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Alejo Carpentier,
escritor, Premio Cervantes 1977:
La vieja ciudad antaño llamada de intramuros es
ciudad de sombras, hecha para la explotación de las
sombras —sombra, ella misma, cuando se la piensa en
contraste con todo lo que le fue germinando, creciendo,
hacia el oeste, desde los comienzos de este siglo, en
que la superposición de estilos, la innovación de
estilos, buenos y malos, más malos que buenos, fueron
creando a La Habana ese “estilo sin estilos” que a la
larga, por proceso de simbiosis, de amalgama, se erige
en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo,
inscribiéndose en la historia de los comportamientos
urbanísticos. Porque, poco a poco, de lo abigarrado, de
lo entremezclado, de lo encajado entre realidades
distintas, han ido surgiendo las constantes de un
empaque general que distingue a La Habana de otras
ciudades del continente.
(Fragmento del texto de Carpentier La
ciudad de las columnas)
Alfredo Guevara,
presidente del Festival Internacional de Nuevo Cine
Latinoamericano de la Habana:
Esta ciudad que salta de mis ojos, que los tuyos asalta,
es mi ciudad amada, perla de Las Antillas pero ciudad
Atlántica, con un Mediterráneo que le baña el trasero y
que otros dicen fuera el mar de los Caribes, marítima
ciudad en cruce de los mares, es la ciudad que Cádiz y
Málaga y Madrid y Granada lanzaron a los mares y se
asentó en mis playas, y de estas playas dice su canción
y su ritmo, del goce de vivir y la sensualidad del goce,
de la piel que quisiera tocar la piel del otro y que en
su canto y danza la toca y la rechaza, melancólica y
dulce como la piel del mango, roja de sangre como el
mamey sagrado, fuente que es la vida, mejor del paraíso,
que perdido recobra su sabor en la carne, en
trascendente imagen de encendida papaya.
(Tomado de Opus Habana, Vol. IV,
No. 1, 2000)
Eusebio Leal
Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana:
No restauramos
La Habana para verla, la restauramos para vivirla, para
que sea una zona de hábitat y de cultura para todos.
(Tomado de El mundo)
Fernando Pérez, cineasta:
En el mundo
del cine, por ejemplo, Fresa y chocolate es un
homenaje muy profundo y emotivo a todo lo que significa
La Habana para nosotros hoy. La Habana como tema ha dado
obras fascinantes y las seguirá dando, en la literatura,
las artes plásticas y el cine.
(Tomado de La Ventana)
Graziella Pogolotti,
Premio Nacional de Literatura 2005:
Esa ciudad es otra y sin embargo es la misma, porque el
espacio de la ciudad es el espacio privilegiado de la
cultura, atravesado por el tiempo. Es un espacio
construido, pero que no está hecho de materia inerte. La
ciudad tiene sus fantasmas, tiene su alma y por lo tanto
tiene su memoria. Así fue descubierta por los románticos
en el siglo XIX que vieron su noble rostro, el atractivo
de su modernidad, y la belleza de su mundo sumergido. Es
la ciudad de los poetas, de Hugo y de Baudelaire, pero
también entre nosotros ha sido la ciudad de los
escritores y de los artistas, los escritores y los
artistas que han contribuido a construir su imagen, a
forjar su alma y también a crear su mito.
(Texto publicado en La Jiribilla No.
45)
Humberto Solás,
cineasta:
La Habana es mi ciudad
de origen y un lugar que no me canso de recorrer y
redescubrir. De hecho, pasé más de un año prácticamente
todas las tardes hurgando en sus barrios durante la
búsqueda de las locaciones para Barrio Cuba.
(Tomado de Cómo hacer cine)
Jorge Ángel Pérez, Premio de Cuento Julio Cortázar 2006:
Es el rincón
de Cuba que más me atrae.
(Entrevista para La Jiribilla)
Antón Arrufat,
escritor, Premio Nacional de Literatura 2000:
Nací en Santiago de Cuba, pero me
he ido haciendo habanero. Vine aquí cuando niño y, desde
entonces, he ido descubriendo poco a poco esta ciudad:
su parte antigua, que es la que más me interesa junto al
Vedado, que considero excepcional.
Sin caminar la ciudad, no puedo
vivir. He viajado mucho, y siempre comparo La Habana con
otras ciudades... Como si en vez de salir de ella,
volviera; tal vez sea un poco mi manera de habitarla en
la distancia.
¿Qué partes yo quisiera que se
unieran a mí de esta ciudad? El parque de las Misiones,
adonde voy todas las tardes y me quedo hasta el
anochecer. Desde allí me gusta imaginar el mar,
pensarlo, soñarlo... aunque parque y mar estén tan cerca
uno del otro.
De regreso, siempre me llevo algo,
algún motivo de ella, a casa: un patio que de pronto me
asalta, un guardavecino, un mediopunto, una puerta
claveteada...
Me gustaría que toda la ciudad se
uniera a mi cuerpo, y que mi cuerpo se uniera a la
ciudad.
Ella es mi madre y yo soy su hijo;
yo soy su madre y ella mi hijo.
(Tomado de
Opus Habana)
Roberto Fernández Retamar, poeta, escritor, Premio
Nacional de Literatura 1989 y presidente de la Casa de
las Américas:
La Habana está
muy estropeada como todos sabemos. Son más de cuarenta
años de bloqueo norteamericano y eso parece retórica
pero es verdad. Hemos sufrido mucho, pero aún así sigo
considerando que es una ciudad extraordinaria. Me gusta
que los jóvenes salgan de Cuba y contemplen otras
ciudades y las comparen con la nuestra para que
reconozcan su enorme encanto. Esta fue una de las
primeras grandes villas del llamado Nuevo Mundo y sigue
siéndolo en muchos aspectos. Es una ciudad para mí
entrañable, no solo el pedacito donde nací y donde fui
joven, La Víbora, sino La Habana entera.
He escrito en otros lugares pero muy poco. He vivido en
París, en EE.UU. cuando fui profesor de la Universidad
de Yale y en otros sitios… pero parece que esos famosos
pájaros de que hablábamos no aterrizan mucho en otros
espacios o es que son habaneros. La Habana es mi lugar
natural para escribir y para vivir.
(Entrevista para La Jiribilla)
Harold Gramatges,
Premio Nacional de Música 2004:
Para quien
ha tenido como paisaje circundante en su niñez y
adolescencia, el mágico encanto de una ciudad, cuyas
calles estrechas van en busca del mar o al encuentro de
las azules montañas, llegar a La Habana en 1936 era
asomarse al mundo deslumbrante de una ciudad europea.
Caminar bajo la enramada del Prado, y mirar con asombro
aquel palacio de Las Mil y Una Noches, el
Capitolio Nacional, con su cúpula de oro, era un
verdadero privilegio, pero no era, a la conquista de
este nuevo espacio vital, que mis pasos me traían; La
Habana era el centro cultural de mayor jerarquía en el
país y en ella debía yo encontrar nuevos horizontes,
para mi formación artística.
(Tomado de La Habana que va conmigo,
de Miguel Coyula.) |