Año V
La Habana
23 - 29 de SEPTIEMBRE
de 2006

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JULIO GARCÍA ESPINOSA
Un inconforme de lucidez renacentista

Omar González La Habana


Hace poco tiempo celebramos aquí mismo en el cine Chaplin el ochenta cumpleaños de Alfredo y ahora el motivo de nuestra alegría es la misma fiesta de Julio. Sin lugar a dudas ha pasado el tiempo y nosotros, que llegamos después, sentimos un gran compromiso y al mismo tiempo una suerte, de tener aquí, bajo la sombrilla del ICAIC todavía, y por mucho tiempo, a dos de sus fundadores y a sus dos presidentes anteriores.

Quizás esto sea bastante peculiar en las instituciones cubanas, que exista una relación cimentada en el respeto, en la colaboración y en la ética, entre los compañeros que en diferentes momentos les ha tocado dirigir esta institución de larga vida y muchísimo prestigio en la cultura cubana, en la cultura latinoamericana y sin ninguna modestia, pero con mucho realismo, en la cultura universal.

A esa relación que se dio por muchos años entre Julio y Alfredo, ese one-two excepcional, se le echa mucho de menos hoy en el ICAIC en nuestros días. Si bien están, su papel es diferente. El uno complementaba al otro y ambos hacían posible un momento irrepetible sobre el que hay sin lugar a dudas nostalgia en los trabajadores del ICAIC.

Con Julio nosotros hablamos mucho, de muchos temas, es un asesor absolutamente comprometido y lo más útil de esas conversaciones, de esos diálogos, es lo que le aporta Julio. Cada una de esas aproximaciones al cine, al destino del cine en Cuba, al momento que vive el mundo en el caso del audiovisual particularmente, dejan un saldo muy provechoso en quienes participamos de estas conversaciones, porque Julio es coherente absolutamente con todo lo que ha escrito y con todo lo que ha hecho.

En su obra cinematográfica a veces uno advierte la impronta de su la palabra y en estos mismos pasajes que hemos visto, hemos advertido como se nos manipula, como se nos hace pensar y sentir lo que él quiere que pensemos o sintamos de una manera directa, no muy elíptica precisamente. Eso hace que su obra tenga un estilo, aunque es muy difícil alcanzar un estilo. Julio es portador de un estilo, su cine es perfectamente identificable y reconocible en el contexto de las otras películas cubanas, tienen una huella suya única y constantemente provocadora. Julio es un provocador, pues constantemente con sus reflexiones mueve el intelecto en la dirección de la inconformidad, es un inconforme de una lucidez renacentista. Yo digo siempre que a nosotros nos quedan pocos renacentistas, en el sentido en que lo fue Alejo Carpentier, o Lezama, Retamar es uno de los renacentistas que nos quedan y que está además en esta sala. Aquí están también otros muchos amigos de Julio: artistas de la plástica como Fabelo quien quiere mucho a Julio, Pepe Massip, compañero de Julio en la fundación del ICAIC y muchos otros realizadores. Quisiera entonces destacar en público su coherencia, su organicidad como intelectual revolucionario cubano, el hecho de haberse mantenido fiel a ese credo político y estético, de haberse hecho de un estilo propio, su vocación de compartir, de enseñar; hoy es el director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños cuando muchos a su edad se dedican a escribir sus memorias, que serían enjundiosas también.

Julio está constantemente buscándose problemas y le quedan muchos todavía, así está pensando qué va a hacer el año próximo cuando en la escuela haya que decidir quién será el nuevo director de la institución según plantea el reglamento del centro. En este período que Julio ha sido su director la escuela ha avanzado muchísimo. Julio ha estado en todos los momentos, en todas las convocatorias de la cultura cubana y de la sociedad contemporánea, como adherente, pero también como protagonista. No hay un hecho en que Julio no esté aportando su visión, en cada espacio de asesoría, en los debates, en los talleres, siempre lleva esa hondura, esa inconformidad.

Cuando se llega a los 80 años (y debo aquí acotar que Julio me decía hace unos días que anhelaba que llegara el 2007, para ver si nadie le recordaba sus 80 años, porque dice que para donde quiera que se vira le recuerdan esa fecha) cuando se ha vivido como ha vivido Julio, llegar a los 80 años es ese signo de renovación que decía Víctor, se siente que falta mucho, se siente que se está vivo, y ahora mismo quiere cuando deje la escuela, hacer la película de su papá y habrá que buscar el financiamiento necesario para que Julio haga su película.

Te digo entonces que todos los que estamos presentes y los que faltan, los de la vieja guardia, los de la nueva y la futura guardia, estamos complacidos y felices de que estemos aquí celebrando tu cumpleaños, aunque sea diecisiete días después de tu onomástico.

Palabras de Omar González, Presidente del ICAIC en el acto de homenaje a Julio García Espinosa.

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