Año V
La Habana

18 al 24 de NOVIEMBRE
de 2006

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Gatos que iluminan
Amado del Pino La Habana


La ciudad de Camagüey está recibiendo desde hace varios años el regalo de la destacada artista Ileana Sánchez. El parque del Policlínico de Especialidades Pediátricas y la esquina de Lugareño y General Gómez se han beneficiado con el aporte de su talento. Fuera de Cuba, la pintora “invadió” el estadio de fútbol Du Marin, en Martinico, y el Centro de Acogida de Niños sin Amparo Filial Nazaret de Mayorca, España.

En septiembre de 2005, Ileana iluminó la ciudad con una acción plástica gigantesca que incluyó algunas de las calles más céntricas de la colonial urbe cubana. A los diseños exquisitos de la artista se sumó —como complemento plenamente creativo— el trabajo de decenas de niños que dieron color a esos gatos que se acostaron sobre el pavimento y las aceras más transitadas de la villa. No estuve en esa preciosa medianoche que terminó en espléndido amanecer, pero he visto más de una vez el eficaz reportaje en el que los pequeños se afanan, mientras la artista recorre febrilmente cada metro de creación. Para los camagüeyanos fue una jornada inolvidable y constituye un ejemplo de verdadera cultura comunitaria.

Ahora un callejón del centro metropolitano acaba de vestirse con los gatos y otras obsesiones de la infatigable creadora. No se trata del traslado mecánico de la técnica del lienzo a esa pared, hasta ahora triste y descolorida. Estamos ante una artista que ama el trabajo para los espacios públicos y sabe darle la dimensión, el peso, la consistencia específica en la mejor tradición del muralismo. El colorido de sus animales nunca resulta excesivo; se da una coherente unidad entre el esplendor visual y el equilibrio de las siluetas. Asistimos a la trayectoria de una artista que continúa sus desvelos del pequeño al mediano formato, y de ahí a las agradecidas paredes o a la intemperie de los espacios públicos.

Los vecinos, los amigos, el imprescindible pintor Joel Jover —esposo de Ileana— se sumaron a un proyecto agotador, pero muy reconfortante. Los toques finales del Callejón que intercepta la célebre calle República coincidieron con las intensas jornadas del Festival Nacional de Teatro que cada dos años se celebra en Camagüey. Camino a las sedes del evento o hacia el Centro de Prensa, uno pasaba por allí  y a toda hora se veía a Ileana sobre su andamio, sonriente y plena.

Al igual que Jover, Ileana Sánchez se ha convertido en alguien conocido y amado más allá de los activos circuitos artísticos y literarios de la provincia. Hasta en la carta de un restaurante puede encontrarse, a manera de guiño, de complicidad, uno de esos gatos o negritos que amenazan noblemente con convertirse en otro símbolo de la ciudad, tan duradero como las plazas coloniales o los tinajones de recoger agua que sirven de epíteto a la antigua villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

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