Aida
Bahr es la ganadora del Premio Alejo
Carpentier de cuento 2007 con su libro
Ofelias. Su producción literaria
ha sido ampliamente valorada por la
crítica nacional, la cual no solo ha
catalogado en muchas ocasiones su
escritura como solidísima, sino también
la ha incluido en todos los estudios y
antologías de narrativa cubana en los
80. Desde Santiago de Cuba, donde ha
anclado sus raíces, y sin el menor temor
o complejo por ser lo que comúnmente en
Cuba se llama una escritora de
provincia, Aida ha publicado
las
colecciones de cuentos Hay un gato en
la ventana, en 1984; Ellas de
noche, en 1989 y Espejismos,
en 1998.
En
los últimos tiempos se ha habla de un
aumento de la narrativa cubana escrita
por mujeres dentro y fuera de la Isla,
¿existe en verdad esta explosión de
literatura femenina o se trata más bien
de un “descubrimiento” de una escritura
que ha estado presente pero olvidada por
largo tiempo?
No
podría decirlo con mucha certeza. Cuando
investigué sobre el cuento en Santiago
de Cuba entre 1902 y 1958 encontré
cuentos de 15 mujeres publicados en
revistas y periódicos, algunos de ellos
atendibles. En mi opinión de alguna
forma la falta de reconocimiento de la
sociedad a la narrativa femenina
contribuyó a que las mujeres se
mantuvieran inclinadas hacia la poesía y
la literatura para niños, géneros
considerados “aceptables” para ellas, y
poco a poco ese panorama ha ido
cambiando. Cuando comencé en los
talleres solía ser la única mujer que
escribía cuentos para adultos, bien
fuera en las sesiones normales o en los
encuentros a distintos niveles, de modo
que en cierta manera se puede hablar de
una “eclosión” al referirse al cultivo
de la narrativa por las mujeres en la
actualidad, pero a la vez es innegable
que esta pudiera haberse producido mucho
antes de haber contado con el estímulo y
la aceptación necesarios.
La
academia universitaria es un espacio
recurrente en su escritura, ¿por qué le
interesan tanto las relaciones que en
este ámbito se establecen?
No me
interesan en particular más que las que
se producen en cualquier otro ámbito
laboral. Ocurre que conozco el medio
porque cursé estudios universitarios y
porque en toda mi vida laboral he
mantenido relaciones con el medio
académico, además de trabajar
ocasionalmente en él. Me gustaría poder
presentar a mis personajes en una gama
mayor de entornos, pero no me siento
cómoda escribiendo de lo que no conozco.
Siempre admiré en Jorge Luis Hernández
su voluntad de hacerse ingeniero en
Telecomunicaciones para poder dominar el
mundo de la técnica y mostrarlo en sus
obras. Otros escritores han desempeñado
distintos oficios por circunstancias
diversas. En mi caso me veo limitada
dentro de la esfera profesional, aunque
en mi obra utilizo preferencialmente el
universo familiar y el hogar como
espacio, lo cual me interesa mucho más
porque creo que en la familia se dan las
mismas relaciones de poder, convivencia,
dependencia, etcétera, que se reproducen
luego a escala social.
En
su escritura, el cuento tiene una fuerza
particular, ¿qué características
particulares tiene este género para
distinguirlo de ese modo?
Nunca
me propongo escribir algo en un género
determinado. Escribo historias, si son
breves son cuentos, a veces cuentos muy
breves, a veces más largos. Cuando la
historia resulta muy compleja para
resolverse en pocas cuartillas, entonces
se convierte en una novela, pero eso no
constituye un propósito inicial. Tengo
una tendencia muy fuerte hacia la
síntesis, eso puede haberme mantenido
dentro de los límites del cuento durante
muchos años, pero ya había escrito
novelas fallidas como también he escrito
muchos cuentos fallidos (solo espero
seguir escribiéndolos, o más bien,
espero seguir con la capacidad de
detectarlos y quemarlos antes de que
sean conocidos por otros).
Su
narrativa se refiere a temas actuales, y
su lenguaje literario imita muchas veces
al hablar cotidiano, lo cual implica el
riesgo del envejecimiento de la
literatura con el tiempo, ¿no es usted
de los escritores que apuestan ante todo
por la trascendencia?
La
aspiración de todo escritor es
trascender; pero no creo que su
obtención dependa de utilizar un
lenguaje erudito, y no quiero decir
"elaborado", porque cuando se hace
literatura siempre se elabora el
discurso, por más que refleje el habla
cotidiana, siempre hay una estilización,
o al menos eso es lo que el escritor se
propone aunque no siempre lo consiga. El
mérito de muchos autores clásicos de la
literatura universal ha radicado
precisamente en dotar a sus obras de una
gran naturalidad, a partir del
acercamiento al habla coloquial de su
época.
¿Qué significa haber obtenido el premio
Alejo Carpentier de cuento dentro de su
carrera como escritora?
El Premio Alejo Carpentier fue para mí
una satisfacción doble por cuanto no lo
esperaba realmente. Ya me había
acostumbrado a no ganar en ningún
concurso (este es mi primer premio). Lo
disfruto más porque lleva el nombre de
uno de mis escritores favoritos, y por
haberlo ganado en cuento, pues esa es la
parte de su obra que más me gusta, junto
con El reino de este mundo y
El arpa y la sombra. Al mismo tiempo
ganar un premio establece un terrible
compromiso, aunque no significa que se
haya alcanzado cumbre alguna, sino que
la obra enviada fue la que más le gustó
a ese jurado. Pero el premio te señala,
crea una expectativa en torno a tus
obras futuras, y eso constituye una
responsabilidad. |