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“Con 16 años y
una nube de lágrimas, recibí la extraña noticia de que
era hijo de un mártir”, ha dicho Carlos Alberto Cremata,
al comentar sobre el asesinato de su padre el seis de
octubre de 1976.
Carlos Cremata Trujillo, de 41 años, era despachador de
vuelos de Cubana de Aviación y junto a otros 73
pasajeros y tripulantes volaba desde Barbados cuando la
nave estalló en el aire.
El
hijo, director del conocido y premiado proyecto infantil
La Colmenita, hace un lustro afirmó: “Mi padre no era
un soldado activo en una acción armada, era un
trabajador común, un ser absolutamente inocente. Por eso
puedo decir, junto a muchas personas aquí, que conocemos
muy bien lo que le ha sucedido desde el 11 de septiembre
al pueblo norteamericano, con una diferencia: lo
sufrimos como familiares desde hace 25 años”.
Ese mismo Carlos Alberto, suerte de mago para decenas de
niñas, niños y padres que han pasado por la experiencia
de ser cálidas, trabajadoras y solidarias abejas, es un
hombre triste al contar como supo la noticia hace
treinta años cuando llegó un amigo cercano de su familia
a la escuela Camilo Cienfuegos, donde estudiaba: “Cuando
vi su cara, la primera pregunta que le hice fue: mi mamá
o mi abuelo (…) Para mí era muy difícil aceptar que mi
papá, la persona que era mi ídolo, mi héroe, pudiera
morir. Yo no sabía que había salido de viaje y me
aferraba a la noticia primera: el avión había tenido un
accidente y se suponía que existieran sobrevivientes. En
mi mente cobraba fuerza la certeza de que él había
ayudado a salvar a todos, pero que estaba con vida.
Recuerdo que me encontré con mi hermano y le dije:
‘Juanqui no te preocupes, hay un problema con papi pero
a él no le ha pasado nada’. Llegamos al
barrio y la
multitud que allí esperaba me presentó en toda su cruel
realidad, la magnitud de la tragedia. Luego vinieron las
jornadas de la Plaza de la Revolución y el hecho empezó
a golpearme lentamente. Me habían arrebatado a la
persona más vital y más alegre que yo he conocido en mi
vida. Puedo asegurar que cada día se convertía en
artista para hacernos reír, para hacernos más felices”.
Juanqui no es otro que
Juan Carlos Cremata,
el cineasta triunfador de los filmes Nada y ¡Viva
Cuba! Al comentar el premio obtenido en Cannes por
su segunda película, me dijo: “Solo
cuando crecemos empezamos a aceptar las convenciones y
creo que en la diferencia está precisamente nuestra
autenticidad y eso que nos hace únicos e irrepetibles
como seres humanos. ¿Cómo no iba a crecer si en el año
1976, cuando yo solo tenía 14 años, un injusto sabotaje
terrorista se llevó a mi padre en un avión, junto a 72
personas más, totalmente inocentes, para nunca más
volver? ¿Cómo no he de crecerme a diario ante eso,
tratando de dedicar a su memoria y a la de todos los
caídos como víctimas del terrorismo, lo mejor de lo que
hago cada día; intentando construir y amar, en el bando
de los buenos que defendía Martí; volviendo a ser el
niño feliz que fui junto a mis felices, únicos y
divertidos padres? En medio de toda esta enorme batalla
mundial contra el terrorismo es aún más placentero ganar
ese premio en ese festival tan importante y con una
película llamada, precisamente, Viva Cuba. Es
como una galleta sin mano, ¿ves?; porque lo que querían
los terroristas era acallarnos, silenciarnos, opacarnos
o amedrentarnos. Y nosotros, desde lo mejor que sabemos
hacer, ganamos una vez más la oportunidad de gritar, una
y otra vez en todo el mundo, Viva Cuba”.
Iraida Malberti, otra maga para los más pequeños, con
más de cien programas infantiles y dos series para niños
Y dice una mariposa... y Cuando yo sea grande,
quedó viuda aquel seis de octubre: “Mataron a mi
compañero de 20 años, a mi novio de 20 años y al padre
de mis hijos. Eso nadie me lo puede pagar, eso nadie lo
podrá resarcir jamás, porque mutilaron a mi familia, una
familia totalmente feliz”.
Para Iraida,
codirectora del último filme de Juan Carlos, “Viva
Cuba es también una película que esperamos
contribuya a la educación de todo el público: los más
grandes y los más pequeños. Y es una respuesta
contundente a tanto daño y tanto mal que ha hecho y hace
el terrorismo. Siempre, cuando me entrevistan por lo del
sabotaje al avión de Barbados en el que murió mi esposo,
digo que hasta los momentos alegres son lacerantes para
nosotros, porque cada vez que hay un premio o un éxito
grande como este, pienso en lo que se ha perdido su
papá, porque él era un padrazo enorme que estoy segura
hubiera disfrutado mucho y en grande la felicidad que
generamos junto a sus hijos, en otros hijos, en todos
los hijos y en todos los padres”. |