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Hace poco tiempo celebramos aquí mismo en el cine
Chaplin el ochenta cumpleaños de Alfredo y ahora el
motivo de nuestra alegría es la misma fiesta de Julio.
Sin lugar a dudas ha pasado el tiempo y nosotros, que
llegamos después, sentimos un gran compromiso y al mismo
tiempo una suerte, de tener aquí, bajo la sombrilla del
ICAIC todavía, y por mucho tiempo, a dos de sus
fundadores y a sus dos presidentes anteriores.
Quizás esto sea
bastante peculiar en las instituciones cubanas, que
exista una relación cimentada en el respeto, en la
colaboración y en la ética, entre los compañeros que en
diferentes momentos les ha tocado dirigir esta
institución de larga vida y muchísimo prestigio en la
cultura cubana, en la cultura latinoamericana y sin
ninguna modestia, pero con mucho realismo, en la cultura
universal.
A esa relación que se
dio por muchos años entre Julio y Alfredo, ese
one-two excepcional, se le echa mucho de menos hoy
en el ICAIC en nuestros días. Si bien están, su papel es
diferente. El uno complementaba al otro y ambos hacían
posible un momento irrepetible sobre el que hay sin
lugar a dudas nostalgia en los trabajadores del ICAIC.
Con Julio nosotros
hablamos mucho, de muchos temas, es un asesor
absolutamente comprometido y lo más útil de esas
conversaciones, de esos diálogos, es lo que le aporta
Julio. Cada una de esas aproximaciones al cine, al
destino del cine en Cuba, al momento que vive el mundo
en el caso del audiovisual particularmente, dejan un
saldo muy provechoso en quienes participamos de estas
conversaciones, porque Julio es coherente absolutamente
con todo lo que ha escrito y con todo lo que ha hecho.
En su obra
cinematográfica a veces uno advierte la impronta de su
la palabra y en estos mismos pasajes que hemos visto,
hemos advertido como se nos manipula, como se nos hace
pensar y sentir lo que él quiere que pensemos o sintamos
de una manera directa, no muy elíptica precisamente. Eso
hace que su obra tenga un estilo, aunque es muy difícil
alcanzar un estilo. Julio es portador de un estilo, su
cine es perfectamente identificable y reconocible en el
contexto de las otras películas cubanas, tienen una
huella suya única y constantemente provocadora. Julio es
un provocador, pues constantemente con sus reflexiones
mueve el intelecto en la dirección de la inconformidad,
es un inconforme de una lucidez renacentista. Yo digo
siempre que a nosotros nos quedan pocos renacentistas,
en el sentido en que lo fue Alejo Carpentier, o Lezama,
Retamar es uno de los renacentistas que nos quedan y que
está además en esta sala. Aquí están también otros
muchos amigos de Julio: artistas de la plástica como
Fabelo quien quiere mucho a Julio, Pepe Massip,
compañero de Julio en la fundación del ICAIC y muchos
otros realizadores. Quisiera entonces destacar en
público su coherencia, su organicidad como intelectual
revolucionario cubano, el hecho de haberse mantenido
fiel a ese credo político y estético, de haberse hecho
de un estilo propio, su vocación de compartir, de
enseñar; hoy es el director de la Escuela Internacional
de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños cuando
muchos a su edad se dedican a escribir sus memorias, que
serían enjundiosas también.
Julio está
constantemente buscándose problemas y le quedan muchos
todavía, así está pensando qué va a hacer el año próximo
cuando en la escuela haya que decidir quién será el
nuevo director de la institución según plantea el
reglamento del centro. En este período que Julio ha sido
su director la escuela ha avanzado muchísimo. Julio ha
estado en todos los momentos, en todas las convocatorias
de la cultura cubana y de la sociedad contemporánea,
como adherente, pero también como protagonista. No hay
un hecho en que Julio no esté aportando su visión, en
cada espacio de asesoría, en los debates, en los
talleres, siempre lleva esa hondura, esa inconformidad.
Cuando se llega a los
80 años (y debo aquí acotar que Julio me decía hace unos
días que anhelaba que llegara el 2007, para ver si nadie
le recordaba sus 80 años, porque dice que para donde
quiera que se vira le recuerdan esa fecha) cuando se ha
vivido como ha vivido Julio, llegar a los 80 años es ese
signo de renovación que decía Víctor, se siente que
falta mucho, se siente que se está vivo, y ahora mismo
quiere cuando deje la escuela, hacer la película de su
papá y habrá que buscar el financiamiento necesario para
que Julio haga su película.
Te digo entonces que
todos los que estamos presentes y los que faltan, los de
la vieja guardia, los de la nueva y la futura guardia,
estamos complacidos y felices de que estemos aquí
celebrando tu cumpleaños, aunque sea diecisiete días
después de tu onomástico.
Palabras de Omar González, Presidente del
ICAIC en el acto de homenaje a Julio García Espinosa. |