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Tal
vez sea Guisseppe Garibaldi el italiano
más reverenciado en Cuba. Puede que
Antonio Meucci sea el meridional que más
simpatía despierte entre nosotros, por
la tristeza llevada a cuestas largos
años, ante la falacia yanki que le
arrebató el mérito de haber inventado el
teléfono. Presente entre viejos
guerrilleros está Gino Donné Paró —vivo
aún, y rebosante de amor por Cuba—, un
expedicionario del yate Granma.
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Guisseppe Garibaldi |
Es en
cambio el joven Fabio di Celmo el
italiano más recordado y honrado en
estos días, por el impacto que ha tenido
entre los cubanos su muerte absurda,
víctima de la ferocidad del largo brazo
del terrorismo, que no distingue
inocentes de partidarios batalladores.
Muchos recuerdan también a Giovanni
Ardizzone, joven asesinado en los años
60 por la policía italiana, en una
manifestación de apoyo a la Revolución.
Entonces el poeta cubano Ángel Augier
escribiría: “Allí, cerca del Duomo/ en
una flor de sangre/ se disolvieron de
repente/ tus generosos 21 años”. Desde
hace ocho una brigada que lleva el
nombre del joven y compuesta por
italianos amigos de Cuba visita
anualmente la Isla.
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Fabio di Celmo |
Todos
tuvieron en común una relación peculiar
con Cuba. Garibaldi —patriota con
mayúsculas donde quiera que los haya— se
vio de buena gana captado por las luchas
independentistas cubanas. Todavía hoy se
discurre sobre una visita secreta a La
Habana, alrededor de 1850. Y Meucci
vivió en la capital cubana durante 15
años, vinculado a las artes escénicas.
Di Celmo estaba en Cuba con su padre,
por razones turísticas y de negocios,
pero todos sabían que le fascinaba esta
Isla. Ardizone, lejos, en momentos en
que la solidaridad era un ave rara,
salió a la calle a gritar “¡Basta!
¡Fuera las manos de Cuba!”
Sin
embargo, no fueron los únicos italianos
que hicieron causa cubana, por razones
diversas.
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Giovanni-Ardizzone |
Guiseppe Manzini, fundador de la Joven
Italia, escribió contra la hipocresía
norteamericana que se negaba a reconocer
la beligerancia mambisa. Otro Giovanni,
teniente de apellido Placosio, junto a
varios húngaros y alemanes, integró una
agrupación conocida como Regimiento de
Patriotas Cubanos, y con ella desembarcó
bajo las órdenes de Narciso López. Y en
tierra cubana murió, sin precisarse si
fusilado o asesinado, luego de caer
prisionero de los españoles.
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Homenajes a Giovanni-Ardizzone |
En la
lista de italianos que se entregaron a
la lucha por Cuba hay unos cuantos
nombres: aparece el alférez Ugo Gerardo
Ricci, quien bajo las órdenes de Maceo y
también con grados de teniente, fue
famoso en las batallas de Peralejo, Mal
tiempo y en la odisea de la
Invasión de Oriente hasta Occidente; se
inscribe Natalio Argenta, de 34 años, de
quien se cuenta tenía un físico tan
descomunal, que era capaz de desmontar
él solo un cañón del aparejo del mulo
que transportaba el arma; se suma
también el siciliano Achille Avilés,
muerto en la toma de Las Tunas; junto a
ellos navega en el tiempo el ingeniero
Francesco Pagliuchi, nativo de la ciudad
de Pisa, quien había sido capitán de la
armada argentina y condujo un barco con
una expedición hacia las costas cubanas,
y luego otro, y muchos más, y decía en
broma que si tenía que morir ahogado lo
haría vestido de modo tal que al ver su
cadáver todos dirían “este debió
haber sido un caballero”.
De
otros muchos apellidos meridionales está
abundante la historia revolucionaria
cubana: los Fontana, los Petriccione,
los Montessori; los Lanci —dicen que
soportó con gran estoicismo las penurias
de la manigua—, el polémico Ferrara
—quien llamaba al generalísimo Máximo
Gómez “El mago de la guerra”—, y que
dejaría con el tiempo malos recuerdos en
la historia cubana, a diferencia del
doctor Francesco Falco, eminente y
capaz, fiel y batallador.
Dicen
que el funesto Capitán General español
Valeriano Weyler advirtió: “Los
italianos que van a Cuba deben ser muy
vigilados porque suelen ser desarrapados
garibaldinos o crispinos, y con los
santi di barri, boniti e barati (1),
como se dice, propagan malas doctrinas”.
Sin
comentarios.
(1) Weyler se burla aquí
del idioma italiano e imitando la
pronunciación de la lengua azurra habla
de santos de
barrios, bonitos y baratos…
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