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En
modo alguno es Gabriela Mistral ajena a
los cubanos. Y cuando decimos ajena
nos referimos al contenido físico y no
solo espiritual de la palabra. Porque
la Gabriela, como suelen llamarla
sus conterráneos, nos visitó en varias
ocasiones, y su última estancia entre
nosotros se asocia con una fecha de
particular significación: la del
centenario de José Martí, en 1953.
Llegó
entonces en el vapor Florida,
procedente de la Península Itálica, el
23 de enero de 1953. El gobierno cubano
la había invitado a los actos por el
centenario del natalicio de Martí y ella
volvía al cabo de 15 años de ausencia,
con un Premio Nobel que Cuba festejaba
como suyo. Dulce María Loynaz, la
poetisa habanera, se encargaría de
hospedarla.
"Mucho extrañé a Cuba, la patria de
Martí, muy especialmente su luz y
radiante sol... Para Martí, a quien
siempre admiré, desde hace muchos años,
traigo dos obras, en prosa, pequeñas,
pero he puesto en ellas lo mejor de mi
inspiración", declararía al reportero
del diario El País.
A la
altura de sus 63 años, "Gabriela tiene
palabras de mucho estímulo para Carilda
Oliver Labra, a quien acaba de conocer y
que, a su juicio, nada tiene ya que
aprender de la técnica", registra en
su Estampa de Gabriela Mistral la
ensayista Mirta Aguirre, quien la
entrevista para la publicación La
Última Hora.
El 28
de enero, la aldeana chilena —así
se autocalificaría con soberana
modestia— y su viejo amigo Fernando
Ortiz pronunciaron los discursos
centrales del acto solemne por el
centenario del nacimiento del Apóstol.
Y, piensa este redactor, pocos momentos
como aquel le serían tan gratos a la
antigua maestra del valle de Elqui.
De
los escritores cubanos recibió Gabriela
homenajes diversos, los cuales reciprocó
ella en su creciente admiración por la
vida y el quehacer de José Martí. La
Mistral estudió la obra del héroe
cubano, se nutrió de ella y pronunció
juiciosas palabras sobre el Maestro.
Al 12
de julio de 1922 se remonta la primera
visita de la poetisa. En esa fecha
arribó a La Habana en el vapor Orcoma,
para una escala de cuatro días con
destino hacia México. En el muelle
capitalino la esperaban el encargado de
negocios de esa nación, y una nutrida
representación de la intelectualidad
nacional.
Los
directores de las revistas Social,
El Fígaro y Cuba Contemporánea
obsequiaron con un té literario a la
escritora cuya "palabra nueva ha roto
moldes y trabas y se ha levantado como
hacen el árbol y la estrella", según
recogían las páginas de El Fígaro.
El
agasajo tuvo por sede el Salón Andaluz
del hotel Inglaterra, frente al Paseo
del Prado, el sábado 15, vísperas de la
partida. Se leyeron allí poemas de la
Mistral y por último la homenajeada
expresó su agradecimiento en breve
discurso hoy casi perdido, del cual
rescatamos estos fragmentos:
"En
Martí me había sido anticipada Cuba,
como en el viento marino se anticipan
los aromas de la tierra todavía lejana.
Pero yo no sabía hasta qué punto José
Martí expresó a su Isla, con su ardor y
sus suavidades inefables, y no sabía
tampoco hasta qué punto los cubanos
todos prolongan en la carne de su
corazón estos atributos de la Isla y de
su insigne artista: la generosidad, la
efusión."
Una
tercera vez anda Gabriela entre cubanos
en octubre de 1938, esta en gestión
cultural encomendada por su gobierno,
aunque también "en misión impuesta por
sus sentimientos, a refrescar, a
calorizar viejos afectos que dejara
entre nosotros", según recoge el
semanario Bohemia.
Junto
a Paul Valéry y otras celebridades,
Gabriela había sido designada para
integrar el Comité de Letras de la Liga
de las Naciones. La autora de
Desolación accedió a una entrevista
en la que expuso de manera resuelta su
credo político:
"Si
se implantara el fascismo en el mundo
entero, yo andaría todo el orbe, siete
veces, en pos de una roca pelada, donde
no me alcanzara el sistema". Aquí en
Cuba la acompañaron en la redacción de
Bohemia las escritoras Mirta
Aguirre y Fina García Marruz.
La
autora de “Los sonetos de la muerte”
ofreció varias charlas. En la que
impartió el día 30 de octubre, que llevó
por título Los Versos Sencillos de José
Martí, empezó diciendo:
"Leyendo la poesía de Martí a la que
estoy tan ligada, el miembro de la
gracia que yo veo en ella sin una sola
resquebrajadura en la unidad ni en la
perfección, son los Versos Sencillos,
en su cuerpo de 46 poemas, y es allí
donde yo tengo mi festín con el poeta."
En
esa ocasión proclamó que "Martí,
criatura literaria completa, amaba a sus
clásicos y amaba la poesía del pueblo,
porque el humanismo no le disgustó de lo
popular, ni lo elemental le invalidó
para lo clásico".
El
autor de estos apuntes desconoce si
Gabriela Mistral visitó Cuba en otras
oportunidades. Las tres aquí reseñadas
contribuyeron a afianzar los nexos
afectivos entre la escritora y la Isla,
al tiempo que revelaron a la autora en
su natural sencillez y permitieron
conocer de primera mano el
extraordinario legado de sus ensayos
sobre la obra de Martí.
Una
anécdota, recogida por Ángel Augier,
quien la entrevistó en 1953, nos ilustra
a esta singular mujer:
"...
Hace años di una conferencia en un
pueblito cubano, naturalmente sobre
Martí. Como yo en el fondo soy una
aldeana chilena, siempre me gusta ir por
los pueblos y hablar con sus gentes y a
sus gentes. Cuando salí de mi
conferencia, oí que una mujer comentaba:
‘¡Esa señora está enamorada de Martí!’
Me detuve y le respondí: ‘¡Y dígalo
usted. Lo único que lamento es no
haberlo llegado a conocer personalmente.
Y usted también se hubiera enamorado de
conocerlo...!’"
Tal
es la Gabriela que recordamos los
cubanos en el cincuentenario de su
muerte. |