Año V
La Habana

13 - 19 de ENERO
de 2007

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ENTREVISTA CON RICARDO ALBERTO PÉREZ

Cuba es mi poesía

Danny González Lucena • La Habana
Fotos: La Jiribilla
Cuenta Ricardo Alberto Pérez que vivió alrededor de nueve años en la ciudad antes de irse completamente al interior de La Habana, oportunidad esta para pensar con tranquilidad en los más elementales sucesos que hacen del campo un espejo más real del verdadero pensamiento humano. Aunque varios acontecimientos tuvieron un gran impacto en su redacción literaria, “Richard” ha intentado describir momentos inquebrantables de la vida cubana, a través de la metáfora y la impronta legada del portentoso folclore latinoamericano. Ese trabajo le mereció el Premio Nicolás Guillén de este año, por su libro Oral-B, como reconocimiento a un marcado interés por plasmar en la letra impresa cómo somos realmente los cubanos.
 

Ricardo Alberto al recibir el Premio Nosside Caribe del 2005

 “Mi poesía se origina a partir de dos líneas muy importantes: la primera aborda la realidad misma. Aquí mantengo puntos de contacto con Virgilio Piñera, sobre todo en lo referente a las situaciones absurdas.

“En mi caso, influyó mucho el período especial, desde principios de la década de los ‘90, que nos obligó a tomar alternativas. Por esa época, uno visitaba a un amigo y podía encontrarse de pronto un cerdo en el baño de su casa; los cubanos sabemos que fue así. Los escritores entonces teníamos la necesidad de expresar la realidad a través de estas percepciones, y ese es el tipo de absurdo que me ha gustado desarrollar hasta los días presentes.

La segunda línea de mi poesía se inclina por las influencias del lenguaje, legado directo de literatura latinoamericana. Me viene ahora a la cabeza las repetidas lecturas que Severo Sarduy hacía de Lezama sobre la comprensión del término neobarroco, como la búsqueda quizá de un espacio americano. Por eso Cuba siempre está en mi poesía, como un código necesario para llenar ese espacio latinoamericano”.

¿Cómo influye el pueblo de Jaruco en su creación literaria?

A Jaruco no lo menciono casi nunca en mis poemas, pero sí hago énfasis en el origen agrario de mi familia. Me encanta explotar ese tema, porque es una vertiente muy importante de nuestra literatura que se ha perdido, y cuyas raíces se asientan en los escritores argentinos del siglo XIX como Echevarría y su “Matadero”, y también en todos aquellos que abordaron en sus novelas el personaje del gaucho. En la literatura cubana no se le hace demasiado énfasis a la figura del campesino.

Me he propuesto por ello mostrar las formas de vida del campo desconocidas para la urbe, como una cuestión más bien de identidad. No es igual el sonido ambiente, ni se escoge de la misma manera el arroz; hay más intimidad, los guajiros tienen un modo distinto de ver las cosas a como la perciben los citadinos.

Ricardo Alberto Pérez obtuvo el Premio de la Crítica en 1994 por su poema “Geanot (el otro ruido de la noche)” y en 2003 el Premio de Poesía de La Gaceta de Cuba; también ha formado parte del jurado del Premio David. Autor de títulos como Nietzche dibuja a Cósima Wagner (1995), Turín sin pájaro sin reloj (2000) y Trillos urbanos (2003). La obra que le mereciera el premio Nicolás Guillén, Oral-B, descubre una gran madurez en la escritura del autor...

En mi obra ha habido evolución, evidenciada directamente en la inserción del aspecto humorístico. Respeto mucho el uso de ese recurso y he comenzado a introducir elementos sutiles relacionados a lo agrario, sobre la fragilidad ante la perfección de la naturaleza, donde lo campestre es un elemento más que se hilvana en el eje central de mis poemas. No hablo solamente del campo en mi poesía, también están presentes en ella grandes ciudades como Sao Paulo, en Brasil, donde viví un tiempo; y por supuesto, nuestra queridísima Habana.

Esta evolución intenta subvertir el dolor, la oscuridad de aquel poema llamado Geanot que escribí hace varios años.

¿Ha desarrollado otros proyectos por esta línea de trabajo?

Próximamente publicaré dos libros. En el primero, titulado ¿Para qué el cine? doy por perdida la batalla del poema y tomo el libro como espacio, en una especie de pequeños fotogramas de temas muy variados; cada poema es independiente y a la misma vez conforma un todo junto a los otros. En este cambio de mi poética soy dueño del destino de cada uno de los textos, y hago lo que quiero hacer con el lenguaje, hay una madurez; son muchas voces que intentan ser tú, pero no eres todo lo que tú quieres ser. En el segundo libro, Producción de cerumen, me refiero a aquello que se expulsa en la vida cotidiana, a muchos hechos que caben dentro de una misma metáfora.

¿Premio para su carrera o para su vida personal?

¿El Guillén? No me he creído el premio, aunque haya llegado a un lugar tan alto, no me lo puedo creer; al final, de nada vale abusar de la confianza en uno mismo. En esta ocasión me gustó mucho el jurado; el premio fue al libro, no al poeta.

El lauro me ha dado la posibilidad de renovar las fuerzas, así he convocado a algunos amigos para llevar al teatro el texto de “Geanot”.

También escribo actualmente dos libros de ensayo, pues me interesa la crítica. Uno de ellos discurre el tema de la escritura y la resistencia en Cuba.

¿Cómo se ha propuesto atrapar al público lector durante todos estos años?

La poesía nos inventa, es búsqueda; sin embargo, no soy seguidor de las vanguardias. Se trata de buscar la libertad a través de un poema; los escritores cubanos deben reconocer que siempre hay temas para escribir.

Se ha hecho común complejizar la poesía, lo cual no estaría mal si el autor convirtiera al objeto resistente, una metáfora, una expresión; en no resistente, haciendo creíble la situación planteada en el texto, por eso, siempre escribo para que alguien me lea, no para mí; para uno mismo queda el placer de gustar.

Cuba es mi poesía, y la mayor satisfacción está en plasmar no un solo mundo en nuestro espacio, sino varios, y el país donde vivimos, colmado está de oportunidades para descubrirlos.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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