Año V
La Habana
2007

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Enigmas y delirios en el Arth-Goth de La Casona
Melancólicos y misteriosos
Andrés D. Abreu • La Habana

Si el verdadero y absoluto espectador ingenuo existiera, estuviera de paso por La Habana y francamente seducido por la arquitectura que circunda la Plaza Vieja se adentrara en el inmueble que ocupa Génesis. Galerías; si cautivado por el patio interior del palacete decidiera disfrutarlo desde el balcón de la planta alta y al ascender, sin proponérselo, se encontrara en un recinto de La Casona con la muestra Arth-Goth ¿qué sucedería? ¿Se atrevería el cándido espectador a traspasar la gran sala vacía bajo el influjo de la música y leería la línea al fondo sobre la pared? ¿Entendería que lo escrito son los créditos de autoría que identifican a la grabación musical de An Affair to Remember (Our Love Affair)1 que gustosamente se escucha reeditada? ¿Abandonaría esta sala al notar la reiteración de la melancólica banda sonora y llevado por la plácida intriga se adentraría en el espacio contiguo antes de devolverse a la calle? ¿Manipularía las obras? ¿(re)Haría su historia?

“cubrió con un velo la cabeza de Agamenón, el padre de la muchacha, y dejó que cada espectador imaginase sus sentimientos”

Aunque aparentemente estas respuestas no pudieran interesar mucho a los integrantes del grupo intelectual que ha concebido esta  exposición, cierto es —y de ello estoy seguro de que son conscientes los autores— que lo oculto funciona muy bien como atractivo, incluso naif. Y es justamente el misterio, como recurso primitivo e histórico, lo que mucho ayuda a las expectaciones inevitables sobre esta exhibición de arte vendible, juiciosamente articulada desde la relativa hermeticidad de un lenguaje, que al estilo de jerga artística contemporánea unió a cuatro creadores visuales y una curadora (Ingrid Blanco).

Tras un posible  juego de rompecabezas que sugerían los conjuntos de piezas amontonadas en la habitación menor y adjunta a la gran sala de paredes blancas —habitualmente utilizadas como sustentáculo de obras de arte— la curaduría se propuso otras bromas más reservadas. Armar o no avisadamente los fragmentos de ideas o conceptos pintados presuponía interpretar ante todo que cada artimaña de descolocación o sensación de construcción inconclusa estaba persignada por la relación “arte gótico” = "arth goth" = "argot”. Sinonimia que se basa en el tratado sobre sabiduría hermética legado por Fulcanelli en su libro El misterio de las catedrales2.

De esta escritura se desprende la piedra filosofal de lo curado. Quienes concibieron Arth Goth actuaron bajo la influencia de un pensamiento que sustenta la lógica existencia de lenguajes codificados para el dominio de una minoría iniciada y una actitud autoral que prefiere el disfraz a favor de una mayor autonomía de la creación en su impacto con el público. Solo aquellos posesos por los referentes necesarios, el ánimo irresistible de la investigación perspicaz y la intuición del juicio podrían alcanzar el placer de la comunicación y el entendimiento mayor de los textos cifrados. Para el resto, la duda sería el estigma que pesaría sobre el recorrido, y el goce del enigma irresuelto o el delirio de la nostalgia incitada (tal vez exacerbada por la ineptitud), otras posibles y no inválidas delicias o sinsabores hacia Arth-Goth.

No obstante a la probable ingenuidad parcial o total, algunos atrevidos inocentes pudieron hacerla reductible al establecer otro tipo de relación sugerida en las perspicacias del suceso expositivo3. Bastaba que al menos decidieran aprovechar la oportunidad evidente de tocar los cuadros, moverlos de lugar, acomodarlos a su gusto —algo generalmente prohibido al espectador y solo dado en cierta medida a compradores y galeristas— para así efectuar la maquinación de  cuestionar roles institucionales y esa dualidad museo-boutique que circunda a las galerías comerciales.

Quienes además reconocieron en los artistas a un colectivo de conceptualistas que ha relegado  habitualmente de la pintura como formato y que ahora exponen lo pensado bien pintado, pudieron sumar al juego una ambigua diatriba sobre el porqué pintar para vender mejor.

Conociéndolos un poco más, de manera singular y no como secta, podríamos descubrir a quién pertenece cada montón de tela pintada pero no fichada. Pero esta incógnita burlona de la autoría no estuvo entre lo más sagazmente encubierto. Bastaba con obviar los protocolos de observación museográfica y voltear los lienzos para descubrir las series: Rojo, de Antonio Margolles; Verbo y principio, de Douglas Argüelles; Satélite View II, de Ernesto Leal; y The Anatomy of Melancholy, de Luis Gómez. Solo Walter Velásquez, no identificó de manera alguna su desorden de grandes grafemas en blanco y negro, pero una simple deducción lo delataba como creador de este acertijo que además lleva por título Lost and Found.

“Temor y temblor por doquier, terror por doquier, por doquier temor. Miedos, temores y terrores por todas partes, en cualquier tiempo y estación”.

Individualizando —más a lo renacentista— los misterios de Arth Goth, hurgo en el léxico de Luis Gómez por considerarlo  además  el más genuino alquimista de este tipo de cábala. Su serie homónima al ensayo psiquiátrico sobre la melancolía de Robert Burton4 almacena la esencia misma de la curaduría toda. Gómez ironizó más el tratamiento de la pintura al cambiar el lienzo común por un tapiz industrial y ordinario sobre el cual estampó citas a otras obras y artistas5, incluyendo la suya propia, versión del texto de Burton. Su controversial y delirante pasión por las correlaciones entre pintura-arte-pensamiento-mercado-política-cultura-genio-mito invitan también a una contextual relectura al tratado sobre la melancolía como hipocondría, sin dejar de advertir toda asociación general con el miedo y el terror gótico y/o contemporáneo que da pátina a los más actuales tonos socioculturales del universo.

Este artista está acostumbrado a  estructurar conjeturas e hipótesis bien ponderadas en los círculos de la llamada “alta cultura”, siendo además un arquitecto de la sospecha y lo sibilino alrededor del pensar filosófico universal. Su obra está llena de vínculos velados insinuantes de una posible indagación y encuentro con caminos hacia la respuesta. Por eso no dudo que detrás de su intertextual serie cargada de Burton se enmascaren también otras sutiles polémicas, e incluyo en ellas una versión personal de Luis Gómez a Mélancolie. Génie et folie en Occident.6

Notas:

[1] An Affair to Remember (Our Love Affair) es el título original del tema de la película An Affair to Remember dirigida en 1957 por Leo McCarey y considerada uno de los más románticos filmes de todos los tiempos. Mac Carey realizó un remake de la cinta Love Affair (1939). El tema An Affair to Remember (Our Love Affair) compuesto por Harry Warren es valorado como muy importante en el éxito de la película. También se considera que el filme Sleepless in Seattle (1993), de Nora Ephron, está inspirado en An Affair to Remember. En 1994 Warren Beatty escribió y protagonizó con su esposa Annette Bening otro remake que volvió al original Love Affair. Esto convierte a An Affair to Remember en una cita de alto valor intertextual y melancólico por toda la carga de pasado que refiere en sí misma.
2 El misterio de las catedrales y la interpretación esotérica de los símbolos herméticos es considerada una de las obra cumbres de Fulcanelli quien también escribió Las moradas filosófales y el simbolismo hermético en sus relaciones con el arte sagrado y el esoterismo de la gran obra. Fulcanelli es el pseudónimo de un autor de libros de alquimia del siglo XX. Se especula con la posibilidad de que se tratase de Jean Julien Champagne o quizás René Adolphe Schwaller de Lubicz. Es mucho lo que se ha escrito sobre la vida de este personaje, pero la mayor parte de sus biografías están basadas en testimonios inciertos, pues al parecer ocultaba expresamente toda información sobre su persona, propiciando la circulación de infinidad de rumores. Se cree que nació en 1877 en Villiers-le-Bel (Francia) y murió pobre en París el año 1932. Fulcanelli se movió hasta los años veinte del siglo pasado por Francia y ocasionalmente por Barcelona. Se rodeó de un círculo de selectas e influyentes amistades, entre ellas Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc, arquitecto y restaurador de catedrales góticas francesas gracias a quien aprendió a amar el arte gótico y consiguió interpretar con éxito el significado de la alquimia y su representación en las gigantescas catedrales góticas (relieves, portadas, escultura, suelo, vidrieras). Tomado de Wikipedia. La Enciclopedia Libre.
3 Como suceso expositivo Arth-Goth se movió bajo determinadas claves de acción y presentación que provocan a un análisis de su carácter dual entre deconstructora representación museográfica de una tesis y latente intervención performática de una galería.

4
Robert Burton. Estudió y vivió siempre en Oxford, donde murió en 1640.  Bajo el seudónimo de Denocritus Junior  publicó en 1621  The anatomy of Melancholy considerada su obra magna y el primer tratado enciclopédico de psiquiátrica.
5 La más evidente y cercana intertextualidad está dada por una truncada franja de líneas de colores que refiere inevitablemente al  proyecto  Auge o decadencia del arte cubano. Acción concebida por Flavio Garciandía en el Museo Nacional de Bellas Artes como parte del programa colateral a la Novena Bienal de La Habana y la que fue invitado a participar un amplio y heterogéneo grupo de artistas cubanos residentes o no en la Isla.

6
Mélancolie. Génie et folie en Occident, Muestra que se exhibió del 13 de octubre de 2005 al 16 de enero de 2006, en las Galerías Nacionales del Grand Palais de París

 
 

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