Año V
La Habana

13 - 19 de ENERO
de 2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Valle Seco
Stefania Mosca • Caracas

UNO 

Es todo tan contradictorio en Chororní. Salir de Puerto Colombia a Valle Seco, es salir de una playita que hay junto al malecón, es un puerto sin muelles. Lanchas de fiber glass, bien puestas con sendos motores Yamaha, se pelean el primer lugar sobre la arena. Ofrecen varios destinos, hacia las vecinas bahías que libera la poderosa montaña sobre el mar. 

Algo diverso y elemental se niega a morir en Puerto Colombia. La memoria de una identidad escudada de hondo silencio  y piel, sobrevive, intacta, envuelta en alcohol y zapatos Niké.

La naturaleza, su fuerza, y lo que es más aún, su tiempo, se imponen a las ansias y los artilugios que trae el foráneo, en avalanchas, a veces depredadoras. 

–Yo estoy bien. Me fui con cien mil bolívares limpios anoche y la doña de ahora me baja del pueblo unas naranjas bien dulcitas y no tengo problema con la venta. 

En una camioneta Willy, hecha taller de pintor, se exhibían, muy a la intemperie, unas valiosas telas que combinaban la técnica y la materia, en sugerente estética.  

Zarpamos hacia Valle Seco. Esta costa es de un oleaje fuerte, pero siempre alguna barrera de coral nos dispensa el favor del mar sin corriente apto para nuestros tímidos chapuzones.


DOS 

Nos acercamos a la naturaleza como si no fuera cierto. A través del Sunday Australian Block y mi peine blanco de dientes largos, y el protector para los hombros y la nariz y yo no sé cuántas más vainas, con las que viene la imagen de la naturaleza.  

Entramos bajo la sombra amable del techo de palma seca del rancho, única edificación de la bahía.

Una barra de madera encubierta por la arena y el salitre nos pareció el lugar perfecto. Nos sentamos. El mar se hizo una fotografía al frente enmarcado en la fabulosa Henry Pittier. 

La música era parte del servicio del pequeño rancho que abre sus puertas en Valle Seco para los bañistas de ocasión.

Mi amigo, Luis Alberto Zurita, Pecos: una de las pocas personas que se preocupa por escuchar a los demás, es especialista en música caribeña. Mientras él nos ilustraba, el disk jockey oculto en la sombra de la parte de adentro del rancho, ponía la pieza referida. 

-Llévatela, si al fin y al cabo piensa solo en ti.…. 

Belkis casi no se siente en la cocina.  Su franela roja, como las que le repugnan al Rector Gianetto, es de la Misión Rivas. Es cierto, tiene un ojo extraviado, pero es inteligente y despierta.  Morena y bien puesta. Nos ha preparado una rica ensalada,  unos tostones como deben ser y el mejor pescado frito que recuerde. 

Belkis es de Chuao.  No salió a convencernos de nada.  Ella tiene trabajo, estudios y dinero para celebrar. Pero uno dice dinero y es una entelequia.  Puede hacerlo.   Está feliz estas navidades.  Celebra la victoria como quien celebra haber recuperado el derecho a tener mañana, destino, futuro. 

–Yo soy de la brigada que recoge la basura en Chuao. Sí, llevo cinco años trabajando en eso.  Y no me quejo.  Lo hago voluntariamente.   

“Trabajo voluntario” eso es casi como oír una blasfemia en el mundo capitalista.  Se trabaja por dinero y es bastante. No se trabaja por los demás, ni por un colectivo o comunidad, no se cuida.  Belkis como mujer sabe de ese hacer hacia los otros que ayuda a alegrar la vida. 

Belkis empezó a recoger los platos y terminó por sacarnos una foto con su celular. 

–Me quiero quedar con una foto de la felicidad de ustedes. 

Para conjurar la modorra pedimos algo fuerte de tomar. 

–¿Algo como qué?

–Ron

–Ron no tenemos. Tenemos whisky, pero de 18 años.La carcajada fue general.

Belkis aclaró que ella nos brindaba.  Seco y con hielo.
 
–¡Cosa tan grande!.
 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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