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La imagen
predominante por estos días en el caraqueño Parque del
Este se multiplicará antes de que termine noviembre a lo
largo de la geografía de la nación sudamericana: decenas
de miles de personas recorriendo estantes atestados de
libros, dedicando parte del aguinaldo navideño a la
compra de literatura, asistiendo a charlas, conferencias
y recitales, conociendo y honrando a escritores del
patio y extranjeros.
Es una celebración
jubilosa la II Feria Internacional del Libro de
Venezuela, FILVEN 2006. Abrió sus puertas con un
acontecimiento revelador: la presentación de los
primeros diez títulos publicados por el Fondo Cultural
de la Alternativa Bolivariana para las Américas,
bautizados, como aquí se dice a las novedades literarias
en el momento de su puesta en circulación, por el
presidente Hugo Chávez y el Ministro de Cultura cubano,
Abel Prieto, quien encabezó la delegación de la Isla,
País Invitado de Honor a la Feria.
Apenas nueve meses
después de que ese Fondo fuera creado en La Habana, en
el acto inaugural de la cubana Feria del Libro con la
anuencia del propio Chávez y Fidel Castro, 30 000
ejemplares de cada uno de esos títulos iniciales,
comenzaron a cobrar sentido en manos de los lectores.
Los primeros beneficiados son los venezolanos; pronto
circularán en Cuba y casi simultáneamente en Bolivia.
Se trata de una
colección que, como explicó Abel Prieto, se inspira en
un primer momento en un concepto expresado por Chávez en
ocasión de la celebración en Caracas del Festival
Mundial de la Juventud y los Estudiantes: la necesidad
de dotar a las nuevas generaciones de instrumentos para
el mejor conocimiento de nuestras tradiciones combativas
y de la naturaleza del imperialismo.
Es por ello que entre
los libros que amanecieron con el ALBA figuran textos
sobre Francisco de Miranda y Simón Bolívar,
imprescindibles letras de y sobre José Martí, ensayos de
Roberto Fernández Retamar, Ignacio Ramonet, y Atilio
Borón que arrojan luces sobre el pensamiento emancipador
y ese intenso reportaje de la argentina Stella Callóni
que pone al descubierto los desmanes de la Operación
Cóndor. Y es también por ello que ya casi están listas
las ediciones del Diario del Che en Bolivia y una
lectura de formación, Oros viejos, del cubano
Herminio Almendros.
Junto a esos libros
del ALBA otras auroras se divisan en los estantes o se
producen en el abultado programa de presentaciones de
esta segunda versión de FILVEN.
Editoriales
extranjeras como Pathfinder y Ocean Press despliegan
ante el público precisas y útiles referencias sobre el
pensamiento bolivariano de Hugo Chávez, la impronta
revolucionaria y ética del Che Guevara, la trama de
agresiones del imperialismo contra los pueblos de
América Latina y el Caribe y los procesos de
descolonización.
La Fundación Kuai
Mare, de la Plataforma Editorial venezolana, ha
contribuido a la multiplicación de las posibilidades del
acceso al libro entre la población, con precios módicos
y un amplísimo abanico de propuestas.
Ramón Mederos,
director del Centro Nacional del Libro y principal
organizador de la Feria, declaró a La Jiribilla
que “este esfuerzo descomunal que hemos realizado se
está viendo coronado no solo por una asistencia masiva
de público sino por la compra en cifras millonarias de
bolívares. La gente se da cuenta de que la lectura es
una necesidad vital, de que, como reza el lema de la
feria, el libro libera”.
Cuba correspondió al
honor conferido con un programa sustantivo de
presentaciones, comercialización y exhibición de libros.
Veintidós instituciones de la isla tributaron sus
producciones, que ocuparon un lugar prominente en el
Parque del Este, donde quedó instalado el Pabellón Cuba
y la sala José Martí.
Durante los dos
primeros días de FILVEN contribuyeron al pulso de la
Feria los Premios Nacionales de Literatura, Roberto
Fernández Retamar, Lisandro Otero, Antón Arrufat,
Reynaldo González, Pablo Armando Fernández, Nancy
Morejón y Jaime Sarusky. Por más tiempo permaneció en
Caracas Miguel Barnet, también Premio Nacional de
Literatura, quien celebró aquí el cuadragésimo
aniversario de su Biografía de un cimarrón.
Un contacto vivo con
escritores cubanos fue algo que agradeció el público
caraqueño. Desde Santiago de Cuba viajó a la capital
venezolana la poetisa y editora Teresa Melo, quien trajo
en su voz las convicciones raigales de su lírica
personal, y junto a ella los testimonios de la gira con
que escritores y trovadores jóvenes celebraron el
bicentenario de José María Heredia en el 2003, reunidos
en el tomo La estrella de Cuba, que contó aquí
con la edición cubana y una espléndida venezolana a
cargo de Monte Ávila.
Desde Ciego de Ávila
vino Vasily Mendoza, un joven y laureado narrador cuyos
libros, en el ámbito de su territorio, se agotan
rápidamente.
Bladimir Zamora,
Fidel Díaz Castro y Gerardo Alfonso combinaron trova y
poesía en veladas de mucho aliento y cálida acogida.
La ensayística
contemporánea de la isla estuvo representada por Luis
Suárez, investigador de las relaciones entre Estados
Unidos y América Latina; el historiador Raúl Rodríguez
La O, estudioso de nuestras gestas independentistas;
Luis Álvarez, conocedor de Martí, Guillén y las
expresiones literarias de nuestra identidad; y Carlos
Tablada, autor de una apasionante monografía sobre el
pensamiento económico del Che Guevara.
Hablando del Che, en
los momentos en que redacto estas líneas era muy
esperada la presencia de Harry Villegas, Pombo en la
guerrilla boliviana, portador, al igual que Ulises
Estrada, de testimonios sobre la dimensión épica y
humana del Che. Y sobresalía en la agenda final el
reclamo por la liberación de los cinco cubanos
luchadores antiterroristas injustamente encarcelados en
Estados Unidos.
Hubo, por demás, un
acercamiento a la literatura para niños y jóvenes en la
Isla, mediante la participación de la escritora Ana
María Valenzuela.
Particularmente
sensibles resultaron las presentaciones de los libros de
Zuleica Romay, La opinión pública cubana en el final
de la neocolonia, y de Luis Báez, El mérito es
estar vivo. En el primer caso, por abordar el tema
de las encuestas electorales, asunto álgido en la
Venezuela que se aboca a los comicios presidenciales. Y
en el segundo, debido a que el registro criminal de los
atentados contra Fidel Castro, urdidos por los
servicios especiales de los gobiernos norteamericanos,
se recortan sobre la sombra de la subversión que EE.UU.
estimula contra Venezuela y que incluye, como se ha
revelado, planes de asesinar a Hugo Chávez.
Cuba y Venezuela se han abrazado nuevamente en FILVEN
2006 a través de la creación y el pensamiento. Los vasos
comunicantes entre dos culturas hermanas se han
ensanchado y eso es lo que cuenta.
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