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La oposición crece, Bush acosado
¿Nueva estrategia en Washington?

Lisandro Otero


No debe cabernos ninguna duda de que el nuevo Congreso estadounidense, dominado por los demócratas, se dispone a ejercer sus derechos constitucionales y orientar una nueva política en Washington. Hay numerosos signos de ello. De entrada el Comité parlamentario, conjunto de las Fuerzas Armadas, ha iniciado audiencias sobre la estrategia en Irak.

El general John Abizaid, comandante de las fuerzas en el Oriente Medio, declaró que no cree que sean necesarias nuevas tropas sino intensificar el entrenamiento de los propios iraquíes para que asuman su control del país. Esto ya se ha demostrado que tampoco funciona pues el pueblo no cree en los testaferros yanquis, en un gobierno de marionetas sin criterio propio, que acata sumiso cuanto le dictan los ocupantes. Tampoco ha sido efectiva la organización de fuerzas nativas que son atacadas sistemáticamente por los insurgentes y por ello el reclutamiento de nuevos esbirros decrece por días.

El senador John McCain, uno de los aspirantes republicanos a sustituir a la actual ala de halcones, clama por el incremento de tropas, a lo cual se opone la senadora Hillary Clinton afirmando que el gobierno títere no se ha ganado la confianza de la población y ese es su primer deber. Mientras tanto, la Casa Blanca ha constituido un Grupo de Estudios sobre Irak, dirigido por James Baker, ex Secretario de Estado en el gobierno de Papá Bush, uno de los manipuladores del fraude de la Florida que le dio el espurio triunfo a W. Bush.

Los demócratas claman por un retiro escalonado de tropas en los próximos cuatro a seis meses. El general Michael Maples, director de la Agencia de Inteligencia del Pentágono, declaró en el comité congresional que la resistencia iraquí no ha disminuido. Por el contrario, en enero de este año se produjeron 70 ataques diarios de los combatientes contra la ocupación y en septiembre ya se habían incrementado a 180 cada día. Estos combates se han hecho “más complejos, intensos, letales y de mayor alcance”, según las palabras del general. Lo cual demuestra que las luchas de liberación nacional cobran nuevas energías y los esfuerzos represivos demuestran su inutilidad.

El general Michael Hayden, director de la CIA, informó a los congresistas que la estación de su agencia en Bagdad reveló que la situación se deteriora progresivamente y es más caótica, la envergadura de los combates crece,  son cada vez mas concentrados y se agrupan sobre objetivos más concretos.

El senador Evan Boyh declaró que el pueblo estadounidense  expresó claramente su desconfianza en el actual gobierno y que el actual gobierno fantoche de Irak no es eficaz en sus tareas. De todo ello se desprende que tanto el Grupo de la Casa Blanca como el Comité del Congreso deberán hacer sugerencias al final de sus deliberaciones y probablemente estas no serán gratas a los oídos de los petroleros agresivos que han ocupado la Casa Blanca.

Mientras tanto, Bush inicia una gira por ocho países asiáticos donde tratará de animar un Tratado de Libre Comercio de veintidós naciones de la cuenca del Pacífico, convertido en un gran lago americano desde la II Guerra Mundial y la derrota de Japón. Pero la bomba atómica norcoreana ha erosionado las bases de sustentación de la ascendencia  yanqui en la región, mientras la influencia y el prestigio de China crecen rápidamente. Es un viaje para realizar lo que los gringos llaman damage control, o sea control de perjuicios.

No partió Bush sin antes recibir a Ehud Olmert, quien fue a Washington a repetir sus amenazas contra Irán y dar a entender que los satélites israelitas están prontos a lanzarse sobre otro país del Oriente Medio. Esta vez no será tan fácil. Si EE.UU. no ha logrado controlar Irak con 150 mil soldados allí, mucho menos podría atender dos fuegos a la vez en una guerra contra un Irán insurrecto y dispuesto   a rechazar al invasor. Quizás Olmert sueña con un ataque de cohetería yanqui con bombas atómicas israelitas, pero Irán tiene los medios para un rechazo adecuado a esa agresión. Y la opinión pública norteamericana que se ha expresado tan nítidamente en las urnas no toleraría otra aventura más de los halcones. Tendrán que pensarlo cuidadosamente.

Otro cambio de política en perspectiva en el nuevo Congreso es la relación con Cuba. Un nuevo golpe acaba de sufrir con el dictamen de la Oficina Fiscalizadora del gobierno que descubrió que los millones destinados a la llamada disidencia cubana están siendo empleados en bombones de chocolate, carne de cangrejo enlatada, suéteres de cachemira (costosísimos, para enviarlos supuestamente a un país donde casi nunca hay frío), bicicletas de montaña (a un país que se caracteriza por sus vastas llanuras), sierras eléctricas para cortar árboles, juegos de internet... Todo o cual demuestra lo que siempre se ha sospechado, que esos fondos sirven para hacer grata la vida a los cubanos de Miami, muchos de los cuales se han enriquecido con el desvío de fondos a su peculio privado. Esto necesariamente provocará, ya lo han anunciado, una investigación congresional el año próximo.

El senador William Delahut y el representante Jeff Flake ya han anunciado su preocupación por esta política contra Cuba que se mantiene desde hace cuatro décadas sin resultados. Es probable que se modifique la ley Helms-Burton o al menos se levanten las restricciones de los viajes familiares y los intercambios científicos y académicos. Es obvio que habrá que restringir el poder del exilio de línea dura, constructor de los triunfos republicanos en la Florida, que ha sido mimado por Bush. 

De una u otra forma el año próximo se anuncia promisorio de cambios en unos EE.UU. que han tomado la decisión de retirarle su confianza al gobierno de los bárbaros impíos que desean convertir  a su país en un estado gendarme para colonizar el planeta en su beneficio.
 

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