Año V
La Habana

17 al 23 de MARZO
de 2007

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Fidel y García Márquez

Dos amigos que se quieren bien

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 

En los últimos días he esperado que aparezca por televisión el encuentro reciente de dos grandes amigos: Fidel y Gabriel García Márquez. No ha sido así hasta ahora. Pero algún que otro aspecto he sabido porque el escritor —siempre perseguido por la prensa—, en esta oportunidad accedió a ofrecer algunos detalles, luego de que el propio Fidel le comentara sobre el encuentro al presidente Hugo Chávez, otro gran amigo, hecho que sirvió para que ambos mandatarios cruzaran a través del teléfono frases laudatorias acerca del autor de Cien años de soledad.

“Esta mañana tuve la visita de Gabo, que se me apareció por aquí. Está por aquí”, le dice Fidel a Chávez, quien exclama “Ah, yo estaba llamándolo. No pude hablar con él”. Y el líder cubano le comenta “El otro día escuché tu discurso muy elogioso para él, muy generoso y muy bueno”, a lo que su  hijo por convicción le responde “Tú sabes cómo lo queremos. Y ya te alcanzó: 80 años. Espérame, que yo te voy a alcanzar, me faltan nada más que 28 años. ¡Tú me esperas!”.

Por suerte para la extraordinaria fidelidad de García Márquez, el amigo convaleciente habló públicamente de su visita, entonces él, aunque de forma parca, lo hizo también porque como señaló “Así no se me escapa”. Dijo que en la charla caminó hasta cansarse “Uff, kilómetros, diría yo” para puntualizar  “Sólo digo que es el mismo Fidel de siempre”, del que ha expresado también “es una fuerza de la naturaleza y con él nunca se sabe”.

“No lo veo hace tiempo por su enfermedad, que estoy seguro ya sale de eso”, había expresado cuando recién llegaba a La Habana para luego agregar, acerca de un posible encuentro con Fidel, que es  “lo que más deseo”, sueño que fue cumplido.

Se conocieron en 1959 cuando uno era el líder joven, aclamado, victorioso que traía un destino singular  a la mayor de Las Antillas, el otro un  sagaz  periodista colombiano, también joven, con algunos cuentos éditos y muchos más por publicar. Entonces Fidel le propuso a Gabo que fuera corresponsal de la Agencia Prensa Latina y por ahí comenzó la historia de este acercamiento que para  el escritor Dasso Saldívar, “se basa en una fascinación mutua. Siempre he pensado que en esta pareja de amigos ha ocurrido lo mismo que entre Charles de Gaulle y Malraux, es decir, se trataría de un caso de transmigración vocacional, en el que el político desearía ser el escritor y éste, el dirigente político”.

El autor de El viaje a la semilla, una amplia biografía de García Márquez, sostiene que existen paralelismo y coincidencias en las vidas del escritor y el líder revolucionario: “Los dos son del Caribe, los dos descienden de gallegos, los dos son grandes patriarcas en su propio terreno, los dos son los personajes más famosos de América Latina, los dos son grandes lectores, les encanta la culinaria, son muy sentimentales”.  También, hace pocos días contó que el escritor colombiano Álvaro Mutis, íntimo de su coterráneo pero distante de  Fidel,  le advirtió: “Ponle cuidado a esa amistad, que ese par de amigos se quieren de veras, independientemente de la cosa política”.

Por estos meses de los aniversarios 80 del natalicio del Gabo, 25 de la entrega del Premio Nóbel y 40 de la publicación de Cien años de soledad; entre los múltiples libros y homenajes  ha visto la luz el volumen Gabo y Fidel: el paisaje de una amistad, del sello Espasa, de Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli, en  el  que los autores compilaron diversos documentos del autor colombiano sobre el líder caribeño y de este acerca de su amigo “o sobre literatura, anécdotas inéditas, historias interminables, detalles de amistad o de reproche, observaciones agudas sobre sus personalidades”.

García Márquez ha explicado el por que de esa amistad “Viene precisamente de la convicción que tengo de que  lo que hay que buscar es un camino latinoamericano, que se puede encontrar. Fidel ha abierto una gran brecha en ese sentido. Además desarrollé una amistad personal con él que siguió otro rumbo, inclusive divergente del político: donde empiezan los desacuerdos de ese género comienza otro tipo de afinidades humanas y de comprensión de la situación cubana”.

“Mi amistad con Fidel Castro, que yo considero muy personal y sostenida por un gran afecto, empezó por la literatura” sostiene el novelista y cuenta que en la década del 70 Fidel le comentó sobre lo aburrido de leer documentos oficiales y entonces “Yo le sugerí que leyera algunos libros que unían a su valor literario una amenidad buena para aliviar el cansancio de la lectura obligatoria  Le cité muchos y descubrí, con sorpresa, que los había leído todos, y con muy buen criterio. Esa noche descubrí lo que muy pocos saben: Fidel Castro es un lector voraz, amante y conocedor muy serio de la buena literatura de todos los tiempos, y, aún en las circunstancias más difíciles, tiene un libro interesante a mano para llenar cualquier vacío.”

“Es un lector tan atento y minucioso que encuentra contradicciones y datos falsos donde uno menos se lo imagina” sostiene el Nóbel y confiesa que cuando leyó El relato de un náufrago,  fue a buscarlo al hotel para advertirle sobre un error de cálculo en la velocidad del barco. Y tenía razón. Así antes de publicar Crónica de una muerte anunciada,  se la mostró y de nuevo encontró un desliz.

“Uno siente que a Fidel le gusta el mundo de la literatura, que se halla muy cómodo dentro de él y se complace en cuidar la forma literaria de sus discursos escritos” apunta Gabo, y revela: “En una ocasión, no sin cierto aire de melancolía, me dijo: En mi próxima reencarnación yo quiero ser escritor”.

Hay decenas de testigos de la admiración mutua de uno por el otro. El cineasta Fernando Pérez me contó que cuado él iba a realizar un documental sobre el bloqueo, le sugirieron que hablara con García Márquez. “Lo contacté, logré un encuentro y nos vimos en Casa de Las Américas. Tú sabes que yo soy tímido y le hablaba de bloqueo y él empezaba por ahí y terminaba en Fidel.  Siempre Fidel, sentí que estaba fascinado, que no hablaba sólo el escritor que admiraba a un jefe de estado, que era mucho más”.

El célebre  colombiano ha gozado de la amistad de otros políticos, por ejemplo, la de François Mitterrand, sobre quien hace un tiempo declaró: “Las circunstancias en que nos encontramos siempre, sobre todo después de que llegó a la presidencia de la república, nos llevan a hablar casi exclusivamente de política, y casi nunca de literatura. Es todo lo contrario de lo que me ha ocurrido con Fidel”.

Interrogado sobre las más diversas categorías en las que se mueve el ser humano, García Márquez ha hablado de la soledad y el poder “Sí, en realidad yo creo, mirando hacia atrás, que entre la fama y el poder hay una relación bastante estrecha y son las posibilidades de aislamiento que ambos tienen. Es decir, las posibilidades de aislamiento... de soledad en el poder. Creo que es una ilusión bastante vieja. E inclusive un poco mecánica. Se refiere a que la persona que tiene el poder está un poco a merced de quienes le informan. Es decir, el contacto con la realidad no es directo sino que pasa a través de muchos intermediarios, en el caso del poder. Yo conozco una excepción bastante válida que es la de Fidel Castro, a quien conozco personalmente; con quien he conversado largas horas... Es una persona extraordinariamente bien informada. Pero Fidel Castro está permanentemente preocupado por combatir la soledad del poder. No sé si lo hace consciente o inconscientemente. Pero Fidel está constantemente interesado en obtener información directa. Es uno de los hombres mejor informados que yo conozco y probablemente, uno de los menos solitarios”.

Millones de personas en todo el planeta que además de admirar al mago del realismo latinoamericano, reconocen al hombre de principios que no se deja vapulear por los medios de difusión. Hace unos años afirmó “Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas. Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual”.

Si Federico García Lorca  dijo “Escribo para que me quieran”, décadas después el colombiano más famoso aseveró “Escribo para que me quieran más mis amigos”.  

Y por supuesto ha hecho posible que sus amigos le quieran más, como su coetáneo antillano, ese que es uno de sus lectores más agudos y críticos, que ya casi restablecido pudo recibirlo, charlar, reírse, intercambiar, haciendo realidad el reclamo del Gabo. 

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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