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María Caridad, mi abuela, me contaba que
mi padre nació con el don de la pintura
y que de niño se pasaba las horas
jugando con sus garabatos por aquí y por
allá. Si iban a la playa, allá en
Santiago de Cuba, su ciudad natal, la
arena se transformaba en un gran lienzo
donde él pintaba sus sueños infantiles.
Y yo me pregunto: ¿Qué habrá pintado en
aquel entonces en esa pureza de la
imaginación? Quizás un caracol, un
cangrejo, un barco surcando el mar
infinito.
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serie
EN CASA BLANCA, 2007. Obra II. Acrílico/
tela, 110 x 80 cm. |
Cuando yo era una niña jugaba con mi
papá a pintar, yo garabateaba el papel y
él hacia surgir con alegría de la
sorpresa, una figura insospechada, otras
veces jugábamos a descubrir los nuevos
mundos que las nubes pintaban, sin que
supiéramos bien de dónde venían esas
formas misteriosas y cambiantes de
rostro, cosas y animales.
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serie
EN CASA BLANCA, 2007. Obra III.
Acrílico/ tela, 91,2 x 121,80 cm. |
El
que conoce a mi papá sabe que este
hombre que desde sus años de estudiante
en la Academia de San Alejandro
(1943-1949) hizo con sus dibujos en la
prensa clandestina un arte de combate
contra aquella política oprobiosa que
humillaba al pueblo y que más tarde
llevó al lienzo la vida de los cubanos
humildes, merecedores de una redención.
Pintó también la alegría de una vida
nueva expandiendo su arte a otros mundos
ignotos; aparecieron entonces en sus
lienzos soldadores que iluminaban con la
luz de su antorcha el espacio surcado
por planchas de hierro simulado,
paisajes con ríos, palmas y crisantemos
que nos hicieron ver la otra naturaleza
del color, los planos y las formas;
recordó al mártir y lo puso en una casa
de papel plegado e inventó unos
papirotes que poblaron un mundo nuevo de
sorprendente fantasía. Pero mi papá cree
que le faltan obras por hacer y es que,
aunque ya ha pasado por 83 eneros, sigue
siendo un niño que sueña y que no se
conforma con lo dado en la vida. Él
piensa en la otra que vendrá,
irremediablemente más justa, más humana
y quiere "emitir señales del mañana",
como si jugara nuevamente con las nubes
a descubrir inexplorados mundos que
ahora sí sabe por donde vendrán.
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ESPERANZA, ANGELA Y CARIDAD, 2005.
Acrílico/ tela, 120 x 120 cm. |
Quien
no conoce su obra pudiera preguntarse
por qué ha abordado con preferencia los
asuntos de manera positiva. Sin embargo,
detrás de ese modo alegre de simulada
armonía hay una rebeldía, una negación
de lo opuesto, de lo terrible y
apocalíptico que existe en nuestro mundo
de hoy. Él nos habla imaginativamente de
una necesidad de vivir más humanamente y
pinta el sueño de una niña custodiado
por una gran paloma blanca, el mundo de
la libertad del arte y la cultura, el de
la mujer plena en su casa desalienada,
el de la naturaleza y el hombre en
equilibrio. Adigio ve con ojos de
futuro, desde la inconformidad. Por
nuestra imperfección de hoy nacen las
nuevas ideas de su arte, especie de
ensayo sobre la esperanza que nos insita
a pensar en la plenitud de una vida
nueva, de una vida que sea como la
alegría del niño que juega a pintar el
sol-asterisco sobre la arena de la
playa.
(1).Poema
del Pintor, Editorial Letras Cubanas,
2002, pág.69.
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TÍTERE, 2006. Acrílico/ tela, 120 x 75
cm. |
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