Año V
La Habana

17 al 23 de MARZO
de 2007

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Gabriel García Márquez

Clásico de nuestro tiempo

Eduardo Heras León • La Habana

 

Desde hace muchos años, Gabriel García Márquez adquirió esa categoría tan especial de clásico, que contamina toda su obra y lo ha convertido en una leyenda viva de la literatura universal: ese lenguaje terso, de una diversidad de matices asombrosa, una adjetivación que indudablemente en sus orígenes venía de Borges, pero que después fue enriqueciendo su prosa hasta convertirla en un instrumento dócil y mucho más flexible que la del gran narrador argentino, dejaron una huella imborrable en su estilo: apenas se lee una línea de García Márquez, el lector es capaz de identificarlo inmediatamente. 

De toda su vasta obra, prefiero tres obras maestras indiscutibles: El coronel no tiene quien le escriba, donde la estructura, el lenguaje seco y parco, de una precisión increíble, todo, en fin, va confluyendo en la creación del personaje protagónico, sencillamente inolvidable; Crónica de una muerte anunciada, insólita novela donde desde la primera línea se conoce el desenlace, y sin embargo, el lector se mantiene atrapado en el laberinto de una estructura originalísima y un lenguaje polisémico, hasta el previsible final que nos deja exhaustos y agradecidos; y finalmente, la obra maestra absoluta, Cien años de soledad: siempre he dicho, bromeando, que después de escribir semajante novela, un autor ya puede despedirse del mundo, en la confianza de que su nombre perdurará en la historia de la literatura universal. Pero no sólo escribirla, sino simplemente pensarla: plantearse siquiera la posibilidad de escribir semejante obra, con su maravillosa estructura circular, su lenguaje a prueba de balas, sus fabulosos personajes, prodigios de la imaginación más desenfrenada y a la vez más contenida; el original empleo de todos los recursos técnicos a disposición del narrador, especialmente el tiempo, es un milagro que sólo se da en la literatura posiblemente una vez en un siglo: Cien años de soledad es el Quijote de la era moderna.

Mi obra no tiene puntos de contacto con la del Gabo, pero creo que él ha influido, de una u otra forma en los escritores contemporáneos: sin su obra literaria todos hubiéramos sido más pobres y mucho más infelices.
   
Me he encontrado con él varias veces y hemos conversado y pudiera contar las impresiones, siempre imborrables que ha dejado en mí en cada ocasión. Pero más bien quiero señalar aquí algo que nunca se ha comentado: en 1968, por iniciativa de Nuria Nuiry, en aquel entonces, profesora de Literatura en la Escuela de Periodismo, se trasmitió un programa  por Radio Liberación, acerca de Cien años de soledad. Posiblemente fuera el primer programa dedicado a esta novela en Latinoamérica y tal vez en el mundo. La obra había sido publicada unos pocos meses atrás, por la Editorial Sudamericana, y en el programa —tipo panel— participamos Rogerio Moya, Nayda Sanzo y yo, en aquel entonces estudiantes de Periodismo, todavía enloquecidos por el impacto de la lectura de aquel libro fabuloso. Así lo dijimos en ese momento, y así seguimos pensando casi 40 años después.
 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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