Año V
La Habana
2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

GALERÍA

LA OPINIÓN
MEMORIAS
LA CRÓNICA
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
POR EMAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA

LIBROS DIGITALES

LA CARICATURA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

Latinoamérica  entre ángulos de la fotografía
Andrés D. Abreu La Habana


Aunque el artefacto, técnica  o medio expresivo es el mismo: una cámara fotográfica, históricamente no ha sido exactamente igual posicionarse detrás de un lente como foto-reportero que como artista. Incluso hoy —tras las licenciosas actitudes  postmodernas y los diluidos límites estéticos y socio culturales de los campos mediáticos y artísticos—  no se suele mirar igual por el visor cuando se afronta la fotografía documental como manera de producir arte que cuando se asume de antemano un pensamiento de fotógrafo entrenado para registrar “objetivamente”  la realidad.

El conflicto demarcador y cada día más difuso entre ambas posiciones radica en los grados de libertad que ha de procurarse  la mirada discrecional al atrapar los mejores significantes de lo cotidiano y lograr  la imagen documental más contundente en términos de significación  para con: la pesada carga de  referentes del pasado, el  propio y volátil tiempo de su generación, y el impredecible futuro donde deberán revalidarse históricamente como memoria cultural o artística.

Para el artista, el debate generalmente se agudiza cuando lo documental le exige cuidados ante una posible desmedida o libérrima trasgresión de los códigos comunicativos, para el foto-reportero de oficio los dilemas  suelen aflorar en el proceso de sopesar, ante la riqueza de la realidad, esa quimérica objetividad que utilizan los grandes medios para justificar, muy a menudo, una masiva complacencia  al tamizado ojo espectador que aguarda por la espectacular o veraz gráfica que certifica la gran noticia.   

Es en los predios de ese sostenida y global disyuntiva de lo visual retratado, conscientemente  asumida o no, donde encuentro las  más polémicas atracciones de la muestra De este lado del Mundo: cinco visiones fotográficas latinoamericanas, exposición colectiva que actualmente se muestra en la galería Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y donde son protagonistas como hacedores los  fotógrafos Pedro Guzmán (Republica Dominicana), Fuad Valenzuela (Bolivia), Eduardo Valenzuela (Ecuador) y los cubanos Alain Gutiérrez y Daniel Hernández.

Y reflexiono más sobre estas polémicas atracciones sin obviar que la colección tiene otros valores meridianos como son su innegable  contribución a la necesaria diversidad de miradas sobre el  presente acontecer universal, enfocando auténticamente, y con ánimos de reflexión positivistas, el duro vivir de varias regiones del sur, latinas, pobres, pero no exentas de belleza y derroches humanos  trascendentes.

Volviendo entonces a lo más complejo del asunto expositivo, De este lado del Mundo evidencia en su conjunto total de fotos esa pugna  ingénita al foto-reportero, quien finalmente termina queriendo de igual manera a aquellas mejores piezas que consiguen lo mismo un mayor acercamiento a los presupuestos artístico-contemporáneos que esas otras que él sabe la escuela y el gremio más ortodoxos felicitarían por su muy buena o perfecta hechura e incluso a aquellas   menos magistrales que por especial motivo representan en la imagen un instante único.

En las cinco series que integran esta interesante muestra la curaduría se permitió esa posibilidad. Y obviando alguna que otra foto prescindible por dañar el aura de una mayoría, cualquiera de los conspicuos  ángulos valorativos por donde se observen estas fotografías nos permitirán felices sorpresas ante esas visuales maneras de relacionar hombre-objeto que consigue Pedro Guzmán, el magnífico manejo de planos con que Fuad Laudivar resalta las vívidas tradiciones de su pueblo, las profundidades que consigue Eduardo Valenzuela con un lente entrenado en la teatralidad, la ingenuidad e inocencia que expiran las obras de Daniel Hernández y la alta espiritualidad introspectiva  con que Alain Gutiérrez recorre cada día La Habana, adecuándose al entrono de su vejez y saltando por encima de esas convenciones  con que se suele contemplar la provocación habitual de lo nuevo.

 

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600