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Una
sombrilla amarilla se abre cada semana
en la televisión para hacer felices a
niños y adultos. Bajo su magia se
guarece una casa de puertas siempre
abiertas y una alegre familia de amigos.
En casa de Marcelina hay “un lugar para
cada cosa y cada cosa en su lugar”.
Después de varios años de peripecias y
sombrillas este programa infantil ha
devenido un ícono de la cultura infantil
y popular cubana. Que niños y padres
puedan recitar, masivamente, parlamentos
del programa en las presentaciones en
vivo del elenco de “La sombrilla
amarilla” dice mucho de la relación
establecida entre actores y público.
Dentro de todos los personajes de esta
historia hay dos puntales: Marcolina,
interpretada por Norma Reina Morales, y
Enrique Chiquito, asumido por Michaelis
Cué. En sus voces está la historia de un
proyecto que les ha regalado anécdotas
especiales y ha cambiado sus vidas.
¿Cómo nació la idea de “La sombrilla
amarilla”?
Norma
Reina: La idea es de la escritora Ivette
Vian. El programa estuvo rodando por el
ICRT una serie de años y nadie lo hacía
hasta que Mariela López —una directora
muy joven— muy osadamente leyó el
proyecto del programa, le interesó y
empezó a reunir el elenco. A partir de
ahí, cada vez que llamaba a un actor que
le interesaba lo sumaba al elenco, nos
reunimos todos y felizmente nació “La
sombrilla…”. Con los años han cambiado
muy pocos actores, el que
más
ha cambiado ha sido
el
Juan Andarín y también cambió un niño,
los demás hemos sido fieles a la familia
de amigos. Cada vez que se ha hecho un
cambio ha sido muy productivo, ha sido
una inyección de energía al grupo muy
buena.
¿Cómo es trabajar para los niños?
Norma
Reina: Lo mejor que hay, es el público
más agradecido, más sincero. Marcolina
ha sido el mejor trabajo que he hecho.
¿Qué diferencias hay entre hacer
programas en un estudio a hacer
espectáculos en vivo para los niños?
Norma
Reina: Los primeros sorprendidos fuimos
nosotros la primera vez que salimos a la
calle después de que saliera “La
sombrilla amarilla” al aire, porque
nunca pensamos que el programa fuera a
tener una aceptación tan masiva, no solo
por parte de los niños sino también de
los adultos, eso nos sorprendió mucho. A
partir de ahí cada vez que llegamos a un
lugar son experiencias nuevas, cosas
sorprendentes, es realmente maravilloso.
En los espectáculos en vivo son los
niños quienes llevan el programa, el
guión se cambia según la
retroalimentación que vayamos recibiendo
del público.
La
mayoría de la gente que trabaja para los
niños se queja de no tener suficiente
reconocimiento, pero a ustedes no les
pasa así…
Norma
Reina: Yo no necesito que me reconozca
la televisión, la prensa, yo me siento
reconocida en la calle todo el tiempo
por los niños y ese es mi objetivo al
hacer Marcolina, llegar a los niños, ese
el reconocimiento por el cual trabajo,
no quiero otro.
Michaelis Cué: Pero tú te refieres a que
este es un género subestimado por la
gente, que ve el dedicarse a trabajar
para los niños como algo menor y eso es
una equivocación. En todo el arte el
resultado es quien dice la última
palabra: cuando no hay resultados la
gente puede decir que efectivamente es
un subarte, pero cuando ocurre algo como
esto —donde ya desde los guiones de
Ivette Vian había calidad— cuando vemos
el resultado que ha tenido “La sombrilla
amarilla”, pasa lo que estaba diciendo
Norma Reina, de arte menor nada, al
contrario.
Ahora “La sombrilla amarilla” ha salido
en libros, en DVD, etc, ¿qué significa
eso para ustedes?
Michaelís Cué: Eso es importantísimo, en
primer lugar porque el formato de video
tiene vida limitada y es triste que se
pierda en la memoria un programa fuera
de lo común, con ese nivel de
trascendencia. La Marcolina como
personaje paradigmático de la cultura
cubana es muy parecido a lo que puede
ser Elpidio Valdés, salvando las
diferencias conceptuales, pero ya está
en el imaginario de este país y todo lo
que se pueda hacer para que quede es
realmente bienvenido.
¿Antes de comenzar a hacer este programa
ustedes leyeron textos teóricos sobre
cómo trabajar con niños o comenzaron a
trabajar y sobre la marcha fueron
aprendiendo?
Norma
Reina: En el elenco de “La sombrilla…”
hay una diversidad de edad enorme.
Gracias a su buena intuición la
directora escogió a Michaelis Cué que
dirigió el tono del programa. Nos
reuníamos, leíamos, a todos nos unía el
amor de los niños, pero había varios
actores que no tenían experiencia de
ningún tipo y la fueron adquiriendo
gracias a los trabajos de mesa, pero no
leímos otra cosa que no fuera el guión
de “La sombrilla…”. Sencillamente lo
primero que nos planteamos fue jugar y
sentirnos nosotros bien con lo que
estábamos haciendo. Los programas
siempre tienen una enseñanza, pero nunca
están hechos para enseñarte “esto”.
Michaelis Cué: Nos dimos cuenta de que
debíamos volvernos niños y las
relaciones entre nosotros, sin llegar a
ser inmaduras, debían ser de juego como
acaba de decir Norma Reina, unas
relaciones donde cupiera todo. Marcolina
es una mujer que vive con las puertas
abiertas, es una mujer que está en una
situación trágica y dice un poema.
Gracias a que Enrique Chiquito y la
Marcolina tienen almas de niños, el niño
espectador se comunica mejor con ellos.
Hay un sentido de que todo puede ser en
casa de Marcolina. “La sombrilla
amarilla” está jugando con valores
universales, pero universales dentro de
lo cubano, como el valor de la familia,
de la amistad, de la sinceridad, la
fraternidad, elementos que muchas veces
se pierden. Tratamos de no subestimar al
niño. Mucha gente, cuando trabaja para
ellos, apela a la ñoñería, a la
utilización de diminutivos. Los niños
son personas muy profundas y dentro de
esa profundidad hay que tratarlo todo,
siempre dentro de la tónica del juego
del color, todo lo que para un niño
puede ser atractivo pero profundo. Yo
tengo una hija de diez años, cuando
empezamos “La sombrilla amarilla”
tendría unos dos y yo siempre probaba
los guiones con ella. Cuando yo veía que
algo no funcionaba eso me daba una
visión mayor de lo que era el programa.
Me ayudó muchísimo para encontrar el
tono que decía ahorita Norma Reina.
Norma
Reina: En las grabaciones de los
programas todos nos poníamos a jugar
como si fuéramos niños y gracias a esos
juegos —surgidos lo mismo de los niños
que de los mayores— pudimos incorporar
textos que no sabíamos cómo íbamos a
filmar. Eso nos daba mucha libertad
creadora.
¿No temen como actores que los
encasillen en un personaje?
Michaelis Cué: El encasillamiento es
inevitable, pero no solamente si haces
cosas para niños, cualquier personaje
que te marque te encasilla; en cuanto a
mí, cuando la gente ve una obra como
Marx en el Soho dice: caramba, y
este es el mismo actor que hace Enrique
Chiquito, o sea, también está en lo que
uno se proponga y se proyecte. En mi
caso, como soy un actor que nunca había
hecho trabajos para niños, por el
contrario, siempre había trabajado para
adultos, si me encasillan bienvenido
sea, yo soy quien debe desencasillarse.
Yo sigo haciendo mi teatro y la gente me
ve como un actor que puede hacer muchas
cosas, pero si se me diera el caso de
que nada más me vieran como Enrique
Chiquito, está bien, soy feliz.
Norma
Reina: Yo dichosamente he cambiado el
nombre, ya me llamo Marcolina, nombre
que al principio no me gustaba mucho
pero ahora me encanta. Gracias a
directores de la televisión creo que no
me he encasillado porque recién termino
de hacer una novela (Historias de
fuego) donde tengo un personaje que
no tiene nada que ver con Marcolina, no
me asusta porque ya tengo la comparación
de Carola —que ha salido junto con
Marcelina— y los niños saben delimitar:
esta es Carola, aquella es Marcolina y
no pasa nada, pero si tengo que seguir
haciendo Marcolina toda mi vida, yo
feliz y contenta, porque ya no sé hasta
dónde soy Marcolina y hasta dónde soy
Norma Reina. |