Año V
La Habana

18 al 24 de NOVIEMBRE
de 2006

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El Son oculto quedó al descubierto
María Fernanda Ferrer La Habana
Fotos:
Claudia Alvariño


Para quien como yo gusta por igual del rock y la trova fue difícil elegir: sé que muchos estuvieron ante tal disyuntiva. El pasado sábado 11 de noviembre hubo que optar entre asistir al muy promovido concierto del cantautor Carlos Varela en los Jardines de La Tropical, llegarse a la Tribuna Antiimperialista José Martí a disfrutar del único concierto programado en Cuba por la superbanda de rock Jaguares, una de las más importantes de la historia de México, o acudir a Bellas Artes donde el trovador Inti Santana nos convidaba a compartir su más reciente propuesta: Son oculto. Me incliné por esta última.

Con este concierto Inti acuñó su condición de trovador joven pero maduro que ha asumido lo de hacer canciones y compartirlas de manera muy profesional: es evidente que invirtió muchas horas de ensayo, porque presentarse acompañado de ocho músicos es algo que no cuaja si no está precedido por muchas horas de ensayo y de combinar y recombinar intereses y acomodos.

En sus distintas etapas Inti ha ido reflejando de manera explícita la realidad cotidiana más inmediata: la ciudad, sus gentes, sus preocupaciones, aspiraciones, ansiedades y frustraciones con un aire muy urbano, contemporáneo, y a la vez personal.

 

Son oculto comenzó con una reverencia a lo mejor de la trova tradicional a partir del tema “E-mail de Sindo” que es una suerte de juego con el tiempo y una manera de subrayar, desde la actualidad, la cubanía que existe en su música: “Sindo envía e-mail a Corona, / @rroba de canciones, no murió la trova / www / quemando compacto en gramófono...” 

Continuó con “La vasija”, tema que narra la historia de un hombre que lleva consigo un recipiente en el que guarda todo lo que quiere ocultar y de repente, al rozarlo con el codo, ve cómo va cayendo en cámara lenta y así se verá al descubierto. Siguió con “Pío tai” donde la obsesión por el tiempo se contrapone a la necesidad de la contemplación: “De pronto todo en calma y llega la distracción / me pierdo con mis musarañas lejos…”

“Este tema, creo, lo voy a cantar siempre”, dijo Inti al introducir “Cerro-20-Miramar”, bolero con aires cronicados salpicado de humor y que es una de las canciones más recurrentes en sus presentaciones. Para Inti, “Sol de mi portal” tiene una significación especial pues la considera su tema más viejo: “los anteriores son pre-canciones”, dijo.

Siguió con un bloque de tres estrenos: “Palabra”: “la palabra que aquellos malvados y tú y yo tan buenos, / la que televisa al niño que habla como un viejo…/ palabra / que nos aleja de la verdad”; “Brasa”, de la cual comentó que “es una canción a la independencia, los que me conocen —dijo—, saben que no tengo nada que ver con el panfleto o el «teque» político, pero también saben que soy un tipo orgullosísimo de nacer y vivir en este país, en este recinto de la independencia”, y “El mundo entero”, inspirada, quizá, en la canción de Silvio Rodríguez que tiene que ver con la fábula de tres hermanos, en este caso con tres acciones: “hacer lo que te gusta / cambiar el país / tener dinero / propósito diabólico en el mundo entero”.

Continuó con “Mosquito no da bisté”, cuyo humor es solo eso: humor sin un ápice de amargura, y dos temas que dedicó a Marihué Fong, (productora de A guitarra limpia, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau), “quien ha hecho este batallar más fluido”: “Elevándome” y “Burbujas”.

Los temas 12 y 13 correspondieron a “La Roja y la Green” y “Amargura y Colegio, No. 13”; este último contó con la guitarra eléctrica de Pablo Menéndez, director del conocido Grupo Mezcla y trata sobre la marginalidad, “algo que toda sociedad quiere esconder”. También sonaron con fuerza los tambores batá que aportó David Hernández.

1993 fue un año difícil para todos los cubanos, en el que la economía enfrentó un duro golpe a causa de la caída del campo socialista. Pero, como si fuera poco, un fenómeno meteorológico devastó parte de la Ciudad de La Habana. Según Inti, de esa “estremecedora experiencia que condujo a que las aguas del Malecón inundaran parte del litoral nació «La inundación»”. “Esas aguas, aseguró, arrastraron una guitarra, que rescaté, reparé y la convertí en mi primera guitarra, y ese hecho me convirtió en trovador. No soy religioso, pero quizá le deba algo a Yemayá. Es obvia mi relación con el mar”, enfatizó.

La penúltima canción fue “Son oculto”, la que obviamente dio título al recital y “es la historia de un hombre que fue de un extremo a otro”. Cerró con “La corriente ecléctica”, uno de sus temas más conocidos y que fue coreado por el auditórium.

Inti supo envolver muy bien los dieciséis temas; ya mencioné a Pablo Menéndez y a David Hernández en la percusión, pero hay que resaltar los desempeños de Néstor Rodríguez (saxo), Mayquel González (trompeta), Laura Calderín (clarinete), Alberto Miranda (bajo), Saúl Berman (guitarra eléctrica), William Roblejo (violín) y Giselle Fernández (voz).

Todos se sumaron solícitos a este Son oculto, que en realidad no lo fue tanto; quedó al descubierto que ni la trova ni el son pueden esconderse cuando detrás hay un artista que, como Inti, se ha propuesto cantarle a las cosas aparentemente sencillas de la vida, y justamente esas, las supuestamente simples, son las que nos hacen mejores.
 

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