Año V
La Habana
3 al 9 de MARZO
de 2007

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serie EN CASA BLANCA, 2007. Obra I. Acrílico/ tela, 100,3 x 130 cm.

Ensayo sobre la esperanza

Surnai Benítez Aranda • La Habana


María Caridad, mi abuela, me contaba que mi padre nació con el don de la pintura y que de niño se pasaba las horas jugando con sus garabatos por aquí y por allá. Si iban a la playa, allá en Santiago de Cuba, su ciudad natal, la arena se transformaba en un gran lienzo donde él pintaba sus sueños infantiles. Y yo me pregunto: ¿Qué habrá pintado en aquel entonces en esa pureza de la imaginación? Quizás un caracol, un cangrejo, un barco surcando el mar infinito.

serie EN CASA BLANCA, 2007. Obra II. Acrílico/ tela, 110 x 80 cm.

Cuando yo era una niña jugaba con mi papá a pintar, yo garabateaba el papel y él hacia surgir con alegría de la sorpresa, una figura insospechada, otras veces jugábamos a descubrir los nuevos mundos que las nubes pintaban, sin que supiéramos bien de dónde venían esas formas misteriosas y cambiantes de rostro, cosas y animales.

serie EN CASA BLANCA, 2007. Obra III. Acrílico/ tela, 91,2 x 121,80 cm.

El que conoce a mi papá sabe que este hombre que desde sus años de estudiante en la Academia de San Alejandro (1943-1949) hizo con sus dibujos en la prensa clandestina un arte de combate contra aquella política oprobiosa que humillaba al pueblo y que más tarde llevó al lienzo la vida de los cubanos humildes, merecedores de una redención. Pintó también la alegría de una vida nueva expandiendo su arte a otros mundos ignotos; aparecieron entonces en sus lienzos soldadores que iluminaban con la luz de su antorcha el espacio surcado por planchas de hierro simulado, paisajes con ríos, palmas y crisantemos que nos hicieron ver la otra naturaleza del color, los planos y las formas; recordó al mártir y lo puso en una casa de papel plegado e inventó unos papirotes que poblaron un mundo nuevo de sorprendente fantasía. Pero mi papá cree que le faltan obras por hacer y es que, aunque ya ha pasado por 83 eneros, sigue siendo un niño que sueña y que no se conforma con lo dado en la vida. Él piensa en la otra que vendrá, irremediablemente más justa, más humana y quiere "emitir señales del mañana", como si jugara nuevamente con las nubes a descubrir inexplorados mundos que ahora sí sabe por donde vendrán.

ESPERANZA, ANGELA Y CARIDAD, 2005. Acrílico/ tela, 120 x 120 cm.

Quien no conoce su obra pudiera preguntarse por qué ha abordado con preferencia los asuntos de manera positiva. Sin embargo, detrás de ese modo alegre de simulada armonía hay una rebeldía, una negación de lo opuesto, de lo terrible y apocalíptico que existe en nuestro mundo de hoy. Él nos habla imaginativamente de una necesidad de vivir más humanamente y pinta el sueño de una niña custodiado por una gran paloma blanca, el mundo de la libertad del arte y la cultura, el de la mujer plena en su casa desalienada, el de la naturaleza y el hombre en equilibrio. Adigio ve con ojos de futuro, desde la inconformidad. Por nuestra imperfección de hoy nacen las nuevas ideas de su arte, especie de ensayo sobre la esperanza que nos insita a pensar en la plenitud de una vida nueva, de una vida que sea como la alegría del niño que juega a pintar el sol-asterisco sobre la arena de la playa.

(1).Poema del Pintor, Editorial Letras Cubanas, 2002, pág.69.

TÍTERE, 2006. Acrílico/ tela, 120 x 75 cm.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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