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En
los últimos días he esperado que
aparezca por televisión el encuentro
reciente de dos grandes amigos: Fidel y
Gabriel García Márquez. No ha sido así
hasta ahora. Pero algún que otro aspecto
he sabido porque el escritor —siempre
perseguido por la prensa—, en esta
oportunidad accedió a ofrecer algunos
detalles, luego de que el propio Fidel
le comentara sobre el encuentro al
presidente Hugo Chávez, otro gran amigo,
hecho que sirvió para que ambos
mandatarios cruzaran a través del
teléfono frases laudatorias acerca del
autor de Cien años de soledad.
“Esta mañana tuve la visita de Gabo, que
se me apareció por aquí. Está por aquí”,
le dice Fidel a Chávez, quien exclama
“Ah, yo estaba llamándolo. No pude
hablar con él”. Y el líder cubano le
comenta “El otro día escuché tu discurso
muy elogioso para él, muy generoso y muy
bueno”, a lo que su hijo por convicción
le responde “Tú sabes cómo lo queremos.
Y ya te alcanzó: 80 años. Espérame, que
yo te voy a alcanzar, me faltan nada más
que 28 años. ¡Tú me esperas!”.
Por suerte para la extraordinaria
fidelidad de García Márquez, el amigo
convaleciente habló públicamente de su
visita, entonces él, aunque de forma
parca, lo hizo también porque como
señaló “Así no se me escapa”. Dijo que
en la charla caminó hasta cansarse “Uff,
kilómetros, diría yo” para puntualizar
“Sólo digo que es el mismo Fidel de
siempre”, del que ha expresado también
“es una fuerza de la naturaleza y con él
nunca se sabe”.
“No lo veo hace tiempo por su
enfermedad, que estoy seguro ya sale de
eso”, había expresado cuando recién
llegaba a La Habana para luego agregar,
acerca de un posible encuentro con
Fidel, que es “lo que más deseo”, sueño
que fue cumplido.
Se conocieron en 1959 cuando uno era el
líder joven, aclamado, victorioso que
traía un destino singular a la mayor de
Las Antillas, el otro un sagaz
periodista colombiano, también joven,
con algunos cuentos éditos y muchos
más por publicar. Entonces Fidel le
propuso a Gabo que fuera corresponsal de
la Agencia Prensa Latina y por ahí
comenzó la historia de este acercamiento
que para el escritor Dasso Saldívar,
“se basa en una fascinación mutua.
Siempre he pensado que en esta pareja de
amigos ha ocurrido lo mismo que entre
Charles de Gaulle y Malraux, es decir,
se trataría de un caso de transmigración
vocacional, en el que el político
desearía ser el escritor y éste, el
dirigente político”.
El autor de El viaje a la semilla,
una amplia biografía de García Márquez,
sostiene que existen paralelismo y coincidencias en
las vidas del escritor y el líder
revolucionario: “Los dos son del Caribe,
los dos descienden de gallegos, los dos
son grandes patriarcas en su propio
terreno, los dos son los personajes más
famosos de América Latina, los dos son
grandes lectores, les encanta la
culinaria, son muy sentimentales”.
También, hace pocos días contó que el
escritor colombiano Álvaro Mutis, íntimo
de su coterráneo pero distante de
Fidel, le advirtió: “Ponle cuidado a
esa amistad, que ese par de amigos se
quieren de veras, independientemente de
la cosa política”.
Por estos meses de los aniversarios 80
del natalicio del Gabo, 25 de la entrega
del Premio Nóbel y 40 de la publicación
de Cien años de soledad; entre
los múltiples libros y homenajes ha
visto la luz el volumen Gabo y Fidel:
el paisaje de una amistad, del sello
Espasa, de Ángel Esteban y Stéphanie
Panichelli, en el que los autores
compilaron diversos documentos del autor
colombiano sobre el líder caribeño y de
este acerca de su amigo “o sobre
literatura, anécdotas inéditas,
historias interminables, detalles de
amistad o de reproche, observaciones
agudas sobre sus personalidades”.
García Márquez ha explicado el por que
de esa amistad “Viene precisamente de la
convicción que tengo de que lo que hay
que buscar es un camino latinoamericano,
que se puede encontrar. Fidel ha abierto
una gran brecha en ese sentido. Además
desarrollé una amistad personal con él
que siguió otro rumbo, inclusive
divergente del político: donde empiezan
los desacuerdos de ese género comienza
otro tipo de afinidades humanas y de
comprensión de la situación cubana”.
“Mi amistad con Fidel Castro, que yo
considero muy personal y sostenida por
un gran afecto, empezó por la
literatura” sostiene el novelista y
cuenta que en la década del 70 Fidel le
comentó sobre lo aburrido de leer
documentos oficiales y entonces “Yo le
sugerí que leyera algunos libros que
unían a su valor literario una amenidad
buena para aliviar el cansancio de la
lectura obligatoria Le cité muchos y
descubrí, con sorpresa, que los había
leído todos, y con muy buen criterio.
Esa noche descubrí lo que muy pocos
saben: Fidel Castro es un lector voraz,
amante y conocedor muy serio de la buena
literatura de todos los tiempos, y, aún
en las circunstancias más difíciles,
tiene un libro interesante a mano para
llenar cualquier vacío.”
“Es un lector tan atento y minucioso que
encuentra contradicciones y datos falsos
donde uno menos se lo imagina” sostiene
el Nóbel y confiesa que cuando leyó
El relato de un náufrago, fue a
buscarlo al hotel para advertirle sobre
un error de cálculo en la velocidad del
barco. Y tenía razón. Así antes de
publicar Crónica de una muerte
anunciada, se la mostró y de nuevo
encontró un desliz.
“Uno siente que a Fidel le gusta el
mundo de la literatura, que se halla muy
cómodo dentro de él y se complace en
cuidar la forma literaria de sus
discursos escritos”
—apunta
Gabo, y revela: “En una ocasión, no sin
cierto aire de melancolía, me dijo: En
mi próxima reencarnación yo quiero ser
escritor”.
Hay decenas de testigos de la admiración
mutua de uno por el otro. El cineasta
Fernando Pérez me contó que cuado él iba
a realizar un documental sobre el
bloqueo, le sugirieron que hablara con
García Márquez. “Lo contacté, logré un
encuentro y nos vimos en Casa de Las
Américas. Tú sabes que yo soy tímido y
le hablaba de bloqueo y él empezaba por
ahí y terminaba en Fidel. Siempre
Fidel, sentí que estaba fascinado, que
no hablaba sólo el escritor que admiraba
a un jefe de estado, que era mucho más”.
El célebre colombiano ha gozado de la
amistad de otros políticos, por ejemplo,
la de François Mitterrand, sobre quien
hace un tiempo declaró: “Las
circunstancias en que nos encontramos
siempre, sobre todo después de que llegó
a la presidencia de la república, nos
llevan a hablar casi exclusivamente de
política, y casi nunca de literatura. Es
todo lo contrario de lo que me ha
ocurrido con Fidel”.
Interrogado sobre las más diversas
categorías en las que se mueve el ser
humano, García Márquez ha hablado de la
soledad y el poder “Sí, en realidad yo
creo, mirando hacia atrás, que entre la
fama y el poder hay una relación
bastante estrecha y son las
posibilidades de aislamiento que ambos
tienen. Es decir, las posibilidades de
aislamiento... de soledad en el poder.
Creo que es una ilusión bastante vieja.
E inclusive un poco mecánica. Se refiere
a que la persona que tiene el poder está
un poco a merced de quienes le informan.
Es decir, el contacto con la realidad no
es directo sino que pasa a través de
muchos intermediarios, en el caso del
poder. Yo conozco una excepción bastante
válida que es la de Fidel Castro, a
quien conozco personalmente; con quien
he conversado largas horas... Es una
persona extraordinariamente bien
informada. Pero Fidel Castro está
permanentemente preocupado por combatir
la soledad del poder. No sé si lo hace
consciente o inconscientemente. Pero
Fidel está constantemente interesado en
obtener información directa. Es uno de
los hombres mejor informados que yo
conozco y probablemente, uno de los
menos solitarios”.
Millones de personas en todo el planeta
que además de admirar al mago del
realismo latinoamericano, reconocen al
hombre de principios que no se deja
vapulear por los medios de difusión.
Hace unos años afirmó “Lo peor que le
puede suceder a un hombre que no tiene
vocación para el éxito literario, o en
un continente que no está acostumbrado a
tener escritores de éxito, es publicar
una novela que se venda como salchichas.
Ese es mi caso. Me he negado a
convertirme en un espectáculo, detesto
la televisión, los congresos literarios,
las conferencias y la vida intelectual”.
Si Federico García Lorca dijo “Escribo
para que me quieran”, décadas después el
colombiano más famoso aseveró “Escribo
para que me quieran más mis amigos”.
Y por supuesto ha hecho posible que sus
amigos le quieran más, como su coetáneo
antillano, ese que es uno de sus
lectores más agudos y críticos, que ya
casi restablecido pudo recibirlo,
charlar, reírse, intercambiar, haciendo
realidad el reclamo del Gabo. |