo es individual, sino que se puede ser consumidor y también productor. Entonces esa evolución que la tecnología le permite al espectador para nosotros significa un desafío, y tenemos que buscar respuestas a esta situación que nos parece que puede favorecer, no solo un pensamiento en el cual el espectador puede moverse con más libertad, sino también un tipo de pensamiento más contemporáneo, de manera que en las nuevas tecnologías el problema no es fascinarse tecnológicamente con ellas, sino ver si esa tecnología nos favorece a nosotros un pensamiento mucho más actualizado o contemporáneo que el que hemos tenido hasta ahora”.

Esta valiosísima aproximación a las modernas pistas de la comunicación la realiza un hombre que en este septiembre cumplió 80 años de vida. Quizás sea uno de los candidatos más lúcidos al club de los 120 años, porque aún con cuatro décadas más abrigará el joven y maduro pensamiento de un hombre (o mujer) de 40 años.

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