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Se informa a la ciudadanía que el
horizonte ha desaparecido. Valiéndose de
la noche, el enemigo ha obrado de manera
pérfida, como nos tiene acostumbrados, y
al amanecer nuestras fuerzas han podido
constatar todo lo largo de la Isla que
ya no existe la línea del horizonte. Si
aquellos que nos quieren destruir
piensan que con ello van a mellar
nuestra fe en el porvenir, ya deberían
tener por sabido que a nosotros nada nos
asusta, que el futuro nos pertenece por
entero, que nuestros principios son
indoblegables y que, ante todo, estamos
consagrados y somos inmortales. A
quienes creyeron que veíamos en el
horizonte un símbolo de esperanza,
también debemos recordarles que la fe va
dentro de nosotros mismos, que nos
acompaña como la gloria eterna, que la
historia así lo ha confirmado y que
ningún espejismo, por real que parezca,
nos va a engañar. Y aún más, si pudieron
en solo unas horas borrar el horizonte,
con ello no han hecho más que demostrar
que el horizonte fue un invento, una
patraña para tratar de engatusarnos y
confundirnos. Lo que verdaderamente ha
ocurrido es que el horizonte jamás
existió, fue una quimera que nos
inocularon con al finalidad de alocar
nuestra brújula y hacernos adictos a las
ilusiones. Nosotros permaneceremos
firmes, inclaudicables, detrás de las
trincheras que hemos cavado en el suelo
de la Patria y que, por lo tanto, son
sagradas. Si ya no hay horizonte, son
ellos los que se lo pierden. |