Año V
La Habana

18 al 24 de NOVIEMBRE
de 2006

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Entrevista con Blanca Rosa Blanco
Entrando a la casa grande

Paquita Armas Fonseca La Habana


Con una sonrisa permanente en su rostro Blanca Rosa Blanco me recuerda a Enrique Santiesteban, actor del cine, el teatro y la televisión de Cuba. Aquel excelente artista siempre presentaba su rostro distendido y presto a una frase amable para quien se le acercara. En una sala del hospital Frank País, con un yeso puesto, un día le escuché decir a Enrique el porqué de esa actitud: “Ni usted ni nadie tiene la culpa de que me duela una muela, o una pierna, como me está viendo ahora. Espera mi sonrisa, mi ¡hola! optimista, mi alegría, porque para el público soy el personaje, el que recuerdan, y ese no les puede fallar para que amen al actor”.

No sé si Blanca opina lo mismo, lo cierto es que siempre la he visto sonreír y comunicarse con quienes la rodean. Es igual que hace en el plató o en el set.

Ganadora del premio Caricato en 2003, esta bella y sensual actriz ha dado vida a diversas mujeres, desde las malvadas más puras hasta las buenas casi castas, y en todos esos personajes ha conseguido convencer al público, sea en una sala de teatro, en la televisión o, por fin, en el cine. Ha representado desde una experta policía o una dulce y joven dama de compañía, hasta una madre llena de contradicciones con su propio hijo. Ha sido modelo y también presentadora de importantes encuentros artísticos o sociales.

Tu afición por actuar, ¿es una aptitud en solitario dentro de tu familia? ¿No hay ningún gen con esa vocación?

Si no es por mi madre, que descubre y apoya todo disparate posible desde los primeros años de vida, aún sin saber leer, y que me vincula y pone a prueba la vocación, nada hubiera sido suficiente, aunque la necesidad de actuar, la afición, no está vinculada directamente a ninguna razón familiar. La confianza de mi familia, aun cuando estaba muy lejos la posibilidad de ser “actriz” —defendida a ultranza con “la niña quiere ser actriz”—, me llenó cada espacio vacío de entonces y aún lo consigue: mi familia ha sido determinante.

En la etapa de la adolescencia, actuar se convirtió en una obsesión al punto de no querer otra cosa. Cuando era obligatorio ofrecer opciones en las listas para las carreras y las planillas y las ofertas y los compromisos sociales, me sobraron las líneas. Definitivamente quería ser sobre todo una estudiante de la escuela de arte, del Instituto Superior de Arte (ISA). Añoraba ese lugar, que descubrí antes de entrar y era —o es— un sitio de un encanto especial. Creo que a todos les ha pasado un poco eso en diferentes momentos. En fin, no hay genes…, pero sin mi familia no hubiera sido posible, tal vez lo lleven escondido y me lo legaron a mí.

¿Quién o quiénes te animaron a entrar al ISA?

No hubo que animarme… tal vez yo animaba a otros. Hacía teatro en la Casa de la Cultura —o al menos lo intentábamos—, también teatro infantil, obteníamos premios en los festivales de aficionados. El movimiento era fuerte y competíamos con ingenuidad, pero siempre hay alguien que te dice que existe un sitio que es fabuloso como en los cuentos, un camino que es largo pero existe, el lugar de los artistas, pintores, músicos, bailarines, donde te dirán todo y que no es un sueño. Y es verdad… aun cuando la cátedra de actuación, mi especialidad, se vio dañada por millones de razones, muchos queríamos estar ahí.

Me escapaba del preuniversitario de Playa donde estaba para sentarme en los bancos del ISA, y me quedaba días enteros allí mirando el mundo donde quería pertenecer, al silencio que me daría espacio para decir y que alguien se encargaría de ordenar mi cabeza de ilusiones. Algunos lo hicieron, otras ilusiones siguen ahí navegando. El ISA me brindó muchas dudas, canalizó deseos, me dio disciplina y sobre todo saber que era una carrera de todos los días, pero me quitó el sueño durante cinco años.

Te graduaste prácticamente con La Noche (1995), la pieza de Abilio Estévez, premio Tirso de Molina y que obtuvo varios galardones en los Festivales de Teatro de La Habana ¿Estabas lista para esa obra? ¿Qué piensas once años después? ¿La volverías a interpretar?

¿Han pasado 11 años?… Esto infiere una pausa larga, 11 años… La noche llegó como resultado justamente de la falta de profesores de actuación en el ISA. Había un cartel en la facultad llamando a casting para la obra, y por allí pasó medio instituto y más. Yo estaba dispuesta a todo, entonces (creo que ahora también, pero lo pienso mejor). Mi personaje tenía que desnudarse: era Eva, y así fue, entre la decisión de hacerlo, dejarme llevar, confiar en Abilio Estévez, Ariel Wood que entonces hacía parte de su tesis de dirección, y luego llegó Roberto Blanco que le dio el sello de la Compañía de Teatro Irrumpe. Me pidieron doblar tres personajes más. No me pregunté entonces si estaba preparada o no, solo me arriesgué; hoy haría otros personajes de esa obra que adoro, que tiene cosas que decir muy a tono con las que quiero decir yo y una generación entera.

Fue fabuloso, fue la primera vez que vi al público de pie minutos enteros. Experimenté un susto grande, la obra era un suceso en todos los sentidos y yo era parte de eso hace 11 años. Aún no he superado ese susto de La noche. Es mi suceso personal más importante, no solo por lo que fue como espectáculo, sino por todo lo que significó después, los actores que me dejó conocer, la gente que amé allí, los amigos en que creí, algunos que ya no están. Me dio la opción de tener en Roberto Blanco el maestro que me acogió y me dejó ser parte de Irrumpe. Desde entonces y hasta que falleció estuve en todas sus obras, siempre me las arreglé para alternar con la televisión, con mi embarazo.

Soy de la última generación que formó Roberto Blanco, que asumió el rol de maestro mientras yo hacía trabajos profesionales en el grupo y seguía estudiando en el ISA. Fue una temporada intensa, pero llena de satisfacciones. Lo peor pasó, él murió y desde entonces no he vuelto a poner los pies en el escenario. Estorino me ofreció participar de Parece Blanca hace un año, pero después de dos meses de ensayo muchas cosas impidieron que continuara. Yo quiero hacer teatro, comprometido con un discurso actual, contemporáneo, cubano, tal vez no lo saben, tampoco es que pretenda cambiar nada. A pesar de la crisis económica —que no es solo nuestra, el mundo entero está en crisis con las artes, el teatro, el cine…— creo que los proyectos teatrales nuestros están haciendo puestas en escena con un valor importante en la palabra y el actor, sobre todo de este último que es lo más importante en el escenario. Hay gente muy joven dejando ya sus huellas en las tablas cubanas, alguna vez se dirá de ellos que no han dejado de hacer a pesar de los tiempos, a pesar de lo efímero que suele ser el teatro. Creo en él definitivamente.

Has dicho que La construcción del personaje, de Stanislavsky, y los tratados de Brecht son, además de obras para la lectura, textos que te ayudan en tu profesión de actriz. ¿Por qué esos dos dramaturgos?

Hay lecturas obligadas, son para estudiar, no se trata de que viva pegada a los legados. Son material de consulta y que en su tiempo, cuando los descubrí, cumplieron primero la sensación de lo más extraño, nuevo y desconocido y cuando Vicente Revuelta (que me dio clases en el primer año del ISA y no lo terminó) lo explicaba, pues llegaba a casa con muchas contradicciones, leyendo mil veces de qué hablaba aquel hombre fabuloso que entonces yo no entendía y ahora un poco… Solo eran 18 años. Stanislavky era un mito y Brecht un desconocido. Había que esforzarse mucho o te quedabas en el camino, en segundo año. Por eso siempre hablo de los aportes del ISA, si querías obtener resultados había que estudiar, eso fue lo que intenté. Algunos se quedaron en el camino, pero eso siempre pasa.

Entre tus libros preferidos —según tu confesión— se encuentra Brando sobre Brando, ¿por admiración al actor de actores? Y en ese sentido, ¿qué paradigmas tienes en tu profesión?

Me gusta conocer la vida de los mitos, y en eso el libro Brando sobre Brando se ocupó de decirme todo y más de lo que imaginaba y también me dejó soñar, me llevó a pasear por el mundo de una época de lujo. Admiro profundamente la vida profesional de Brando, aún disparatada para otros, el misterio de sus silencios… sus pausas, y su obra toda. Adquirí el libro en Camagüey, en el primer Festival de Teatro al que fui. Caminaba con mi amigo Ariel por allí y por 40 pesos teníamos en las manos un súper texto, eso era un suceso; regresar a La Habana con el libro soñado.

No me he detenido en los paradigmas como definiciones, pero sí admiré mucho a Raquel Revuelta con la que jamás tuve ni un encuentro de casualidad y también a Verónica Lyn.

Has dicho: “Quiero envejecer con la dignidad de haber estado cerca del arte”. ¿Cómo sabes que estás cerca del ARTE?

El arte responde para comunicar emociones, esa es mi labor como artista en la medida de lo posible y es lo que intento; cada vez quiero estar cerca de él porque tengo muchas cosas que decir a través de las emociones, de mi propio discurso gestual, de los silencios y la palabra. Defiendo las vías para contribuir a ello y respeto las poéticas ajenas que lo hacen posible aún cuando no participe directamente… Sí me he sentido a veces tan cerca como otras lejos, como es la vida misma., de eso se trata un poco todo.

Pienso que por suerte para ti no te han encasillado en un papel determinado, ¿cómo lo has logrado?

Los personajes han llegado de manera orgánica cuando debían llegar, tal vez algunos más tarde que otros, pero ahí están por suerte diferentes y tormentosos. Ahora seguro vendrá una etapa de silencio y será mejor sobre todo para mí, no saturar y estudiar alguna propuesta que aún es propuesta para el año que viene. No sé cómo es eso de lograr una cosa o la otra cuando las oportunidades vienen con producciones temporales, así que si he logrado no encasillarme es solo cuestión de haber trabajado mucho y que el tino de los que eligen me ha ayudado mucho a defender eso de no hacer lo mismo, el tino de ellos y el mío. Claro que alguna cosa no he hecho por ser similar, entonces he dejado de trabajar por meses y así es esta profesión de complicada, solo depende de una misma si lo haces o lo dejas pasar, el cuidado de las elecciones de los personajes, que no siempre se pueden elegir. Por suerte siempre he hecho lo que he querido, ojalá la vida me siga dando oportunidad de elegir.

¿Por qué, según tus palabras, los actores “estamos muy solos con los personajes”?

Los actores estamos muy solos con todo, con los personajes, sobre todo entre nosotros mismos, algo que no ha hecho posible que logremos protegernos de nuestras propias contradicciones. Creo que además de estar solos con los personajes, un hecho que no se puede compartir, solo transmitir y debatir con el director, estamos muy solos. A solas con el fantasma de los personajes que llevamos… pero felices. La soledad de la que hablo es parte de un proceso personal que no es para discutir, es mi actitud ante la vida y lo que suelo ver a mi alrededor de estos 11 años casualmente. 

La Mirta de Páginas del diario de Mauricio te abrió las puertas del cine. ¿Qué esperas ahora de ese arte?

Mirta, y Páginas del diario de Mauricio me abrió las puertas, pero la casa es grande, el cine es un lujo y todos los que están haciendo por él hoy lo saben, viene una generación haciendo su camino y como yo, otros que deben dejar sus discursos. Me siento partícipe de ese nuevo empeño por hacer cine luego de la oportunidad de Manolo Pérez con quien me identifiqué siempre. Creo tendré otra oportunidad el año que viene, pero no tengo las noticias confirmadas, espero que sí y te las pueda contar.

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