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Por
duodécima ocasión volverá la Villa de
San Cristóbal de La Habana a ser, el
próximo mes de abril, la sede del
Encuentro Internacional de Danza en
Paisajes Urbanos: Habana Vieja,
Ciudad en Movimiento, cita que ha
ido experimentando un sólido
crecimiento, y que, con el devenir del
tiempo, se ha convertido en punto de
referencia obligatorio en el ámbito
coreográfico contemporáneo.
A
nadie le caben dudas que, detrás de cada
edición del Encuentro existe, además de
un pequeñísimo y laborioso equipo de
trabajo, un nombre: Isabel Bustos,
coreógrafa y directora de la Compañía de
Danza / Teatro Retazos,
agrupación de vanguardia que tiene como
sello una vitalidad inagotable. Y es que
ese sello de laboriosidad lo ha impuesto
la Bustos, una artista que, por su
historia personal, se nos muestra tal un
crisol donde se agolpan un montón de
vivencias y sensibilidades…
"Mi
historia comienza como casi todas: la
madre que quiere que su niñita baile.
Ella me llevó a la Casa de la Cultura
Ecuatoriana
―una
institución para el fomento de las artes―,
y matriculé como alumna aproximadamente
a los ocho años de edad.
"En
1962, la familia viajó a Cuba en misión
diplomática. Cuando se rompen las
relaciones de casi todos los países
latinoamericanos con la Isla, entre
ellos Ecuador, mi madre decide quedarse
en La Habana. Creyó que ese era su
destino, rompió con todo y por supuesto,
mi hermana y yo permanecimos junto a
ella.
"Años
después ambas ingresamos en la Escuela
Nacional de Arte (ENA); mi hermana en la
especialidad de artes plásticas y yo en
ballet. Nunca tuve las grandes
condiciones indispensables para triunfar
como bailarina clásica, sin embargo en
la escuela mostraba tener buen oído y,
tal vez, podría haber sido en el
clásico, una buena bailarina de
carácter.
"Estudié en la ENA, donde recibí clases
de excelentes maestros, como Loipa
Araujo, Mirta Plá por solo mencionara
dos estrellas del ballet cubano. Tal vez
habría podido quedarme como bailarina de
carácter, pero me fui a la Compañía
Danza Nacional de Cuba. En esta
agrupación permanecí mientras que Don
Ramiro Guerra era su director. Bailé en
algunas de sus coreografías, pero
finalmente decidí retornar a Ecuador.
"Ya en
Quito, integré la Compañía Nacional de
Danza, luego volvería a Cuba y,
posteriormente, viajé a México, allí
constaté que me interesaba mucho más
realizar obras a repetir coreografías
de otros donde no me sentía
completamente plena. Comenzaba a
llamarme ese bichito de la creatividad.
Eso le pasa a la gran mayoría de los
jóvenes que quieren tener su propia
experiencia en el difícil oficio de la
creación coreográfica.
"Mis
primeros trabajos como coreógrafa los
realicé en la Compañía de Danza de
Ecuador los cuales tuvieron éxito.
También en México trabajé en el Centro
Superior de Coreografías; allí tomé
muchas clases con varias compañías y
maestros. Posteriormente, obtuve una
beca de la UNESCO para estudiar
coreografía en París."
Y
ese paso por París y el ponerse en
contacto con otra cultura, ¿qué
significó?
Definitivamente, allí me di cuenta de lo
que era capaz de producir. Entonces,
armada de los conocimientos adquiridos
en Europa, elegí volver a Cuba.
¿Y
para qué sirvió ese choque?
Sentí
que realmente la coreografía tiene mucho
que ver con el individuo; es la manera
como cada persona ve el arte y, en este
caso, a través del movimiento. De golpe,
comprendí que lo más profundo del crear
es encontrar una identidad, ahondar en
una forma de decir y hacer.
Entendí que los latinoamericanos tenemos
que encontrar nuestro propio sello a
nivel individual y continental. La
problemática de los latinoamericanos no
es la de los europeos, eso lo entendí
allá.
Comprendí la importancia de Fernando
Botero, entendí a José Lezama Lima y a
Pablo Neruda… comencé a advertir la
importancia del arte latinoamericano y
de las propuestas de nuestro continente.
La técnica es muy importante, pero
cuando hay algo que decir. La técnica
pura no lleva a ninguna parte. Lo
imprescindible es el lenguaje individual
que busca la universalidad.
Descubrí que todas las artes están
interconectadas y la danza tiene mucho
que ver con la plástica, con la
escultura, con el cine, con el video,
con el teatro y, ante todo, la
importancia del gesto. Al final, el arte
es uno sólo y en particular la
coreografía está casada con las demás
manifestaciones artísticas.
Cuando se produce una puesta en escena,
la luz resulta fundamental, estás
vinculado a la pintura, al volumen, a la
forma, particularmente a la música
porque el sonido imprime estados de
ánimos diferentes aunque también el
silencio define muchísimas situaciones.
Toda la dramaturgia que puedes ver en el
movimiento está comprometida.
Entonces, ¿ve la coreografía como una
síntesis?
Una
gran síntesis poética sobre (o a partir
de) la imagen. Es lo más importante.
¿De París regresa a La Habana?
Regreso en 1987 y aquí tiré anclas
definitivamente. Siempre iba y venía;
era como el gran amor que no se olvida
nunca. Me instalaba en un lugar y luego
regresaba. Me dije: si mi espacio, mi
lugar, donde siento que respiro mejor y
más profundo, disfruto más del sol, la
vegetación, la vida, la gente, la
revolución… yo era parte de todo eso. No
entendía que la vida podía hacerse en
otra parte. Me sentí útil aquí y creía
que tenía sentido quedarme. Asumí todo
de golpe: la maternidad, la profesión y
la vida en Cuba.
En
1987 crea Danza / Teatro Retazos,
¿bajo qué presupuestos?
Primero trabajé con muchas gentes de la
Escuela de Arte y de ahí nace el nombre:
Retazos; retazos de emociones,
retazos de vivencias de cada uno de los
muchachos que incorporaba al trabajo,
retazos de pensamientos, de filosofías
que circulaban de un lado a otro y de
una persona a otra. Llegué a la
conclusión de que todos estamos hechos
de retazos, somos retazos de algo más
grande. Así nació el nombre y desde
entonces Retazos anda retaceado
por la vida y en cada etapa se plantean
cosas diferentes, pero tiene un gran
abanico de posibilidades. Hoy cumplimos
20 años.
En
estas dos décadas, ¿cuáles han sido los
cambios esenciales que se han
experimentado dentro de Retazos o
acaso se ha mantenido fiel a sus
postulados iniciales?
Creo
que soy bastante fiel a los inicios.
Pienso que esa dramaturgia emocional que
está implícita en el trabajo de
Retazos se mantiene intacta aun
cuando hagamos algo que no pasa de un
mero divertimento. Eso es muy
importante. Creo que sin poesía no hay
nada y trato de que en cada puesta se
manifieste un sentido poético.
Con el paso del tiempo y etapas se
imponen cambios, ¿la estética por la que
apostó Retazos ha sufrido
variantes?
Ha
cambiado en el sentido de la técnica,
tratamos de hacer puestas que busquen y
expresen la contemporaneidad, que
conmueva la vida de los bailarines, del
individuo; pero siempre es muy
importante no perder la universalidad.
Por supuesto que uno va evolucionando,
la gente va cambiando, la gente va
creciendo y uno trabaja con los
elementos de la realidad circundante,
que son maravillosos.
A
veces contamos con músicos en vivo,
hemos elaborado proyectos conjuntamente
con cineastas, con videoastas, con
escultores, con pintores… hay algo
importante: el querer conocer otros
campos e incorporarlos a lo que
realizamos. Eso es esencial al igual que
trabajar “a cielo abierto”, con los
balcones, con los adoquines, con las
plazas, con las calles. Siempre es un
reto.
Entonces, ¿Retazos se mimetiza en
cada acto creativo?
Así
es. Trabajamos mucho en esa vertiente;
les otorgamos mucho peso al contexto y a
lo que éste sugiere. Es algo muy
atractivo. Si estoy frente a un balcón
en La Habana Vieja, me puedo remitir a
la historia de ese lugar o a la
arquitectura, a los arcos, a las
ventanas o simplemente a un transeúnte
que pasa. Cuando el azar y la sugestión
se tocan, creo, puede surgir algo
trascendente.
Estamos, casi, a las puertas de la
duodécima edición del Encuentro
internacional de danza en paisajes
urbanos: Habana Vieja, Ciudad en
Movimiento. ¿Cómo nace este
encuentro que ha resistido el paso del
tiempo y que surgió, justamente, en un
momento difícil de la realidad cubana?
Cuando en el llamado período especial
—momento en que la economía cubana
sufrió un duro golpe luego de la caída
del campo socialista— se cerraron los
teatros, me dije: si no haces nada,
mueres. Un artista que no realiza o crea
nada, muere.
Había
que salir a buscar un espacio para
seguir existiendo y haciendo. Empecé a
recorrer los interiores de La Habana
colonial, y así conocí la intimidad del
patio de la Casa de México, la Casa
Guayasamín, la Casa Simón Bolívar, los
parques. Esos lugares me convencieron
que eran espacios poéticos y
espirituales, capaces de provocar mis
impulsos creativos.
Me
identifiqué de inmediato con este
entorno, y decidí que era el ideal para
crear a partir de las escaleras, de los
espejos, y de cuanto elemento Eusebio
Leal —ese maravilloso ser que es el
historiador de la Ciudad de La Habana—,
ha rescatado con tanto amor y con tanto
primor. Me dije: tengo que sumarme a
esto y crear aquí.
Empezó Retazos solo, y luego
comencé a preguntarme, ¿por qué no
invitar a otros artistas a hacer sus
obras aquí? En vez de traer una pieza y
ponerla en un teatro creo que el reto de
crear en estos espacios es mucho más
interesante. Así empezamos.
Poco
a poco se ha desarrollado y convertido
en un evento multidisciplinario, porque
existe mucha gente que hace fotografía,
escultura, músicos que se incorporan,
bailarines de todas las latitudes… en
esos días viajan a La Habana entre mil
doscientas y mil trescientas personas y
el centro histórico de la capital de los
cubanos se convierte en un espacio de
creación y de intercambios.
Es
una gran fiesta del arte, donde existe
una armonía en todo lo que allí se
elabora. Creo que es algo importante
para que se conozca La Habana, para que
todos reconozcan la identidad de los
habaneros, para que la gente que viene
pueda conocer todas las creaciones que
se están haciendo aquí y para que los de
adentro adquieran conciencia de lo que
les falta.
El
haber creado un espacio de intercambio y
creación, es de las cosas más
importantes para Retazos. Es como
decir: se ha hecho algo esencial que es
abrir puertas y ventanas a la
creatividad de todos los grupos, de
todos los intérpretes y de todos los
coreógrafos.
¿Qué lugar ocupa la improvisación en lo
que se presenta durante el evento?
Al
decirte que es un reto es porque estás
delante de algo que no está hecho, que
tienes que crearlo al instante, que
tienes que hacerlo al momento, o sea qué
te sugiere una puerta, qué te sugiere
una ventana y eso te da mucho pie a la
improvisación y a la capacidad creativa
de cada intérprete. Muchas veces
artistas invitados se involucran con la
población y esta, a su vez, se incorpora
a la obra. Hay también algunos creadores
que trabajan con los transeúntes o
personas de la tercera edad y hasta con
los niños.
¿Y
qué aporta a la comunidad?
Primeramente, abre espacios emocionales,
corporales e intelectuales y, por ende,
la gente comienza a percibir la ciudad
de una manera diferente. Creo que este
evento ha servido, también, para eso.
Muchas personas esperan el festival y se
sienten emocionados en esos días.
¿Cuando llega a La Habana una compañía
de otra latitud trae ya su espectáculo
preconcebido o se le ofrece la opción de
adaptarlo a los diversos espacios?
Tratamos de que lo adapten a los lugares
e intentamos que la gente venga unos
días antes para que se inspire en los
lugares. No siempre lo logramos, porque
a veces llegan apenas unas horas antes
de iniciarse el evento, y no se ha
contado con el tiempo suficiente para
recorrer la ciudad y, entonces, lo que
traen lo adaptan. En general, la idea es
crear sobre un espacio arquitectónico,
como una gran escenografía.
Tiene de ecuatoriana, de chilena y
también de cubana, ¿profesionalmente
cómo se sintetizan esos tres
componentes?
Haciendo una técnica formativa para
bailarines; buscando una manera de
componer y poder enseñar ese método de
composición.
Igualmente, crear un lugar destinado a
los jóvenes para que se desarrollen como
intérpretes y como coreógrafos. Trato de
concebir un espacio de investigación, de
encuentros y de desarrollo entre
artistas nacionales y los que vienen de
otras latitudes de nuestro planeta.
Encontrar sitios para efectuar talleres
que impulsen la creatividad de los niños
y niñas de La Habana Vieja. A veces
Retazos peca de hacer espectáculos
muy seguidos y eso provoca un
consiguiente desgaste, pero creo,
firmemente, que vale la pena. Esa es la
síntesis de Isabel Bustos: un ser que se
dedica a ver la vida a partir del
movimiento.
Algunos críticos afirman que uno de los
grandes recursos de Retazos es la
composición, algo así como la columna
vertebral donde se asienta el trabajo de
la compañía ¿Coincide?
Creo
que sí. El ojo para mí es fundamental,
la síntesis de lo que ves, el
significante de aquello. Por eso la
composición lo dice todo. La técnica
tiene que estar al servicio de la
composición; el bailarín está al
servicio de la composición. Me interesa
que vaya mucho más allá, que escarbe en
la parte afectiva, sensorial, emocional,
a la problemática sicológica de las
personas, a otras esferas.
Las emociones en primer lugar…
Siempre. Y también una forma de ver el
mundo, una filosofía, una manera de
buscar. No persigo una danza virtuosa.
No es mi fin. Puede que sea vistosa
empero que llegue al público y de alguna
manera lo atrape. Aspiro a que la gente
se emocione y que, de alguna manera, lo
que hagamos impresione al espectador.
¿Por qué tanto color negro en Retazos?
Personalmente me gusta mucho el negro y
me visto, generalmente, de ese color.
Como directora de Retazos, ¿considera
que luego de 20 años de trabajo debe
cerrar algún ciclo?
Pienso que aún no hemos agotado todas
las posibilidades. Existe un pensamiento
ambicioso en el sentido de que
Retazos siga las producciones,
continúe con las investigaciones
coreográficas, pueda constituirse en un
espacio creativo para que los jóvenes
logren realizar sus propias creaciones y
mantener la continuidad del proyecto.
Este
trabajo social con la comunidad es muy
importante, porque obliga a los artistas
a no desvincularse de la realidad, y esa
experiencia deberían de pasarla no
solamente los bailarines, sino todos los
artistas en pleno corazón del centro
histórico de la Ciudad de La Habana.
Habana Vieja, Ciudad en Movimiento
¿funcionaría igual en Montevideo, en
Buenos Aires o en Río de Janeiro por
solo citar tres ciudades?
Hay
muchos lugares que tienen eventos
parecidos a este, pero no tienen las
mismas características del nuestro.
Esta
ciudad tiene un encanto especial y,
además, todo acontece en un mismo
espacio físico. Solo se trata de caminar
de un lado a otro. Súmale a eso el
entusiasmo del público y la capacidad de
incorporarse a lo que se está
desarrollando. Es un ingrediente que
añade el cubano, porque eso es Cuba: un
sentimiento, una forma de ser, de hacer
tanto de los espectadores, como de los
artistas.
La
Habana es especial y la creatividad la
encuentras en las piedras, en las
columnas, en los adoquines… en el
patrimonio tangible, pero también en el
intangible.
¿Expectativas ante el Encuentro
internacional de danza en paisajes
urbanos: Habana Vieja, Ciudad en
Movimiento a iniciarse el próximo
mes de abril?
La
interrogante es la misma de siempre.
Hasta el último momento uno se siente
como flotando. Este año vendrán grupos
con obras de mayor envergadura. Es muy
positiva la masividad, pero hace falta
que las propuestas sean inteligentes y
de calidad.
Estamos buscando, también, la calidad
humana de las personas, la capacidad
para comprender y entender esta ciudad y
la solidaridad. |