Año V
La Habana
17 al 23 de MARZO
de 2007

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Santoserpa: abstracto sugerente

Estrella Díaz • La Habana
Fotos: Alain Gutiérrez


Por estos días Santoserpa (Raúl Santos Zerpa) está de fiesta y no es, solamente, porque esté cumpliendo años de vida en esta segunda quincena de marzo sino porque ha visto realizado uno de sus sueños: fundar una Galería de Arte Contemporáneo Cubano en Cifuentes, un pequeño poblado que pertenece a la central provincia cubana de Villa Clara, a unos trescientos cincuenta kilómetros de La Habana.

Para los más escépticos es una idea descabellada, pero Santoserpa (15 de marzo, 1939) defiende el criterio de que si “las Pirámides de Egipto están en medio del desierto y todo el mundo va a verlas, ¿por qué no mostrar buen arte cubano en un pequeño y rural poblado?”. 

La idea nació en el 2006 a raíz “Viaje a la semilla”, evento que desde hace doce años se realiza en Santa Clara, Villa Clara, con el propósito de acercar a los artistas a sus lugares de origen y viceversa. Los convocados ese año fueron alojados en un pequeño hotelito de Cifuentes y ahí, entre amigos, surgió esta hermosa idea.

“Nací en el Central Azucarero “Santa Lutgarda”, en Cifuentes, y ésta comunidad es muy culta y tiene todo el derecho del mundo a superarse. Este sueño se enmarca, también, en  la idea de la municipalización de la cultura y en la batalla por darle nuestro pueblo la posibilidad de un desarrollo cultural de todo tipo.

Cuando comencé a fomentar la idea, inmediatamente los artistas comenzaron a responder con donaciones; igualmente hablé con instituciones como el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, el de Serigrafía “René Portocarrero”, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, y todas aportaron obras que poseían en sus fondos y que a partir de ahora tendrán una función cultural muy importante.

¿Esos son los primeros fondos de la Galería? 

Exacto. Será una institución dinámica y anualmente un artista hará un acto de donación.  La Galería contará con una sala colateral para exposiciones transitorias, un centro de información donde estén registrados cada uno de los creadores y una ficha técnica de su obra. Tendrá funciones muy didácticas y será un sitio de referencia para Escuelas de Instructores de Arte. Seguramente se  convertirá en un punto de referencia provincial y nacional porque en ningún municipio pequeño del país, con las características de Cifuentes, existe una Galería como ésta.

¿En qué lugar está enclavada la Galería?

En la Avenida Martí, que es la arteria fundamental de Cifuentes, y el lugar por donde transitan todos los que se dirigen a Sagua la Grande y Encrucijadas, es decir, es una vía muy importante de comunicación con otros lugares del país.

Tiene dos grandes puertas, siempre abiertas, para que la gente sienta que puede entrar y salir cuando desee. Al fondo de la Galería está un gran patio, precioso y lleno de árboles, que es compartido con la Casa de la Cultura y que, seguramente, favorecerá mucho el intercambio.

Supongo que este sueño esté avalado por el Consejo Nacional de las Artes Pláticas.

Por supuesto, nada de lo que hagamos será a espaldas al Ministerio de Cultura, pero la Galería tiene sus peculiaridades. No se trata de regirnos por cánones preestablecidos que, en ocasiones, limitan la participación.

Por ejemplo, una galería con características museables no admitiría la participación de artistas que sí están incluidos. Esta será una Galería sui géneris que ha surgido a partir del amor de los artistas por el pueblo de Cifuentes y su sentido principal es el de mostrar un panorama diverso de las artes plásticas. Ese abanico se irá enriqueciendo con el paso de los años: esa es  la esencia.  

Cada mes se dedicará a un artista, a una obra; se invitarán a los creadores  a que viajen a Cifuentes y allí ofrezcan charlas o conferencias. La Galería está naciendo y van surgiendo nuevas ideas para convertirla en un lugar dinámico. Ya se nos han acercado alumnos de la Universidad Central de Villa Clara para hacer su tesis de graduación sobre la institución y eso es muy serio.  

¿Tendrá algún carácter comercial?

No. Durante toda mi vida he hecho muchas actividades relacionadas con la promoción cultural, de acercamiento a la población, de vincular la plástica con el pueblo. Nadie se traiciona a sí mismo; soy de los primeros Instructores de Arte que formó la revolución y, en el ya lejano 1962, trabajé en la Ciénaga de Zapata en el Primer Festival del Carbón. Toda esa filosofía comunitaria ha calado mucho en mí. Tengo el Premio Nacional de Cultura Comunitaria, que se otorga por la obra de toda la vida. No me interesa la comercialización. Uno trabaja, pinta, y un día tienes que vender algo aunque se te desgarre el alma porque necesitas el dinero para vivir, pero ese no ha sido el centro de mi existencia.

Deduzco, entonces, que usted se siente un gran promotor cultural…  

Soy, ante todo, un gran soñador. Creo que más que un pintor soy un hombre de la cultura y me he sentido obligado a transmitir mis conocimientos. Ese es mi mayor orgullo: el haber servido de algo no solamente con mi pintura sino con mi acción de trabajo.

¿Cuáles han sido los primeros artistas que, hasta el momento, se han sumado a este hermoso proyecto?      

Hay artistas de renombre internacional y otros más jóvenes que, también, están insertados en el mundo de la plástica con un prestigio. Ellos son: César Leal, Juan Vázquez Martín, Zaida del Río, Ernesto García Peña, Lesbia Vent Dumois, Hugo Azcuy, René Portocarrero, Adigio Benítez, Vicente Rodríguez Bonachea, Roberto Fabelo, Eduardo Roca (Choco), José Miguel Pérez, Alberto Lezcay, José Fúster, Rubén Rodríguez, Rafael Cuadrado, Luis Miguel Valdés, Grisell Rivera, Roberto Valentín, Yamilé Pardo, Sandra Agramante, Edel Bordón, Arístides Hernández, Regina  Fernández, Alexis Leyva (Kcho), Rafael Zarza, José Luis Posada, Tomás Rodríguez (Tomy), Diana Balboa, José Omar Torres, Alfredo Sosabravo, Rocío García, Aisar Abdalá e Isabel Santos, entre otros. Son hasta el momento unos cuarenta artistas.

Hasta donde conozco se prepara, también, una muestra personal suya en la Galería de Colón, en Matanzas, titulada “Enloquecido de amor: obras del nuevos siglo”

La nombré así por varias razones. Primero porque es el título de uno de los cuadros; segundo porque enloquecido de amor trabajo y mi forma de hacerlo es un poco extraña… empiezo a tirar pinturas, a hacer manchas y a partir de ahí, de esa base accidental, es que saco mis cuadros.

El que ve esa primera etapa puede pensar que enloquecí y eso me ha dado mucho éxito. La gente tiene la concepción del pintor sentado delante de un caballete y yo tiro el cuadro en el piso y comienzo a regar pintura. Esa es la parte inicial, después —como es lógico— asumo todo con seriedad y de ahí parte la obra.

¿Qué incluye “Enloquecido de amor…”?

Está muy cercana a la abstracción, pero siempre haciendo alusión a la naturaleza; me gusta celebrar la vida, que es un optimismo pleno.

Bajo cualquier circunstancia, la vida vale la pena vivirla y cultivar las cosas buenas del ser humano. Me gusta cantarle a la belleza, al amor, a la amistad, a la solidaridad y hacerlo con un colorido que llegue.

Para mí el placer más grande es que la gente de pueblo —que hace otro tipo de tarea que nada tiene que ver con las artes plásticas— sienta gozo viendo mi obra. Hace unos años, una señora mirando un cuadro me dijo: ¡qué lindo para colgarlo detrás del sofá de mi casa!. Y una persona, que estaba al lado, comenzó a reírse como mofándose de lo que había dicho. Y yo le respondí: para ella el lugar más importante de su casa es ese y siento que me esta haciendo un enorme elogio al quererlo llevar a su intimidad.

¿Puedo afirmar que su gran tema es un canto al ser humano y a lo bello que entraña?

Exactamente, eso es lo que siempre persigo. Los títulos de mis obras están siempre acordes; hago igual que cuando nace un niño, que se le pone nombre. Eso no quiere decir que el nombre se parezca al niño, a veces es lo que inspira. Mis cuadros los pinto y cuando los miro siempre los relaciono con cosas y con sentimientos de la vida y por eso, a veces, mis títulos son poéticos. También pretendo que mis cuadros tengan un poco de lirismo.  

Para trabajar ¿óleo o acrílico?

Acrílico. Pasaron muchos años para que llegara al acrílico. He sido un pintor muy clásico en cuanto a materiales se refiere. Fui un pintor de óleos y acuarelas, que es una técnica muy difícil y que he trabajado muchísimo. Me vanaglorio de tener un dominio de la acuarela gracias a la cantidad de años que llevé haciéndola. Es muy complicada porque no te puedes equivocar; arreglarla es imposible: los colores tienen que fundir solos unos con otros para obtener los matices. Todo lo que hago, cualquier técnica, me baso en la acuarela aunque lo haga con acrílico.

¿Y el aplicar la técnica de la acuarela a otros soportes le ha dado resultado?

Sí. Pero debo de reconocer que pasar del óleo al acrílico me dio mucho trabajo. El óleo es un material muy noble, se puede rectificar. Te da opciones a partir del secado largo que puedes quitar, que puedes arreglar. El acrílico tiene un secado muy rápido y cualquier trazo que hagas ya está plasmado y no lo puedes borrar. Me he convertido en un adicto al acrílico.

¿Abandonó el óleo?        

No, en lo absoluto. Hay que recordar que los grandes cuadros que marcan la historia del arte universal están hechos en óleo, que es un material que ha desafiado al tiempo. El acrílico aún esta por probar y tendremos que esperar cien años para ver qué resultados tiene.

¿En qué formato se ha sentido más cómodo?

Me gustan los formatos grandes y es donde más cómodo me siento y donde percibo que tengo más libertad para componer porque siempre existe la posibilidad de agregar o quitar. También me satisfacen los pequeños formatos.

Para mí, el formato más difícil es el mediano. Algo similar me pasa con los colores. Por ejemplo, el amarillo me es muy complicado y me lo impongo como ejercicio. Uno tiene la tendencia a enviciarse con una coloración determinada.

En mis inicios, en la etapa de los sesenta, todo lo hacía en negro y blanco, luego siguió una tendencia generalizada hacia los azules y los verdes. En la actualidad, de fresco, hago todo lo que me parezca y debo confesar que no siempre queda bien, lo que sucede que eso uno no lo muestra.

Lo cual forma parte de los trucos del artista…

Así es, pero cuando analizo mi obra me complace confirmar que tengo un estilo propio que conlleva a que la gente me identifica con lo que hago. Otra cosa es el haber sido siempre sincero con mi obra.

En mi trayectoria de cincuenta años de artista de la plástica ¿cuántas tendencias han existido?, ¿cuántas cosas han aparecido que tientan a apartarse del camino?… desde el dinero, pasando por aspectos que te sean más fáciles de realizar o modas que pueden ayudar a un salto más brusco.

Jamás me he desviado de mi línea, mi camino ha sido trazado hacia delante. Creo que una obra detrás de otra es la que hace la obra en general. El mundo del arte es como una gran escalera y no puedes darte el lujo de volar escalones porque te puedes caer. Los saltos son fatales; las etapas hay que quemarlas, que vivirlas, para poder llegar a algo sólido.

En los últimos años usted ha ido inclinándose hacia la abstracción…

Efectivamente. En los años setenta —que fue un tiempo marcado por la cosmonáutica y en la que el hombre vio por primera vez la tierra desde arriba—, tuve una etapa cósmica, llena de animales fantásticos que vagaban en ese mundo.

Eso fue variando y los insectos comenzaron a mezclarse con elementos vegetales y minerales; un día me di cuenta que los animales habían desaparecido y comenzaron a entrar los colores que iba evolucionando hacia un mundo diferente muy vinculado con la naturaleza.

Una naturaleza ingrávida que puede estar en el cosmos o en el fondo del mar o, quizás, flotando en el espacio. En los ochenta comencé a sumergirme en un mundo más abstracto buscando lenguajes puramente plásticos y formales.

En la actualidad algunos críticos me catalogan como un artista abstracto lo cual no creo porque siempre persigo determinadas formas que, aunque no se corresponden exactamente con la realidad, sugieren.

Me gusta, quizás, que me cataloguen como un abstracto sugerente pero, por sobre todas las cosas, lo que pretendo es que la obra comience en mí, termine en el espectador y provoque un sentimiento. 

 
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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