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Nuestro personaje vive en un apartamento
del último piso. Merienda un caramelo y
arroja al vacío la envoltura tras
convertirla en una diminuta esfera. La
pelotita cae justo sobre el ojo del
conductor de un auto que desvía el
rumbo, roza un muro y se araña. El tipo
llega malhumorado al hospital a cumplir
su faena como cirujano, pica donde no
debe a un paciente y lo manda a terapia
intensiva. La madre del enfermo se ataca
de los nervios y prende candela al
almacén del centro hospitalario. Al
almacenero se le imputa negligencia,
pierde el trabajo, llega a casa y, para
descargar su rabia, la emprende a golpes
con su inocente mujer, hija de un
representante en la ONU. Este recibe el
fax con la noticia minutos antes de
arengar contra un país vecino por
asuntos de disputas territoriales. En el
plenario se exalta y lanza tres
palabrotas a la delegación oponente. La
nación ofendida, en voz de su
presidente, jura vengar la afrenta y
declara la guerra de inmediato. El
primer cohete impacta en la azotea del
edificio donde reside adivinen quién. |