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La ciudad de Camagüey está recibiendo desde hace varios
años el regalo de la destacada artista Ileana Sánchez.
El parque del Policlínico de Especialidades Pediátricas
y la esquina de Lugareño y General Gómez se han
beneficiado con el aporte de su talento. Fuera de Cuba,
la pintora “invadió” el estadio de fútbol Du Marin, en
Martinico, y el Centro de Acogida de Niños sin Amparo
Filial Nazaret de Mayorca, España.
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En
septiembre de 2005, Ileana iluminó la ciudad con una
acción plástica gigantesca que incluyó algunas de las
calles más céntricas de la colonial urbe cubana. A los
diseños exquisitos de la artista se sumó —como
complemento plenamente creativo— el trabajo de decenas
de niños que dieron color a esos gatos que se acostaron
sobre el pavimento y las aceras más transitadas de la
villa. No estuve en esa preciosa medianoche que terminó
en espléndido amanecer, pero he visto más de una vez el
eficaz reportaje en el que los pequeños se afanan,
mientras la artista recorre febrilmente cada metro de
creación. Para los camagüeyanos fue una jornada
inolvidable y constituye un ejemplo de verdadera cultura
comunitaria.
Ahora un
callejón del centro metropolitano acaba de vestirse con
los gatos y otras obsesiones de la infatigable creadora.
No se trata del traslado mecánico de la técnica del
lienzo a esa pared, hasta ahora triste y descolorida.
Estamos ante una artista que ama el trabajo para los
espacios públicos y sabe darle la dimensión, el peso, la
consistencia específica en la mejor tradición del
muralismo. El colorido de sus animales nunca resulta
excesivo; se da una coherente unidad entre el esplendor
visual y el equilibrio de las siluetas. Asistimos a la
trayectoria de una artista que continúa sus desvelos del
pequeño al mediano formato, y de ahí a las agradecidas
paredes o a la intemperie de los espacios públicos.
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Los
vecinos, los amigos, el imprescindible pintor Joel Jover
—esposo de Ileana— se sumaron a un proyecto agotador,
pero muy reconfortante. Los toques finales del Callejón
que intercepta la célebre calle República coincidieron
con las intensas jornadas del Festival Nacional de
Teatro que cada dos años se celebra en Camagüey. Camino
a las sedes del evento o hacia el Centro de Prensa, uno
pasaba por allí
y a
toda hora se veía a Ileana sobre su andamio, sonriente y
plena.
Al igual que Jover, Ileana Sánchez se ha convertido en
alguien conocido y amado más allá de los activos
circuitos artísticos y literarios de la provincia. Hasta
en la carta de un restaurante puede encontrarse, a
manera de guiño, de complicidad, uno de esos gatos o
negritos que amenazan noblemente con convertirse en otro
símbolo de la ciudad, tan duradero como las plazas
coloniales o los tinajones de recoger agua que sirven de
epíteto a la antigua villa de Santa María del Puerto del
Príncipe. |