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José
Villa Soberón, reconocido escultor
cubano y presidente de la Asociación de
Artes Plásticas de la UNEAC, fue uno de
los gestores del proyecto artístico
Cinco Palmas, escultura mural que reunió
una treintena de artistas y que
actualmente se levanta frente al Museo
Nacional de Arte Universal. Sobre el
nacimiento y desarrollo de esta obra
original explica:
¿Cómo surgió la propuesta del proyecto?
Hace
tan solo unos meses, el Ministro de
Cultura, Abel Prieto convocó a un grupo
de artistas que habían sido invitados
por la Fundación Guayasamín en 2003 a
los actos de la inauguración de la
Capilla del Hombre, así como a
especialistas del Museo Nacional de
Bellas Artes y del Consejo Nacional de
las Artes Plásticas para definir nuestra
participación en el evento que,
organizado por la Fundación en homenaje
a los 80 años de Fidel Castro, se está
celebrando en estos días.
En el
encuentro con Abel, solo teníamos clara
la intención del proyecto: cómo un grupo
de artistas plásticos podíamos
homenajear a Fidel. Las ideas y las
propuestas que surgieron eran tan
variadas como abundantes, y si bien toda
creación es difícil, con la
participación de tantos autores, el reto
era más complejo y más aún cuando todos
queríamos evitar las soluciones
tradicionales de este tipo de
intervención.
Hubo
tres acuerdos básicos: que el proyecto
tendría una escala urbana, que
intervendrían todos los artistas
convocados y que se utilizaría un
elemento simbólico como soporte de esta
creación colectiva.
¿Cómo ocurrió la selección y
convocatoria de los artistas?
La
selección de los artistas coincidió con
los invitados en aquella ocasión por la
Fundación Guayasamín. Se sumaron solo
dos premios nacionales que no estuvieron
en ese viaje: Manuel Mendive y Adigio
Benítez.
¿Cuál fue su intervención personal en
esta creación?
El
arquitecto José Choy y yo diseñamos los
objetos que sirvieran de soporte, en
este caso las Palmas, para que los 30
pintores trabajaran.
¿Cuál es el valor artístico y simbólico
de esta escultura mural?
Optamos
por utilizar la palma, símbolo nacional
de Cuba y que a su vez nos permitía
hacer referencia al hecho histórico que
marca el reinicio de la lucha
revolucionaria en la Sierra Maestra: el
reencuentro de los expedicionarios del
yate Granma, que logran agruparse bajo
la dirección de Fidel y de Raúl en el
sitio conocido como Cinco Palmas en la
propia Sierra Maestra.
En
este conjunto, que hemos denominado
escultura mural, 30 destacados pintores,
en representación de todo el movimiento
plástico cubano, por primera vez
trabajaron sobre un elemento
escultórico, otro valor de esta
propuesta que por su lenguaje,
dimensiones y escala urbana cumplió con
la voluntad de los creadores de
comunicarse con un público mayor. Se
contó para ello con el apoyo y
colaboración del Consejo de Estado, los
Astilleros Chullima, la Oficina del
Historiador de la Ciudad de La Habana,
el Museo de Bellas Artes, el Ministerio
de Cultura, entre otros.
Con
esta obra pretendemos ofrecer un sentido
homenaje a nuestro Comandante en Jefe,
creador de un sueño que ha permitido que
todo el talento artístico encuentre su
oportunidad en nuestro país, sin
importar su procedencia social, ni su
lugar de origen, ni su raza ni su sexo.
A
Fidel, que ha promovido e impulsado la
existencia de un sistema de escuelas de
arte en todo el territorio nacional, una
amplia red de instituciones culturales y
un movimiento de instructores de arte
que garantizan de manera sistemática y
creciente el desarrollo y la promoción
del arte cubano, así como que la cultura
y sus artistas tengan hoy un
reconocimiento no alcanzado nunca antes.
Sirva
esta obra como símbolo de la unidad y
encuentro de los artistas plásticos con
su Revolución y su principal creador. |