Año V
La Habana
2007

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Josefina Ortega • La Habana

Antonio Meucci


Tal vez sea Guisseppe Garibaldi el italiano más reverenciado en Cuba. Puede que Antonio Meucci sea el meridional que más simpatía despierte entre nosotros, por la tristeza llevada a cuestas largos años, ante la falacia yanki que le arrebató el mérito de haber inventado el teléfono. Presente entre viejos guerrilleros está Gino Donné Paró —vivo aún, y rebosante de amor por Cuba—, un expedicionario del yate Granma.

Guisseppe Garibaldi

Es en cambio el joven Fabio di Celmo el italiano más recordado y honrado en estos días, por el impacto que ha tenido entre los cubanos su muerte absurda, víctima de la ferocidad del largo brazo del terrorismo, que no distingue inocentes de partidarios batalladores. Muchos recuerdan también a Giovanni Ardizzone, joven asesinado en los años 60 por la policía italiana, en una manifestación de apoyo a la Revolución. Entonces el poeta cubano Ángel Augier escribiría: “Allí, cerca del Duomo/ en una flor de sangre/ se disolvieron de repente/ tus generosos 21 años”. Desde hace ocho una brigada que lleva el nombre del joven y compuesta por italianos amigos de Cuba visita anualmente la Isla.

Fabio di Celmo

Todos tuvieron en común una relación peculiar con Cuba. Garibaldi —patriota con mayúsculas donde quiera que los haya— se vio de buena gana captado por las luchas independentistas cubanas. Todavía hoy se discurre sobre una visita secreta a La Habana, alrededor de 1850. Y Meucci vivió en la capital cubana durante 15 años, vinculado a las artes escénicas. Di Celmo estaba en Cuba con su padre, por razones turísticas y de negocios, pero todos sabían que le fascinaba esta Isla. Ardizone, lejos, en momentos en que la solidaridad era un ave rara, salió a la calle a gritar “¡Basta! ¡Fuera las manos de Cuba!”

Sin embargo, no fueron los únicos italianos que hicieron causa cubana, por razones diversas.

Giovanni-Ardizzone

Guiseppe Manzini, fundador de la Joven Italia, escribió contra la hipocresía norteamericana que se negaba a reconocer la beligerancia mambisa. Otro Giovanni, teniente de apellido Placosio, junto a varios húngaros y alemanes, integró una agrupación conocida como Regimiento de Patriotas Cubanos, y con ella desembarcó bajo las órdenes de Narciso López. Y en tierra cubana murió, sin precisarse si fusilado o asesinado, luego de caer prisionero de los españoles.

Homenajes a Giovanni-Ardizzone

En la lista de italianos que se entregaron a la lucha por Cuba hay unos cuantos nombres: aparece el alférez Ugo Gerardo Ricci, quien bajo las órdenes de Maceo y también con grados de teniente, fue famoso en las batallas de Peralejo, Mal tiempo y en la odisea de la Invasión de Oriente hasta Occidente; se inscribe Natalio Argenta, de 34 años, de quien se cuenta tenía un físico tan descomunal, que era capaz de desmontar él solo un cañón del aparejo del mulo que transportaba el arma; se suma también el siciliano Achille Avilés, muerto en la toma de Las Tunas; junto a ellos navega en el tiempo el ingeniero Francesco Pagliuchi, nativo de la ciudad de Pisa, quien había sido capitán de la armada argentina y condujo un barco con una expedición hacia las costas cubanas, y luego otro, y muchos más, y decía en broma que si tenía que morir ahogado lo haría vestido de modo tal que al ver su cadáver todos dirían “este debió haber sido un caballero”.

De otros muchos apellidos meridionales está abundante la historia revolucionaria cubana: los Fontana, los Petriccione, los Montessori; los Lanci —dicen que soportó con gran estoicismo las penurias de la manigua—, el polémico Ferrara —quien llamaba al generalísimo Máximo Gómez “El mago de la guerra”—, y que dejaría con el tiempo malos recuerdos en la historia cubana, a diferencia del doctor Francesco Falco, eminente y capaz, fiel y batallador.

Dicen que el funesto Capitán General español Valeriano Weyler advirtió: “Los italianos que van a Cuba deben ser muy vigilados porque suelen ser desarrapados garibaldinos o crispinos, y con los santi di barri, boniti e barati (1), como se dice, propagan malas doctrinas”.

Sin comentarios.

(1) Weyler se burla aquí del idioma italiano e imitando la pronunciación de la lengua azurra habla de santos de barrios, bonitos y baratos…
 

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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