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Si
el verdadero y absoluto espectador
ingenuo existiera, estuviera de paso
por La Habana y francamente seducido
por la arquitectura que circunda la
Plaza Vieja se adentrara en el
inmueble que ocupa Génesis.
Galerías; si cautivado por el patio
interior del palacete decidiera
disfrutarlo desde el balcón de la
planta alta y al ascender, sin
proponérselo, se encontrara en un
recinto de La Casona con la muestra
Arth-Goth ¿qué sucedería? ¿Se
atrevería el cándido espectador a
traspasar la gran sala vacía bajo el
influjo de la música y leería la
línea al fondo sobre la pared?
¿Entendería que lo escrito son los
créditos de autoría que identifican
a la grabación musical de
An
Affair to Remember (Our Love Affair)1
que gustosamente se escucha
reeditada? ¿Abandonaría esta sala al
notar la reiteración de la
melancólica banda sonora y llevado
por la plácida intriga se adentraría
en el espacio contiguo antes de
devolverse a la calle? ¿Manipularía
las obras? ¿(re)Haría su historia?
“cubrió con un velo la cabeza de
Agamenón, el padre de la muchacha, y
dejó que cada espectador imaginase
sus sentimientos”
Aunque aparentemente estas
respuestas no pudieran interesar
mucho a los integrantes del grupo
intelectual que ha concebido esta
exposición, cierto es —y de ello
estoy seguro de que son conscientes
los autores— que lo oculto funciona
muy bien como atractivo, incluso
naif. Y es justamente el misterio,
como recurso primitivo e histórico,
lo que mucho ayuda a las
expectaciones inevitables sobre esta
exhibición de arte vendible,
juiciosamente articulada desde la
relativa hermeticidad de un
lenguaje, que al estilo de jerga
artística contemporánea unió a
cuatro creadores visuales y una
curadora (Ingrid Blanco).
Tras un posible juego de
rompecabezas que sugerían los
conjuntos de piezas amontonadas en
la habitación menor y adjunta a la
gran sala de paredes blancas
—habitualmente utilizadas como
sustentáculo de obras de arte— la
curaduría se propuso otras bromas
más reservadas. Armar o no
avisadamente los fragmentos de ideas
o conceptos pintados presuponía
interpretar ante todo que cada
artimaña de descolocación o
sensación de construcción inconclusa
estaba persignada por la relación
“arte gótico” = "arth goth" =
"argot”. Sinonimia que se basa en el
tratado sobre sabiduría hermética
legado por Fulcanelli en su libro
El misterio de las catedrales2.
De
esta escritura se desprende la
piedra filosofal de lo curado.
Quienes concibieron Arth Goth
actuaron bajo la influencia de un
pensamiento que sustenta la lógica
existencia de lenguajes codificados
para el dominio de una minoría
iniciada y una actitud autoral que
prefiere el disfraz a favor de una
mayor autonomía de la creación en su
impacto con el público. Solo
aquellos posesos por los referentes
necesarios, el ánimo irresistible de
la investigación perspicaz y la
intuición del juicio podrían
alcanzar el placer de la
comunicación y el entendimiento
mayor de los textos cifrados. Para
el resto, la duda sería el estigma
que pesaría sobre el recorrido, y el
goce del enigma irresuelto o el
delirio de la nostalgia incitada
(tal vez exacerbada por la
ineptitud), otras posibles y no
inválidas delicias o sinsabores
hacia Arth-Goth.
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No
obstante a la probable ingenuidad
parcial o total, algunos atrevidos
inocentes pudieron hacerla
reductible al establecer otro tipo
de relación sugerida en las
perspicacias del suceso expositivo3.
Bastaba que al menos decidieran
aprovechar la oportunidad evidente
de tocar los cuadros, moverlos de
lugar, acomodarlos a su gusto —algo
generalmente prohibido al espectador
y solo dado en cierta medida a
compradores y galeristas— para así
efectuar la maquinación de
cuestionar roles institucionales y
esa dualidad museo-boutique que
circunda a las galerías comerciales.
Quienes además reconocieron en los
artistas a un colectivo de
conceptualistas que ha relegado
habitualmente de la pintura como
formato y que ahora exponen lo
pensado bien pintado, pudieron sumar
al juego una ambigua diatriba sobre
el porqué pintar para vender mejor.
Conociéndolos un poco más, de manera
singular y no como secta, podríamos
descubrir a quién pertenece cada
montón de tela pintada pero no
fichada. Pero esta incógnita burlona
de la autoría no estuvo entre lo más
sagazmente encubierto. Bastaba con
obviar los protocolos de observación
museográfica y voltear los lienzos
para descubrir las series: Rojo,
de Antonio Margolles; Verbo y
principio, de Douglas Argüelles;
Satélite View II, de Ernesto
Leal; y The Anatomy of Melancholy,
de Luis Gómez. Solo Walter
Velásquez, no identificó de manera
alguna su desorden de grandes
grafemas en blanco y negro, pero una
simple deducción lo delataba como
creador de este acertijo que además
lleva por título Lost and Found.
“Temor y temblor por doquier, terror
por doquier, por doquier temor.
Miedos, temores y terrores por todas
partes, en cualquier tiempo y
estación”.
Individualizando —más a lo
renacentista— los misterios de
Arth Goth, hurgo en el léxico de
Luis Gómez por considerarlo además
el más genuino alquimista de este
tipo de cábala. Su serie homónima al
ensayo psiquiátrico sobre la
melancolía de Robert Burton4
almacena la esencia misma de la
curaduría toda. Gómez ironizó más el
tratamiento de la pintura al cambiar
el lienzo común por un tapiz
industrial y ordinario sobre el cual
estampó citas a otras obras y
artistas5, incluyendo la
suya propia, versión del texto de
Burton. Su controversial y delirante
pasión por las correlaciones entre
pintura-arte-pensamiento-mercado-política-cultura-genio-mito
invitan también a una contextual
relectura al tratado sobre la
melancolía como hipocondría, sin
dejar de advertir toda asociación
general con el miedo y el terror
gótico y/o contemporáneo que da
pátina a los más actuales tonos
socioculturales del universo.
Este artista está acostumbrado a
estructurar conjeturas e hipótesis
bien ponderadas en los círculos de
la llamada “alta cultura”, siendo
además un arquitecto de la sospecha
y lo sibilino alrededor del pensar
filosófico universal. Su obra está
llena de vínculos velados
insinuantes de una posible
indagación y encuentro con caminos
hacia la respuesta. Por eso no dudo
que detrás de su intertextual serie
cargada de Burton se enmascaren
también otras sutiles polémicas, e
incluyo en ellas una versión
personal de Luis Gómez a
Mélancolie.
Génie et folie en Occident.6
Notas:
[1]
An Affair to Remember (Our Love
Affair) es el título original
del tema de la película An Affair
to Remember dirigida en
1957
por
Leo
McCarey
y considerada uno de los más
románticos filmes de todos los
tiempos. Mac Carey realizó un remake
de la cinta
Love
Affair
(1939).
El tema An Affair to Remember (Our
Love Affair) compuesto por
Harry
Warren
es valorado como muy importante en
el éxito de la película. También se
considera que el filme Sleepless
in Seattle (1993), de Nora
Ephron, está inspirado en An
Affair to Remember. En 1994
Warren Beatty
escribió y protagonizó con su esposa
Annette Bening
otro remake que
volvió al original Love Affair.
Esto convierte a An Affair to
Remember en una cita de alto
valor intertextual y melancólico por
toda la carga de pasado que refiere
en sí misma.
2
El misterio de las catedrales y la
interpretación esotérica de los
símbolos herméticos es considerada
una de las obra cumbres de
Fulcanelli quien también escribió
Las moradas filosófales y el
simbolismo hermético en sus
relaciones con el arte sagrado y el
esoterismo de la gran obra.
Fulcanelli es el pseudónimo de un
autor de libros de
alquimia del siglo XX. Se
especula con la posibilidad de que
se tratase de Jean Julien Champagne
o quizás René Adolphe Schwaller de
Lubicz. Es mucho lo que se ha
escrito sobre la vida de este
personaje, pero la mayor parte de
sus biografías están basadas en
testimonios inciertos, pues al
parecer ocultaba expresamente toda
información sobre su persona,
propiciando la circulación de
infinidad de rumores. Se cree que
nació en
1877
en
Villiers-le-Bel (Francia)
y murió pobre en
París
el año
1932.
Fulcanelli se movió hasta los años
veinte del siglo pasado por Francia
y ocasionalmente por Barcelona. Se
rodeó de un círculo de selectas e
influyentes amistades, entre ellas
Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc,
arquitecto y restaurador de
catedrales góticas francesas gracias
a quien aprendió a amar el
arte
gótico y consiguió
interpretar con éxito el significado
de la
alquimia y su
representación en las gigantescas
catedrales góticas (relieves,
portadas, escultura, suelo,
vidrieras). Tomado de Wikipedia. La
Enciclopedia Libre.
3
Como suceso expositivo Arth-Goth se
movió bajo determinadas claves de
acción y presentación que provocan a
un análisis de su carácter dual
entre deconstructora representación
museográfica de una tesis y latente
intervención performática de una
galería.
4Robert
Burton. Estudió y vivió siempre en
Oxford, donde murió en 1640. Bajo
el seudónimo de Denocritus Junior
publicó en 1621 The anatomy of
Melancholy considerada su obra
magna y el primer tratado
enciclopédico de psiquiátrica.
5
La más evidente y cercana
intertextualidad está dada por una
truncada franja de líneas de colores
que refiere inevitablemente al
proyecto Auge o decadencia del
arte cubano. Acción concebida
por Flavio Garciandía en el Museo
Nacional de Bellas Artes como parte
del programa colateral a la Novena
Bienal de La Habana y la que fue
invitado a participar un amplio y
heterogéneo grupo de artistas
cubanos residentes o no en la Isla.
6
Mélancolie. Génie et folie en
Occident, Muestra que se exhibió
del 13 de octubre de 2005 al 16 de
enero de 2006, en las Galerías
Nacionales del Grand Palais de París |