|
Para quien
como yo gusta por igual del rock y la trova fue difícil
elegir: sé que muchos estuvieron ante tal disyuntiva. El
pasado sábado 11 de noviembre
hubo que optar entre asistir al muy promovido concierto
del cantautor Carlos Varela en los Jardines de La
Tropical, llegarse a la Tribuna Antiimperialista José
Martí a disfrutar del único concierto programado en Cuba
por la superbanda de rock Jaguares, una de las más
importantes de la historia de México, o acudir a Bellas
Artes donde el trovador Inti Santana nos convidaba a
compartir su más reciente propuesta: Son oculto.
Me incliné por esta última.
Con este concierto
Inti acuñó su condición de trovador joven pero maduro
que ha asumido lo de hacer canciones y compartirlas de
manera muy profesional: es evidente que invirtió muchas
horas de ensayo, porque presentarse acompañado de ocho
músicos es algo que no cuaja si no está precedido por
muchas horas de ensayo y de combinar y recombinar
intereses y acomodos.
En sus distintas
etapas Inti ha ido reflejando de manera explícita la
realidad cotidiana más inmediata: la ciudad, sus gentes,
sus preocupaciones, aspiraciones, ansiedades y
frustraciones con un aire muy urbano, contemporáneo, y a
la vez personal.
Son oculto
comenzó con una reverencia a lo mejor de la trova
tradicional a partir del tema “E-mail de Sindo” que es
una suerte de juego con el tiempo y una manera de
subrayar, desde la actualidad, la cubanía que existe en
su música: “Sindo envía
e-mail a Corona, / @rroba de canciones, no murió la
trova / www / quemando compacto en gramófono...”
Continuó con “La
vasija”, tema que narra la historia de un hombre que
lleva consigo un recipiente en el que guarda todo lo que
quiere ocultar y de repente, al rozarlo con el codo, ve
cómo va cayendo en cámara lenta y así se verá al
descubierto. Siguió con “Pío tai” donde la obsesión por
el tiempo se contrapone a la necesidad de la
contemplación: “De pronto todo en calma y llega la
distracción / me pierdo con mis musarañas lejos…”
“Este tema, creo, lo
voy a cantar siempre”, dijo Inti al introducir
“Cerro-20-Miramar”, bolero con aires cronicados
salpicado de humor y que es una de las canciones más
recurrentes en sus presentaciones. Para Inti, “Sol
de mi portal” tiene
una significación especial pues la considera su tema más
viejo: “los anteriores son pre-canciones”, dijo.
Siguió con un bloque
de tres estrenos: “Palabra”: “la palabra que aquellos
malvados y tú y yo tan buenos, / la que televisa al niño
que habla como un viejo…/ palabra / que nos aleja de la
verdad”; “Brasa”, de la cual comentó que “es una canción
a la independencia, los que me conocen —dijo—, saben que
no tengo nada que ver con el panfleto o el «teque»
político, pero también saben que soy un tipo
orgullosísimo de nacer y vivir en este país, en este
recinto de la independencia”, y “El mundo entero”,
inspirada, quizá, en la canción de Silvio Rodríguez que
tiene que ver con la fábula de tres hermanos, en este
caso con tres acciones: “hacer lo que te gusta / cambiar
el país / tener dinero / propósito diabólico en el mundo
entero”.
Continuó con
“Mosquito no da bisté”, cuyo humor es solo eso: humor
sin un ápice de amargura, y dos temas que dedicó a
Marihué Fong,
(productora de A guitarra limpia, del Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau), “quien ha hecho este
batallar más fluido”: “Elevándome” y “Burbujas”.
Los temas 12 y 13
correspondieron a “La Roja y la Green” y “Amargura y
Colegio, No. 13”; este último contó con la guitarra
eléctrica de Pablo Menéndez, director del conocido Grupo
Mezcla y trata sobre la marginalidad, “algo que toda
sociedad quiere esconder”. También sonaron con fuerza
los tambores batá que aportó David Hernández.
1993 fue un año
difícil para todos los cubanos, en el que la economía
enfrentó un duro golpe a causa de la caída del campo
socialista. Pero, como si fuera poco, un fenómeno
meteorológico devastó parte de la Ciudad de La Habana.
Según Inti, de esa “estremecedora experiencia que
condujo a que las aguas del Malecón inundaran parte del
litoral nació «La inundación»”. “Esas aguas, aseguró,
arrastraron una guitarra, que rescaté, reparé y la
convertí en mi primera guitarra, y ese hecho me
convirtió en trovador. No soy religioso, pero quizá le
deba algo a Yemayá. Es obvia mi relación con el mar”,
enfatizó.
La penúltima canción
fue “Son oculto”, la que obviamente dio título al
recital y “es la historia de un hombre que fue de un
extremo a otro”. Cerró con “La corriente ecléctica”, uno
de sus temas más conocidos y que fue coreado por el
auditórium.
Inti supo envolver
muy bien los dieciséis temas; ya mencioné a Pablo
Menéndez y a David Hernández en la percusión, pero hay
que resaltar los desempeños de Néstor Rodríguez (saxo),
Mayquel González (trompeta), Laura Calderín (clarinete),
Alberto Miranda (bajo), Saúl Berman (guitarra
eléctrica), William Roblejo (violín) y Giselle Fernández
(voz).
Todos se sumaron solícitos a este Son oculto, que
en realidad no lo fue tanto; quedó al descubierto que ni
la trova ni el son pueden esconderse cuando detrás hay
un artista que, como Inti, se ha propuesto cantarle a
las cosas aparentemente sencillas de la vida, y
justamente esas, las supuestamente simples, son las que
nos hacen mejores.
|