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Por estos días Santoserpa (Raúl
Santos Zerpa) está de fiesta y no es,
solamente, porque esté cumpliendo años
de vida en esta segunda quincena de
marzo sino porque ha visto realizado uno
de sus sueños: fundar una Galería de
Arte Contemporáneo Cubano en Cifuentes,
un pequeño poblado que pertenece a la
central provincia cubana de Villa Clara,
a unos trescientos cincuenta kilómetros
de La Habana.
Para
los más escépticos es una idea
descabellada, pero Santoserpa (15
de marzo, 1939) defiende el criterio de
que si “las Pirámides de Egipto están en
medio del desierto y todo el mundo va a
verlas, ¿por qué no mostrar buen arte
cubano en un pequeño y rural poblado?”.
La
idea nació en el 2006 a raíz “Viaje a la
semilla”, evento que desde hace doce
años se realiza en Santa Clara, Villa
Clara, con el propósito de acercar a los
artistas a sus lugares de origen y
viceversa. Los convocados ese año fueron
alojados en un pequeño hotelito de
Cifuentes y ahí, entre amigos, surgió
esta hermosa idea.
“Nací
en el Central Azucarero “Santa
Lutgarda”, en Cifuentes, y ésta
comunidad es muy culta y tiene todo el
derecho del mundo a superarse. Este
sueño se enmarca, también, en la idea
de la municipalización de la cultura y
en la batalla por darle nuestro pueblo
la posibilidad de un desarrollo cultural
de todo tipo.
Cuando comencé a fomentar la idea,
inmediatamente los artistas comenzaron a
responder con donaciones; igualmente
hablé con instituciones como el Taller
Experimental de Gráfica de La Habana, el
de Serigrafía “René Portocarrero”, la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba,
UNEAC, y todas aportaron obras que
poseían en sus fondos y que a partir de
ahora tendrán una función cultural muy
importante.
¿Esos son los primeros fondos de la
Galería?
Exacto. Será una institución dinámica y
anualmente un artista hará un acto de
donación. La Galería contará con una
sala colateral para exposiciones
transitorias, un centro de información
donde estén registrados cada uno de los
creadores y una ficha técnica de su
obra. Tendrá funciones muy didácticas y
será un sitio de referencia para
Escuelas de Instructores de Arte.
Seguramente se convertirá en un punto
de referencia provincial y nacional
porque en ningún municipio pequeño del
país, con las características de
Cifuentes, existe una Galería como ésta.
¿En qué lugar está enclavada la Galería?
En la
Avenida Martí, que es la arteria
fundamental de Cifuentes, y el lugar por
donde transitan todos los que se dirigen
a Sagua la Grande y Encrucijadas, es
decir, es una vía muy importante de
comunicación con otros lugares del país.
Tiene
dos grandes puertas, siempre abiertas,
para que la gente sienta que puede
entrar y salir cuando desee. Al fondo de
la Galería está un gran patio, precioso
y lleno de árboles, que es compartido
con la Casa de la Cultura y que,
seguramente, favorecerá mucho el
intercambio.
Supongo que este sueño esté avalado por
el Consejo Nacional de las Artes
Pláticas.
Por
supuesto, nada de lo que hagamos será a
espaldas al Ministerio de Cultura, pero
la Galería tiene sus peculiaridades. No
se trata de regirnos por cánones
preestablecidos que, en ocasiones,
limitan la participación.
Por
ejemplo, una galería con características
museables no admitiría la participación
de artistas que sí están incluidos. Esta
será una Galería sui géneris que
ha surgido a partir del amor de los
artistas por el pueblo de Cifuentes y su
sentido principal es el de mostrar un
panorama diverso de las artes plásticas.
Ese abanico se irá enriqueciendo con el
paso de los años: esa es la esencia.
Cada
mes se dedicará a un artista, a una
obra; se invitarán a los creadores a
que viajen a Cifuentes y allí ofrezcan
charlas o conferencias. La Galería está
naciendo y van surgiendo nuevas ideas
para convertirla en un lugar dinámico.
Ya se nos han acercado alumnos de la
Universidad Central de Villa Clara para
hacer su tesis de graduación sobre la
institución y eso es muy serio.
¿Tendrá algún carácter comercial?
No.
Durante toda mi vida he hecho muchas
actividades relacionadas con la
promoción cultural, de acercamiento a la
población, de vincular la plástica con
el pueblo. Nadie se traiciona a sí
mismo; soy de los primeros Instructores
de Arte que formó la revolución y, en el
ya lejano 1962, trabajé en la Ciénaga de
Zapata en el Primer Festival del Carbón.
Toda esa filosofía comunitaria ha calado
mucho en mí. Tengo el Premio Nacional de
Cultura Comunitaria, que se otorga por
la obra de toda la vida. No me interesa
la comercialización. Uno trabaja, pinta,
y un día tienes que vender algo aunque
se te desgarre el alma porque necesitas
el dinero para vivir, pero ese no ha
sido el centro de mi existencia.
Deduzco, entonces, que usted se siente
un gran promotor cultural…
Soy,
ante todo, un gran soñador. Creo que más
que un pintor soy un hombre de la
cultura y me he sentido obligado a
transmitir mis conocimientos. Ese es mi
mayor orgullo: el haber servido de algo
no solamente con mi pintura sino con mi
acción de trabajo.
¿Cuáles han sido los primeros artistas
que, hasta el momento, se han sumado a
este hermoso proyecto?
Hay
artistas de renombre internacional y
otros más jóvenes que, también, están
insertados en el mundo de la plástica
con un prestigio. Ellos son: César Leal,
Juan Vázquez Martín, Zaida del Río,
Ernesto García Peña, Lesbia Vent Dumois,
Hugo Azcuy, René Portocarrero, Adigio
Benítez, Vicente Rodríguez Bonachea,
Roberto Fabelo, Eduardo Roca (Choco),
José Miguel Pérez, Alberto Lezcay, José
Fúster, Rubén Rodríguez, Rafael
Cuadrado, Luis Miguel Valdés, Grisell
Rivera, Roberto Valentín, Yamilé Pardo,
Sandra Agramante, Edel Bordón, Arístides
Hernández, Regina Fernández, Alexis
Leyva (Kcho), Rafael Zarza, José
Luis Posada, Tomás Rodríguez (Tomy),
Diana Balboa, José Omar Torres, Alfredo
Sosabravo, Rocío García, Aisar Abdalá e
Isabel Santos, entre otros. Son hasta el
momento unos cuarenta artistas.
Hasta donde conozco se prepara, también,
una muestra personal suya en la Galería
de Colón, en Matanzas, titulada
“Enloquecido de amor: obras del nuevos
siglo”
La
nombré así por varias razones. Primero
porque es el título de uno de los
cuadros; segundo porque enloquecido de
amor trabajo y mi forma de hacerlo es un
poco extraña… empiezo a tirar pinturas,
a hacer manchas y a partir de ahí, de
esa base accidental, es que saco mis
cuadros.
El
que ve esa primera etapa puede pensar
que enloquecí y eso me ha dado mucho
éxito. La gente tiene la concepción del
pintor sentado delante de un caballete y
yo tiro el cuadro en el piso y comienzo
a regar pintura. Esa es la parte
inicial, después —como es lógico— asumo
todo con seriedad y de ahí parte la
obra.
¿Qué incluye “Enloquecido de amor…”?
Está
muy cercana a la abstracción, pero
siempre haciendo alusión a la
naturaleza; me gusta celebrar la vida,
que es un optimismo pleno.
Bajo
cualquier circunstancia, la vida vale la
pena vivirla y cultivar las cosas buenas
del ser humano. Me gusta cantarle a la
belleza, al amor, a la amistad, a la
solidaridad y hacerlo con un colorido
que llegue.
Para
mí el placer más grande es que la gente
de pueblo —que hace otro tipo de tarea
que nada tiene que ver con las artes
plásticas— sienta gozo viendo mi obra.
Hace unos años, una señora mirando un
cuadro me dijo: ¡qué lindo para colgarlo
detrás del sofá de mi casa!. Y una
persona, que estaba al lado, comenzó a
reírse como mofándose de lo que había
dicho. Y yo le respondí: para ella el
lugar más importante de su casa es ese y
siento que me esta haciendo un enorme
elogio al quererlo llevar a su
intimidad.
¿Puedo afirmar que su gran tema es un
canto al ser humano y a lo bello que
entraña?
Exactamente, eso es lo que siempre
persigo. Los títulos de mis obras están
siempre acordes; hago igual que cuando
nace un niño, que se le pone nombre. Eso
no quiere decir que el nombre se parezca
al niño, a veces es lo que inspira. Mis
cuadros los pinto y cuando los miro
siempre los relaciono con cosas y con
sentimientos de la vida y por eso, a
veces, mis títulos son poéticos. También
pretendo que mis cuadros tengan un poco
de lirismo.
Para trabajar ¿óleo o acrílico?
Acrílico. Pasaron muchos años para que
llegara al acrílico. He sido un pintor
muy clásico en cuanto a materiales se
refiere. Fui un pintor de óleos y
acuarelas, que es una técnica muy
difícil y que he trabajado muchísimo. Me
vanaglorio de tener un dominio de la
acuarela gracias a la cantidad de años
que llevé haciéndola. Es muy complicada
porque no te puedes equivocar;
arreglarla es imposible: los colores
tienen que fundir solos unos con otros
para obtener los matices. Todo lo que
hago, cualquier técnica, me baso en la
acuarela aunque lo haga con acrílico.
¿Y
el aplicar la técnica de la acuarela a
otros soportes le ha dado resultado?
Sí.
Pero debo de reconocer que pasar del
óleo al acrílico me dio mucho trabajo.
El óleo es un material muy noble, se
puede rectificar. Te da opciones a
partir del secado largo que puedes
quitar, que puedes arreglar. El acrílico
tiene un secado muy rápido y cualquier
trazo que hagas ya está plasmado y no lo
puedes borrar. Me he convertido en un
adicto al acrílico.
¿Abandonó el óleo?
No,
en lo absoluto. Hay que recordar que los
grandes cuadros que marcan la historia
del arte universal están hechos en óleo,
que es un material que ha desafiado al
tiempo. El acrílico aún esta por probar
y tendremos que esperar cien años para
ver qué resultados tiene.
¿En qué formato se ha sentido más
cómodo?
Me
gustan los formatos grandes y es donde
más cómodo me siento y donde percibo que
tengo más libertad para componer porque
siempre existe la posibilidad de agregar
o quitar. También me satisfacen los
pequeños formatos.
Para
mí, el formato más difícil es el
mediano. Algo similar me pasa con los
colores. Por ejemplo, el amarillo me es
muy complicado y me lo impongo como
ejercicio. Uno tiene la tendencia a
enviciarse con una coloración
determinada.
En
mis inicios, en la etapa de los sesenta,
todo lo hacía en negro y blanco, luego
siguió una tendencia generalizada hacia
los azules y los verdes. En la
actualidad, de fresco, hago todo lo que
me parezca y debo confesar que no
siempre queda bien, lo que sucede que
eso uno no lo muestra.
Lo
cual forma parte de los trucos del
artista…
Así
es, pero cuando analizo mi obra me
complace confirmar que tengo un estilo
propio que conlleva a que la gente me
identifica con lo que hago. Otra cosa es
el haber sido siempre sincero con mi
obra.
En mi
trayectoria de cincuenta años de artista
de la plástica ¿cuántas tendencias han
existido?, ¿cuántas cosas han aparecido
que tientan a apartarse del camino?…
desde el dinero, pasando por aspectos
que te sean más fáciles de realizar o
modas que pueden ayudar a un salto más
brusco.
Jamás
me he desviado de mi línea, mi camino ha
sido trazado hacia delante. Creo que una
obra detrás de otra es la que hace la
obra en general. El mundo del arte es
como una gran escalera y no puedes darte
el lujo de volar escalones porque te
puedes caer. Los saltos son fatales; las
etapas hay que quemarlas, que vivirlas,
para poder llegar a algo sólido.
En
los últimos años usted ha ido
inclinándose hacia la abstracción…
Efectivamente. En los años setenta —que
fue un tiempo marcado por la
cosmonáutica y en la que el hombre vio
por primera vez la tierra desde arriba—,
tuve una etapa cósmica, llena de
animales fantásticos que vagaban en ese
mundo.
Eso
fue variando y los insectos comenzaron a
mezclarse con elementos vegetales y
minerales; un día me di cuenta que los
animales habían desaparecido y
comenzaron a entrar los colores que iba
evolucionando hacia un mundo diferente
muy vinculado con la naturaleza.
Una
naturaleza ingrávida que puede estar en
el cosmos o en el fondo del mar o,
quizás, flotando en el espacio. En los
ochenta comencé a sumergirme en un mundo
más abstracto buscando lenguajes
puramente plásticos y formales.
En la
actualidad algunos críticos me catalogan
como un artista abstracto lo cual no
creo porque siempre persigo determinadas
formas que, aunque no se corresponden
exactamente con la realidad, sugieren.
Me
gusta, quizás, que me cataloguen como un
abstracto sugerente pero, por sobre
todas las cosas, lo que pretendo es que
la obra comience en mí, termine en el
espectador y provoque un sentimiento. |