Año V
La Habana
18 al 24 de NOVIEMBRE
de 2006

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Opiniones sobre La Habana



 

Alejo Carpentier, escritor, Premio Cervantes 1977: La vieja ciudad antaño llamada de intramuros es ciudad de sombras, hecha para la explotación de las sombras —sombra, ella misma, cuando se la piensa en contraste con todo lo que le fue germinando, creciendo, hacia el oeste, desde los comienzos de este siglo, en que la superposición de estilos, la innovación de estilos, buenos y malos, más malos que buenos, fueron creando a La Habana ese “estilo sin estilos” que a la larga, por proceso de simbiosis, de amalgama, se erige en un barroquismo peculiar que hace las veces de estilo, inscribiéndose en la historia de los comportamientos urbanísticos. Porque, poco a poco, de lo abigarrado, de lo entremezclado, de lo encajado entre realidades distintas, han ido surgiendo las constantes de un empaque general que distingue a La Habana de otras ciudades del continente.

(Fragmento del texto de Carpentier La ciudad de las columnas)


Alfredo Guevara, presidente del Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana: Esta ciudad que salta de mis ojos, que los tuyos asalta, es mi ciudad amada, perla de Las Antillas pero ciudad Atlántica, con un Mediterráneo que le baña el trasero y que otros dicen fuera el mar de los Caribes, marítima ciudad en cruce de los mares, es la ciudad que Cádiz y Málaga y Madrid y Granada lanzaron a los mares y se asentó en mis playas, y de estas playas dice su canción y su ritmo, del goce de vivir y la sensualidad del goce, de la piel que quisiera tocar la piel del otro y que en su canto y danza la toca y la rechaza, melancólica y dulce como la piel del mango, roja de sangre como el mamey sagrado, fuente que es la vida, mejor del paraíso, que perdido recobra su sabor en la carne, en trascendente imagen de encendida papaya.

(Tomado de Opus Habana, Vol. IV, No. 1, 2000)


Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana: No restauramos La Habana para verla, la restauramos para vivirla, para que sea una zona de hábitat y de cultura para todos.

(Tomado de El mundo)
 


Fernando Pérez, cineasta: En el mundo del cine, por ejemplo, Fresa y chocolate es un homenaje muy profundo y emotivo a todo lo que significa La Habana para nosotros hoy. La Habana como tema ha dado obras fascinantes y las seguirá dando, en la literatura, las artes plásticas y el cine.

(Tomado de La Ventana)


Graziella Pogolotti, Premio Nacional de Literatura 2005: Esa ciudad es otra y sin embargo es la misma, porque el espacio de la ciudad es el espacio privilegiado de la cultura, atravesado por el tiempo. Es un espacio construido, pero que no está hecho de materia inerte. La ciudad tiene sus fantasmas, tiene su alma y por lo tanto tiene su memoria. Así fue descubierta por los románticos en el siglo XIX que vieron su noble rostro, el atractivo de su modernidad, y la belleza de su mundo sumergido. Es la ciudad de los poetas, de Hugo y de Baudelaire, pero también entre nosotros ha sido la ciudad de los escritores y de los artistas, los escritores y los artistas que han contribuido a construir su imagen, a forjar su alma y también a crear su mito.

(Texto publicado en La Jiribilla No. 45)


Humberto Solás, cineasta: La Habana es mi ciudad de origen y un lugar que no me canso de recorrer y redescubrir. De hecho, pasé más de un año prácticamente todas las tardes hurgando en sus barrios durante la búsqueda de las locaciones para Barrio Cuba.

(Tomado de Cómo hacer cine)


Jorge Ángel Pérez, Premio de Cuento Julio Cortázar 2006: Es el rincón de Cuba que más me atrae.

(Entrevista para La Jiribilla)


Antón Arrufat, escritor, Premio Nacional de Literatura 2000: Nací en Santiago de Cuba, pero me he ido haciendo habanero. Vine aquí cuando niño y, desde entonces, he ido descubriendo poco a poco esta ciudad: su parte antigua, que es la que más me interesa junto al Vedado, que considero excepcional.

Sin caminar la ciudad, no puedo vivir. He viajado mucho, y siempre comparo La Habana con otras ciudades... Como si en vez de salir de ella, volviera; tal vez sea un poco mi manera de habitarla en la distancia.

¿Qué partes yo quisiera que se unieran a mí de esta ciudad? El parque de las Misiones, adonde voy todas las tardes y me quedo hasta el anochecer. Desde allí me gusta imaginar el mar, pensarlo, soñarlo... aunque parque y mar estén tan cerca uno del otro.
De regreso, siempre me llevo algo, algún motivo de ella, a casa: un patio que de pronto me asalta, un guardavecino, un mediopunto, una puerta claveteada...

Me gustaría que toda la ciudad se uniera a mi cuerpo, y que mi cuerpo se uniera a la ciudad.

Ella es mi madre y yo soy su hijo; yo soy su madre y ella mi hijo.

(Tomado de Opus Habana)


Roberto Fernández Retamar, poeta, escritor, Premio Nacional de Literatura 1989 y presidente de la Casa de las Américas: La Habana está muy estropeada como todos sabemos. Son más de cuarenta años de bloqueo norteamericano y eso parece retórica pero es verdad. Hemos sufrido mucho, pero aún así sigo considerando que es una ciudad extraordinaria. Me gusta que los jóvenes salgan de Cuba y contemplen otras ciudades y las comparen con la nuestra para que reconozcan su enorme encanto. Esta fue una de las primeras grandes villas del llamado Nuevo Mundo y sigue siéndolo en muchos aspectos. Es una ciudad para mí entrañable, no solo el pedacito donde nací y donde fui joven, La Víbora, sino La Habana entera.
He escrito en otros lugares pero muy poco. He vivido en París, en EE.UU. cuando fui profesor de la Universidad de Yale y en otros sitios… pero parece que esos famosos pájaros de que hablábamos no aterrizan mucho en otros espacios o es que son habaneros. La Habana es mi lugar natural para escribir y para vivir.

(Entrevista para La Jiribilla)


Harold Gramatges, Premio Nacional de Música 2004: Para quien ha tenido como paisaje circundante en su niñez y adolescencia, el mágico encanto de una ciudad, cuyas calles estrechas van en busca del mar o al encuentro de las azules montañas, llegar a La Habana en 1936 era asomarse al mundo deslumbrante de una ciudad europea. Caminar bajo la enramada del Prado, y mirar con asombro aquel palacio de Las Mil y Una Noches, el Capitolio Nacional, con su cúpula de oro, era un verdadero privilegio, pero no era, a la conquista de este nuevo espacio vital, que mis pasos me traían; La Habana era el centro cultural de mayor jerarquía en el país y en ella debía yo encontrar nuevos horizontes, para mi formación artística.

(Tomado de La Habana que va conmigo, de Miguel Coyula.)

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