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En cada viaje a Cuba,
encuentra más ancha y difundida la vida
y la obra del Apóstol. Su deuda al
escritor, y a Sarmiento, "ese toro
bravo". La visión del continente y la
difusión de Martí en América. "Una nueva
guerra arruinaría a Europa, a la
humanidad". Enamorada de Martí...
Alta, austera, serena,
llega de nuevo a Cuba Gabriela Mistral,
ansiosa de decir personalmente su
"recado" al oído de José Martí, en su
cumpleaños
—en
el centenario de aquel a quien ella ha
llamado "el hombre más puro de la raza".
Mucho nos ama Gabriela al Apóstol y a
través de él y de su pueblo, a nuestra
Isla, con un amor más acendrado cada día
y renovado en cada ocasión en que el sol
que iluminó la infancia de Martí, toca
la rica humanidad de esta chilena
universal, de esta gran mujer americana.
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Eso solo justifica su
presencia en las fiestas martianas, y el
cariño y la devoción con que se acoge a
la poetisa fuerte y tierna y a la
educadora de profunda huella, en esta
tierra que es ya como la de su espíritu.
Lucila Godoy Alcayaga es
su nombre verdadero, y nació en Vicuña,
en el norte de Chile, en abril de 1889.
Autodidacta, por irresistible vocación
ingresó en el magisterio a los 15 años,
distinguiéndose pronto por su talento y
consagración. El primer lauro por sus
versos lo obtuvo en un certamen poético
en 1914, en Santiago de Chile, y pronto
su seudónimo de Gabriela Mistral se hizo
frecuente al pie de magníficos poemas en
revistas y libros de lectura. Por su
personalidad pedagógica y literaria fue
exaltada a directora de escuela en 1918,
en Punta Arenas, y trasladada a Santiago
con igual categoría en 1921, cuando ya
había alcanzado justa nombradía
continental.
En 1922, el Instituto de
las Españas de la Universidad de
Columbia editó su primera colección de
poemas: Desolación, punto de partida de
su recia y fecunda obra lírica; y ese
mismo año se trasladó a México invitada
por el ministro de Educación, José
Vasconcelos, para colaborar en la
reforma docente desarrollada entonces.
Allí publicó el Libro Lecturas para
Mujeres, y regresó a Chile en 1925,
después de viajar por Estados Unidos y
algunos países de Europa, entre ellos
España en que publicó su poemario
Ternura.
En 1926 partió nuevamente
al extranjero, para representar a su
país en el Instituto de Cooperación
Intelectual de la Liga de las Naciones,
y entre 1930 y 1931 visitó nuevamente
Estados Unidos y recorrió las Antillas y
la América Central, donde ofreció
conferencias y cursos en universidades e
instituciones culturales. Fue en esa
ocasión que vino a Cuba por primera vez
y dio a conocer ese bellísimo estudio
suyo sobre La lengua de Martí. Y desde
1932 ha desempeñado cargos consulares
del Gobierno de Chile en ciudades de
Europa y de América, y dictado
conferencias y colaborado en principales
diarios y revistas del Continente. Ha
publicado posteriormente otros libros de
poemas, entre ellos Tala, el producto de
cuya primera edición dedicó al auxilio
de los niños republicanos españoles.
(...) Ostenta el Premio
Nobel de Literatura, que le fue
concedido en 1945.
Vino directamente desde
Nápoles, donde residía desde hace años
como Cónsul General de su país, y
proyecta pasar unas vacaciones en la
Florida cuando abandone Cuba.
La mirada profunda como
de quien ha andado muchos caminos de
meditación, y la voz listada de emoción,
Gabriela no abandona el tema de Martí:
"Me conmueve esta labor cubana constante
de mantener vivo a Martí, de convivirlo.
En otros países nuestros no ocurre eso:
a nuestros héroes, a nuestros maestros,
los veneramos dejándolos quietos. La
lealtad cubana ha elegido a su hombre
José Martí como quien elige su ejercicio
cotidiano de amor que le crezca el alma,
que le acicatee sin descanso las
potencias y que no le deje morir el
culto de lo heroico, del cual más
vivimos que morimos. La justicia para
Martí se la dan ustedes grande, pero no
histérica. América lo agradece".
"Yo le debo mucho a Martí
—dice
Gabriela con su sencillez encantadora—.
Es el escritor hispanoamericano más
ostensible en mi obra. Después viene, en
segundo término, ese toro bravo de la
Argentina que es Sarmiento, a quien le
falta la poesía, la fuerza lírica que
sobraba a Martí. Con todo, era un lindo
viejo mal genioso, que vivió peleando
por la libertad y por la cultura, como
Martí, con otros elementos y otro
temperamento, peleó por la
independencia. De hombres como ellos
está necesitada esta América nuestra que
nos duele."
El tema de Martí es
entrañable en Gabriela Mistral: su
rostro se ilumina y su habla lenta y
armoniosa se hace más dulce: "Después de
más de medio siglo, el resplandor que
echa de sí esa carne mártir sigue
creciendo; su aureola vale por la
hornaza misma de los soles cubanos; su
gloria viva, no ateneísta, es un brasero
que arde en el bohío antillano, en la
última escuela rural y en la institución
civil de mujeres y de hombres. Yo me
encuentro, cuando regreso a mi Antilla,
esta gloria más planturosa que cuando la
dejé, lo cual me hace feliz, por mi
América, que tantas negruras feas de
ingratitud lleva consigo..."
La ilustre chilena, como
si fijara sus ojos dulces, pero severos
sobre el continente, expresa en tono
dolorido, tras de aspirar su cigarrillo:
"Es agradecimiento todo en mi amor de
Martí, no solo al escritor, también del
guía de hombres terriblemente puro, que
la América produjo en él, como un
descargo enorme de los guías sucios que
hemos padecido, que padecemos y que
padeceremos todavía. Muy angustiada me
pongo a veces cuando me empino desde la
tierra extraña a mirar hacia nuestros
pueblos... y les toco la injusticia
social, que hace en el Continente tanto
bulto como la cordillera misma, las
viscosidades de la componenda falsa, el
odio que lo tijeretea en todo su cuerpo,
y la jugarreta trágica de barrio a
barrios nacionales".
Cuando se le pregunta a
la poetisa de Desolación sobre la
reacción de la Europa que acababa de
abandonar, ante los peligros de guerra,
exclama adolorida: "¡Ah, ese tema es
como si me tocaran una llaga. Me duele
mucho esa demencia suicida de llevar a
la humanidad a otra guerra, que
significaría la ruina para todos los
pueblos por varios años. Azuzar a la
destrucción es criminal: es como calar
las heridas aún abiertas! ¡Qué sería de
Europa, del mundo, si vuelve a tirarse
de bruces en el horror de otra guerra,
de la que algunos para abreviar, llaman
con siniestro acento ‘la Otra’...!"
Gabriela Mistral
considera que Martí aún no es conocido
en toda su grandeza en el continente.
"Es preciso –dice- que se haga una
edición de su obra para inundar los
países de América, pero deberá ser
barata para hacerla accesible a la clase
media, pobre y a los trabajadores. Debe
ser una selección de la obra de Martí
con temas no absolutamente antillanos,
sino de alcance más americano y
universal, para que llegue su mensaje a
la América del Sur. Allá vivimos muy
distantes de la cultura de las Antillas
y de la América Central, cuyas
literaturas no se conocen. Debía
formarse un fondo común de estos países
para difundir organizadamente los
valores de su cultura".
Gabriela, con su habla
queda, no cesa de bordear y encentrar el
gran tema del Apóstol, tan caro a ella y
como consciente de la reiteración
gustosa, sonríe ampliamente y dice: "Voy
a contarle un chiste: hace años, di una
conferencia en un pueblito cubano,
naturalmente sobre Martí. Como yo en el
fondo soy una aldeana chilena siempre me
gusta ir a los pueblos y hablar con sus
gentes y a sus gentes. Cuando salía de
mi conferencia, oí que una mujer
comentaba: ¡Esa señora está enamorada de
Martí!; me detuve y le respondí: ¡Y
dígalo usted. Lo único que lamento es no
haberlo llegado a conocer personalmente.
Y usted también se hubiera enamorado de
conocerlo...!"
Fecha de Publicación en
Bohemia:
1ro. de febrero de 1953 |