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Me
sobrecoge tanto fundamento del alma nacional reunido en
este patio que, a la vez que público, es, de cierto
modo, íntimo
¾estos
soles nuestros que son Cintio Vitier, Fina García-Marruz,
Adigio Benítez, César López, Raúl Luis, Marta Rojas,
Jorge Fornet (¡la lista sería larga...!)¾
y, también, la tanta luz de todos los amigos que hoy nos
honran con la calidez de su compañía, que mucho
agradezco; como al jurado, (Pablo Armando Fernández,
Alberto Acosta Pérez y Roberto Manzano) el hacer posible
que la Fundación Nicolás Guillén, la Editorial Letras
Cubanas del Instituto del Libro y el Centro Cultural
Dulce María Loynaz materializaran este proyecto que
parecía inviable
¾hubo
de adensarse durante cuatro décadas¾;
y que, ciertamente, gracias a esa conjunción favorable
de fuerzas, es hoy este libro. Pero también hay que
agradecer infinitamente a estas instituciones por haber
creado y sostener este certamen, este Premio de Poesía
Nicolás Guillén que moviliza anualmente, para bien de
todos, las fuerzas poéticas del país en su vigorosa
diversidad.
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Quiero resaltar el trabajo exquisito y dedicado, tanto
de Alfredo Montoto, diseñador gráfico; de Eliana Dávila,
editora del libro, así como el del ilustrador José Luis
Fariñas, mi hijo, a quien he dedicado Circunloquio.
(Discúlpenme
¾les
ruego¾
las incoherencias, porque estoy muy nerviosa.)
Hace casi medio siglo que se me escurre el tiempo sin
percatarme, mientras disfruto creando conjuntos de
palabras con determinada resolución sonora que me
permita la inclusión de rupturas de armonía, a fin de
sostener el sentido desde diversos ángulos sensoriales y
aun perceptuales utilizando, de modo muy libre, ciertos
patrones métricos cuando los siento necesarios al ritmo
y la sonoridad, así como a la forma y sustancia de la
idea; y, muchas veces hasta a las características
visuales y plásticas del conjunto de versos en cada
poema.
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Pretendo
¾e
ignoro si lo haya logrado o no¾
una experiencia poética que propone la percepción y
aprehensión, lo más vívida posible, de nuestro aquí y
ahora, sostenida por los temas y por la insistencia
en ciertos pronombres demostrativos de lo inmediato o
próximo (este, esta, estos), ciertos adverbios (hoy,
aquí, ahora) y, sobre todo, por la persistencia casi
impertinente en el uso del presente de indicativo, y, en
general, a través de la expresión tamizada por el goce
de mi propio asombro ante los horizontes de eventos del
entorno actual y a las paradojas que los imbrican en lo
humano como complejo fenómeno dinámico: nacimiento,
desarrollo y muerte de cuerpo y conciencia; y como
entidad actuante en la naturaleza y la sociedad que le
limitan, trágica y necesariamente el arbitrio.
Poco se comenta en
torno a que la decisión ante la disyuntiva entre acción
o inacción, y entre unas y otras acciones el centro del
Fausto (en Circunloquio, presento una paráfrasis
parodiada del prólogo en la tierra y del
epílogo en el limbo, aludiendo irónicamente a los
supuestos “prólogos” a la acción dramática que sitúa
Goethe “en el cielo” y “en el teatro”, y que aparecen en
el primer Fausto con fingido carácter de paratexto,
siendo realmente partes fundamentales de la propia
acción sui géneris del drama). La duda sobre la
acción es el centro de Hamlet que llega a identificar la
acción con la propia existencia. Y, en el Quijote,
recibimos el sistema de verbos como cuerpo ético loable
y aun lógico, en contrapunteo equívoco con la realidad,
hasta producir una intervención alienada de la acción:
es la nuez de la estructura sintáctica de la obra, con
profusión de verbos en todos los modos y tiempos, y
marca así la esencia de la narrativa que la organiza. En
síntesis: la dinámica entre la acción verbal del
pensamiento en la oralidad y su incidencia como una
peculiar forma de movimiento que interactúa con el mundo
en el que participa propiciando diversos matices de
movimiento. En resumen: la gestión transformadora (el
actuar) es el fundamento esencial de estas poéticas.
Circunloquio
se estructura en
torno a la idea como cierto tipo de acción, y al acto
como recipiente que derrama esa esencia del espíritu. La
duda y la incertidumbre, la indeterminación ante los
desvíos (en el sentido lucreciano: como diferencias
tentadoras que permitan saltos diacríticos... pero:
¡cuidado!, porque la espira nunca es inevitablemente
ascendente, y todo fenómeno tiene ilimitados puntos de
desvío hacia formaciones inesperadas. Es la
cuarta ley dialéctica que esbozó cierto revisionismo
francés de, relativamente, buena cepa.
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Pretendo que este libro se estructure como un espacio
abierto, pero ubicuo. Cada parte responde a uno de mis
universos inquisidores de lo humano. Cada cuaderno es un
espacio que sigue creciendo. Como poética,
Circunloquio no puede prescindir de ninguno de los
siete cuadernos que lo integran, porque la dialéctica
interna del todo los condiciona a fungir como sistema
poético y, desgraciada e inevitablemente (ya tiene casi
medio siglo de escritura), a esta altura de mis
versificar, hasta como retórica.
A
finales de la década del 60, una tarde en el Trocadero
que compartíamos con apenas un bloque de por medio,
Lezama abordó y me esclareció el tema de mi poética:
Tus poemas son raros: el lenguaje, saltarín, de ritmo
ligero y cambiante; (...) tu línea, lo
cósmico-filosófico
¾así
te definiría yo. (...) Son como interrogaciones
abiertas.
En
búsqueda ambiciosa para develar el misterio de la
naturaleza de la existencia, los físicos han concebido
hipótesis sobre una dinámica integradora de macromundo y
micromundo, explicando el origen de la masa a partir de
algo casi incorpóreo. (¿Un aliento, un mínimo sonido, un
salto abstruso?)
Martí confesó que el asunto de más sustancia poética
eran, para él, los misterios que desnudaba la ciencia:
la relación heurística del pensamiento con la naturaleza
tratando de desentrañarla.
Y
ahora, la poesía, la mística y la geometría como
dominante, se infiltran en la gestación de la nueva
física del siglo XXI, física que aún no consolida un
corpus suficiente, pero que ya flirtea con la
materia oscura y con un probable salto dimensional en
cierto punto crítico tras (o durante) la colisión de las
partículas en los aceleradores. Y hasta ya casi se logra
poder jugar con el protonio real, obtenido nada menos
que de la conjunción de una partícula de materia y otra
de antimateria de la misma condición elemental. (Esto se
creía imposible, pero podría suceder bajo condiciones
que se produzcan a velocidades próximas a la de la luz
(y en el futuro acaso aún mayores), en el nuevo súper
colisionador que acaba de ser construido en Europa
occidental por científicos de un conjunto de países
euroasiáticos. Lo sorprendente es que el experimento no
puede nunca ser fallido, porque con independencia de lo
que suceda, entregará piedras de fundamento para la
nueva física del tercer milenio que se asoma, todavía
tímida, a un vertiginoso juego progresivo y exponencial
de dimensiones que apunta al infinito, al que, al menos
en teoría purísima, ya casi arriba la matemática con la
elucidación reciente de algunos de los Problemas del
Milenio.
Yo
no soy más que un ser demasiado curioso que escudriña
misterios y se aventura en prenuncios que la poesía
facilita alentando inquietudes y expresándose sin
prejuicio ante lo acaso impensado.
Las más recientes
imágenes del cosmos, obtenidas por un telescopio cada
vez más potenciado (en una mínima cuadrícula estudiada
en pos de una aproximación a la topología, aún
imposible, del cosmos en sus concentraciones nebulares)
muestran algo muy similar a las abstracciones pictóricas
de Pollock a finales de la primera mitad del siglo
pasado: la imagen de un tejido similar al neuronal con
sus aparentes entramadas de dendritas. Los científicos
no asimilaron entonces esos cuadros como posibilidad.
Así que ya se ve que lo abstracto no lo es tal... sino
solamente en el ejido de los esquemáticos; porque sucede
que la poesía siempre se ha adelantado a la filosofía, y
la filosofía siempre ha estado a la zaga de la más
avanzada abstracción matemática.
Los fractales con su
juego de patrones reiterativos hasta que la acumulación
de cierta cantidad crítica del esquema produce un salto
a otra condición (la hoja al árbol que reproduce su
arquitectura inmediata esencial (ramificaciones), y en
cada punto diacrítico salta, de la entramada venosa de
la hoja a la trama del ramaje y de ahí al de la propia
estructura esencial de la planta. Estas maravillas aún
resguardan en el pleno misterio su verdad última, que
quién sabe si será como onda o como partícula: ¿la
historia del huevo y la gallina?
Yo pretendo hacer
arte, no ciencia
¾aunque
estos estancos ya van siendo obsoletos.
Soy diletante en
ambas aventuras, que integran lo puro sensorial
(¿existe?) y el intelecto (¿podría este acaso aislarse
de la percepción en sí misma, intracortical e
inconsciente?). Y confieso que siento un placer
inconmensurable en este juego de supuestos probables o
improbables (ya que acaso nunca imposibles) en esa
región donde percepción, intelecto y emoción se integran
así como la ciencia y el arte se unen junto a la
percepción de macromundo y micromundo
¾ya
escribió Joyce de los cuarks en Finnegan’s Wake,
y en un párrafo asombroso nos echa aún en el costal
incertidumbres y asomos de nuevas posibilidades
cuánticas cuando los “bautiza”.
Con algo del
romanticismo del siglo XVIII, mucho de la ironía del XX
y algo de la crueldad del XXI, puede el lector descubrir
cómo se articula lo manifiesto con asuntos no
manifestados en Circunloquio, y cómo el todo se
identifica con la parte y viceversa, aun cuando el poema
aluda metafóricamente a una construcción
místico-cuántica, porque naturaleza, pensamiento y
sociedad es un todo inalienable en su aquí y ahora.
Procuro, sin
subordinar la eufonía de cada verso (o la cacofonía
necesaria en ciertas ocasiones para provocar
extrañamiento a la manera de Brecht
¾como
también lo procuran los versos justificados a la
derecha, a la inversa de la retórica visual
característica de los textos poéticos, que construyen
espacios blancos que perfilan los versos como raíles o
estructuras palpables, en lugar de permitirle suavemente
al ojo rodar entre los versos al entrar la visión por la
derecha del espacio), que la utilización del presente de
indicativo sea frecuente, para dar primacía a la acción
del ser y al movimiento en lo supuestamente inanimado,
magnificando la dinámica de la energía, la acción y sus
desvíos, ¾sea
por causas naturales, divinas o humanas¾,
como matriz de todo.
La manifestación de
lo uno, perceptible por manifiesto, es igual, en
puridad, a lo infinito (para nosotros, no manifestado)
de un espacio que hace implosión ante nuestras narices y
que percibimos como estable, puesto que somos incapaces
de traspasar el himen dimensional que nos soporta y
reduce como extrañas redes de materia oscura y
singulares partículas, heraldos de un infinito ubicuo,
acaso súper simétrico e hiposimétrico a la vez y donde
las velocidades de la materia hecha luz define las
lindes de lo visible y lo abordable.
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Pero claro que no le
hace falta al poeta ser más o menos hábil despejando las
fórmulas inquietantes del posible salto a dimensiones
ignotas en las entrañas de los colisionadores, de la
energía transparente o de los huecos negros; como
tampoco necesita el lector atrapar el imposible y fatuo
grado cero de todas y cada una de las palabras para
adentrarse y disfrutar de una poética: basta dejarse
llevar por el aliento heurístico que insufla la
turbulencia provocada por las imágenes sonoras y
evocadas, porque en las cristalizaciones de la poesía,
como en los espacios más caóticos de la naturaleza, el
pensamiento o la sociedad: el sistema más estable es el
más turbulento.
Todo lo anterior
pudiera explicar el porqué no puedo evitar que mi poesía
esté siempre in fieri, siempre transformándose:
casi nunca un poema mío es algo definitivo: son cuerpos
vivos que van buscando su mejor perfil, o al menos:
perfiles diferentes, a través de los años. Y los siete
cuadernos que conforman este libro: siete vertientes de
la inquietud humana, son cuadernos abiertos que seguiré
engrosando en segundas y terceras partes, con los poemas
que de repente me asalten desde gavetas o armarios, o
desde tanto “álef” y “tau” que hay por todas partes.
En los laberínticos
espacios del espíritu, la sociedad y la naturaleza, la
acción y el arbitrio nos definen a favor y en contra del
desastre. Creo que un mundo mejor pudiera ser posible,
pero nuestro planeta, como habitáculo
¾y
acaso nuestro sistema, nuestra galaxia y nuestra zona
cósmica¾,
está en un punto de giro y hay que reinventar el
criterio de lo humano: inventar nuevas cosmovisiones,
una nueva ética de la diversidad en tanto relación no
alienada entre el conjunto y sus elementos (porque el
presente, en tanto acción, en tanto gesto o movimiento
propio y ajeno, es lo que nos define, nos construye y
desagrega).
La dinámica (las
leyes del movimiento entre las fuerzas que la producen)
entre ser y fenómeno es la clave de la existencia: la
acción es el eje de la salvación y de la catástrofe.
Como la acción es el gran tema de muchas poéticas, nada
innovo con ello. Los horizontes de eventos luego nos
definen. Yo pretendo escudriñar el ordenado caos no sin
algo de ironía, y tratar de expresar las grandes dudas
que me trazan certezas transitorias orbitando la fe, que
es lo que me sostiene: porque confío en el milagro de
las paradojas, en la eficacia de la incertidumbre, en el
poder de la virtud que incita a la acción con fundamento
en la misericordia, en las utopías que merman
descalabros, y en la gracia del caos, tanto como en las
sagradas permutaciones de los signos.
Ahora, si me lo
permiten, leeré dos poemas de este libro, que no es ni
mi obra completa ni una antología, sino siete cuadernos
cuyos poemas pretenden ser, como aquella tarde las
definió Lezama: interrogaciones abiertas.
CIRCUNLOQUIO
Omnia ab uno, ergo omnia ad uno.
J. G. A.
Empty Words.
JOHN CAGE
El cuerpo de un
ejemplar magnífico
palpita repartido en
cuencos rotos,
supurando absoluto
desde exilios discretos.
(Esta pizca de sal
para el café de monte,
enlaza pulsares, y las
cábalas bufan
la respiración de la
graveza
¾¿nadie
pudo escoger el batimiento
que de lo uno surge y
a lo uno retorna,
sin salvador que deba
ser salvado
por este absoluto con
intervalos de finitud?)
Vuelta de noria: la
luz quedó atrás, pánfila
¾todo
empieza y termina en todas partes¾;
la energía oscura
invierte su coágulo invisible
y dispone el concierto
del cometa y del cuark.
(Quizá no haya
suceso
ni difieran los
cuantos de los cuásares.)
Una elástica cinta de
Moebius
divide su avatar
mientras se multiplica
y este encauce del
ordenado caos
¾todo
desde el uno, luego todo al uno¾,
fuera o no fuese un
dios: bien podría serlo.
LA LEY
No hay cambio sin
catástrofe. |