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El
ensayista Enrique Ubieta me dijo ¡¡¡Pero
es Mafalda!!!, cuando le comenté lo
extraordinario de una sala abarrotada,
con la asistencia de múltiples
intelectuales, para la presentación de
dos libros de muñequitos. Claro que se
trata de Mafalda, pero que no deja de
ser un tebeo, comics, historieta o
simplemente muñequito.
Esa
Mafalda, nacida en 1964, del ingenio y
el talento de Joaquín Lavado, Quino, que
ha sido manipulada fuera de los cánones
con los que fue creada y de lo que se
queja su autor, mantiene su vigencia y
ha colmado apetencias de múltiples
generaciones en sus 40 años de vida. La
niña inteligente, preguntona sobre el
mundo, según su padre nació “en la época
del Che Guevara, Los Beatles, había
esperanzas de transformar al mundo, hoy
todo es peor. Nadie entonces se
imaginaría al planeta dominado por una
sola potencia”.
Actualmente, cuando las tecnologías le
son ajenas a su padre ― “tengo serios
problemas en la vista”, dice Quino― la
chiquilla universal anda en DVD “y
también inventan muchas cosas, como que
yo escribí cartas entre Manolito y
Mafalda, u otras declaraciones que me
atribuyen, y es falso”, agrega el
artista nacido en Mendoza y habitante de
Buenos Aires y Milán, en forma alterna.
Tímido, según confesión pública, igual
que su personaje de Felipito, inspirado
en su coterráneo Jorge Timossi, Quino
dice que nunca le ha sido fácil tener
amigos “con Juan Padrón, dice sonriente,
fue un enamoramiento que dura hasta
hoy”.
Tanto
fue ese sentimiento mutuo y, por
supuesto, la profesionalidad de
Padroncito, que solo en él ha confiado
para realizar animados de Mafalda, luego
que el primer intento le dejara
insatisfecho. Padrón, quien dirigió
primero los Quinoscopios y luego 104
capítulos de un minuto de la traviesa
niña, fue uno de los asistentes al
mafaldato de la sala José Lezama Lima de
La Cabaña, donde desde bien temprano se
hizo cola para comprar, también ¡Qué
presente impresentable!,
de la Editorial José Martí y que muestra
una selección de dibujos de Quino,
algunos de los realizados en los últimos
lustros.
Con razón, una vez más, esta en La
Habana, Quino se queja: “me hablan
siempre de Mafalda, yo llevo 53 años
dibujando, y a Mafalda solo lo hice por
diez, para mí es un dibujo más”.
El otro de los volúmenes, y bien
voluminoso por cierto, presentado fue
Todo Mafalda, de la Editorial Lumen,
S.A., que en 656 páginas reproduce todas
las tiras de Mafalda. Este libro se ha
vendido en la Feria gracias a la
generosidad de su autor, que donó sus
derechos porque en cualquier lugar se
comercializa a 39 euros, cerca de ocho
veces en lo que se vendió al público
cubano, que supo apreciar el gesto con
una doble cola: para comprarlo y luego
buscar la firma de Quino, artista que,
según quienes lo conocen, nunca niega un
autógrafo.
Actualmente y por primera vez en su
vida, Quino no está dibujando: “Me
siento raro, desde enero no dibujo, me
he tomado un año sabático. Luego de 53
años con la persecución de entregar
diaria o semanalmente un dibujo, he
querido descansar así como hice con
Mafalda cuando empecé a repetirme. Este
presente es tan cruel que me ha
desbordado, está lleno de guerras
absurdas, de destrucción del planeta, no
quiero seguir dibujando por ahora sobre
eso”.
Si conoció a Cuba, a mediados de los 80,
Quino dice: “He venido ocho o diez
veces, sólo a La Habana a trabajar con
Padrón. Nunca había estado en una Feria
del Libro, me ha impresionado la
cantidad de gente, de niños, y eso que
no he ido al pabellón infantil. Es muy
emocionante ver ese amor por los libros,
de forma tan popular”. |