Año V
La Habana
2007

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

La guagua vacía
Amado del Pino • La Habana

Hace poco escribí una crónica sobre la importancia de las listas de espera y los ómnibus repletos en mi educación sentimental. Ahora acabo de bajarme de un autobús ―como dicen  en España, por donde  ando en las últimas semanas―  en el que Tania y yo fuimos los únicos pasajeros durante casi todo el trayecto. El chofer nos recuerda que hace unos buenos treinta años asume este recorrido precioso por la ribera montañosa del Júcar. Se trata de una de las pocas zonas elevadas de Castilla La Mancha y los pequeños pueblos parecen empotrados en la roca milenaria.

Nos explica el conductor ―y lo vamos viendo a lo largo de la ruta―  que muchas familias han abandonado la clásica huerta para buscar mejores opciones de empleo y vida en las ciudades. La fiebre de construcciones que se palpa por estos días debe influir en este asunto. Las últimas dos pasajeras que descienden del puntual vehículo ―y nos proclaman como únicos clientes hasta llegar a nuestro destino en Alcalá del Júcar― son una madre y una hija. La señora viene conversando sobre lo cara que está la vida en la ciudad y de cómo prefirió, unos años atrás, regresar a la aldea en busca de tranquilidad. Acepta que sus hijos no están dispuestos a correr la misma suerte de quietud y silencio.

El abandono del campo por la ciudad es un fenómeno mundial en las últimas décadas.  En mis más recientes visitas al Tamarindo de mi alma, me entristecen  los espacios vacíos, amarillentos y precursores de la maleza, que dejan las casas que poblaron de imágenes y nombres la infancia. Aquí en Europa los que se quedan viven en casas similares a las de la ciudad y casi todos se transportan en automóviles modernos y silenciosos, que suelen pagar a plazos, como la casa y otros bienes tan agradables, pero que pueden generar tensión por la suma de las deudas con el banco.  En la pequeña comunidad de Casas del Cerro las calles están casi siempre vacías y cuando alguien saluda, la voz y el andar suelen dejar claro que la persona pasa de los 60. Los fines de semana son más animados y se multiplica la cantidad de carros (aquí uno aprende a llamarles coches) que manejan los hijos recién llegados desde las urbes a pasar el domingo con los padres. Ojalá y lo sigan haciendo, para que los que ahora son nietos tengan una idea de los surcos y las piedras que estuvieron en el origen del país y la familia.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600