Año V
La Habana

3 al 9 de MARZO
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Gabriela-Teresita:

Canciones para hoy y pasado mañana

Libertad González Oliva • La Habana
Fotos: Alain Gutiérrez

 

Buena parte de niñas y niños de Cuba, más algún que otro adulto, desconoce que una de las canciones que tararean es fruto de una combinación de dos maestras. Sí, porque las voces que entonan Dame la mano y danzaremos…  olvidan —o no saben— que esa letra pertenece a uno de los 28 poemas de la maestra chilena Gabriela Mistral que ha musicalizado otra maestra, pero cubana, Teresita Fernández.
 


Para Tere, que así le llaman sus amigas y amigos, conocer la obra de la poeta mestiza fue todo un descubrimiento: “He leído mucho desde niña, libros como El tesoro de la juventud, luego mucha poesía de Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, José Ángel Buesa, pero cuando encontré a Gabriela me di cuenta que era una poesía distinta. No era romántica, no tenía música… la diferencia entre una flor y una piedra, pero una poesía con mucho contenido, que me estremecía”.
 

Fue Desolación, publicado en 1922, el primer libro que leyó Teresita. “Me gustó mucho y a partir de entonces perseguí su obra. Para mí, junto al peruano Cesar Vallejo y al venezolano Aquiles Nazoa, Gabriela tiene especial mérito en ese afán de utilizar un idioma con palabras de los indígenas y lograr un mestizaje en el habla. Para los tres era una forma de impulsar el despertar de América”.
 

 Son numerosas las cosas de la chilena que impresionaron a Teresita “Era martiana y mucho, y dijo algo que se cumplirá cuando la América despierte, que de hecho esta despertando: ‘mis canciones no son para hoy ni para mañana, son para pasado mañana’”.
 

“Fue tan chilena como americana y universal. Salvador Allende le puso su nombre a una casa de cultura y Pinochet se lo quitó, porque era todo un símbolo”, añade la compositora de El gatico vinagrito.
 

Para Tere tuvo “una vida muy dolorosa, pero muy austera, como la piedra, y a la vez de una ternura infinita. Ella nació muy pobre, fue hija de vasco que tuvo relaciones con una araucana para luego abandonarla”.

“Después que leí a Gabriela, la otra poesía no me interesaba: tuve mucha afinidad con ella: fui también maestra rural, y ambas eramos católicas, sentimos un profundo amor por los pobres y niños, unido a un profundo americanismo. A eso se le añade su sencillez en medio de su grandeza, del premio Nóbel, de los reconocimientos…”, dice Tere y recita versos del Decálogo del artista: “No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella”.
 

Los astros son ronda de niños es el otro poema de Gabriela conocido a través de la música de Teresita, para quien la chilena “es la gran desconocida de América, se conoce solo por circunstancias, tuvo una visión de futuro enorme”.

Muerta el 10 de enero de 1957, en Nueva York, “en un país sin nombre” como calificó a EE.UU., la madre andariega de Chile recibió en vida y con la muerte los más altos honores, en particular el medio millón de coterráneos que la fue a despedir, cuando cumpliendo su voluntad la trasladaron para enterrarla en su aldea natal. Otro chileno inmenso, Pablo Neruda, así dejó escrito lo acontecido con el funeral: “[…] hace algunos días pasé por el sitio donde reposan los restos de la poetisa. Todo es asombroso en aquella tumba. Yo mismo obtuve el terreno para que ella descansara allí, en Monte Grande, en la aldea en que nació. Yo mismo escogí aquel sitio en una colina. Gabriela Mistral vivió en todas partes, en Italia, en Brasil, en España, en los EE.UU.. Y dentro de Chile en el norte del desierto de Atacama y en las soledades de la Patagonia. Pero dejó escrito en su testamento que la enterraran en su aldea, en Monte Grande. Yo cumplí con sus deseos. Busqué un rincón de tierra y los escritores entregamos ese sitio al gobierno. Los escritores pusimos una gran lápida de piedra y el Estado trasladó allí la sepultura de ella. Y allí la dejó abandonada.”

En su lápida se leen dos de sus frases: “Es mi voluntad que mi cuerpo sea enterrado en mi amado pueblo de Monte Grande del Valle de Elqui” y “Lo que el alma hace por su cuerpo, es lo que el hombre hace por su pueblo”.

Pero la muerte es mentira cuando se ha cumplido la obra de la vida: mientras niñas y niños canten felices Dame la mano… Gabriela estará sonriendo, mirando cómo en una pequeña isla sus versos se trasladan de padres a hijos, casi como si fueran anónimos, paridos por la costumbre, la mejor manera de perpetuar la poesía. 

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600