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Compañero Ministro, amigos todos
Me complace que se me haya encargado de
esta semblanza de Reynaldo González, a
quien hoy se le otorga merecidamente el
Premio Nacional de Periodismo Cultural
Fernández de Castro, porque Reynaldo
González es hoy uno de los más
competentes e imaginativos escritores de
la Cuba contemporánea. Ha abordado casi
todos los géneros: cuento, novela,
ensayo, periodismo, poesía y edición han
sido tocados por él con una maestría en
el idioma, una elegancia en el decir y
un ingenio fresco, incesante y agudo que
seduce a todos quienes tenemos la
fortuna de leerlo o de escucharlo.
Fue en el periodismo su abordaje inicial
a las letras, en el periódico
Adelante, de Camagüey. Después fue
redactor jefe de la revista Pueblo y
Cultura, órgano del Consejo Nacional
de Cultura. Como editor en las
editoriales Unión y Ciencias Sociales,
se responsabilizó con obras de José
Lezama Lima, Juan Marinello, Carlos
Rafael Rodríguez y otros autores. Por
once años dirigió la Cinemateca de Cuba
mientras continuaba colaborando en
publicaciones cubanas como Bohemia,
Cuba, Unión, La Gaceta de Cuba,
Granma, El Caimán Barbudo, Revolución y
Cultura, Casa de las Américas, Juventud
Rebelde, Revista de la Universidad de La
Habana y Cine Cubano. Su periodismo
cultural se ha incluido en revistas y
periódicos de Alemania, España, Estados
Unidos, Francia, Italia y México. Libros
y relatos suyos han ganado los premios
Casa de las Américas, Ítalo Calvino de
Novela (Italia-Cuba), Juan Rulfo de
Cuentos (Francia) y cinco veces el
Premio Nacional de la Crítica Literaria.
Ha dictado conferencias sobre temas
culturales e históricos y asuntos de la
comunicación en universidades y centros
culturales de Europa, Estados Unidos y
América Latina.
Reynaldo González, es uno de los
escritores que ha enriquecido la visión
de nuestra identidad como dedicado
conservador de nuestro patrimonio y
promotor de muchas empresas culturales y
también como prosista de delicadas
sonoridades. Activo participante del
devenir revolucionario desde múltiples
parapetos, dio señales de su poderoso
aliento en su primera cosecha literaria
con sus cuentos de Miel sobre
hojuelas y su novela Siempre la
muerte, su paso breve, —un
extraordinario relato del ímpetu de una
generación que maduraba entre
sensibilidades y enardecimientos.
Ha continuado su exploración de nuestra
identidad a través de su estudio del
tabaco o la fruición de la cocina
cubana, con Contradanzas y latigazos,
inmerso en el fluir de una cultura
nacional que se ha movido con sus
paradojas y sublimaciones. Analista de
la cultura de masas con Llorar es un
placer o recreador del estilo de una
época con Al cielo sometidos,
llegó a la magia suprema del artificio
literario con los espléndidos sonetos
quevedianos de Envidia de Adriano.
Como crítico se ha adentrado con
fortuna en el entresijo lezamiano y ha
explorado nuestro perfil nacional
liberando demonios y encadenando
ángeles.
Como estudioso de la persuasión del
consumo ha usado las armas del
historiador y del ensayista, del poeta y
del novelista. Traducido a todas las
lenguas cultas, conferencista en
tribunas de prestigio académico, no le
desmerece haber sido testigo de su
tiempo legando documentos
imprescindibles para la comprensión de
la cubanía, como La fiesta de los
tiburones. Ha fundado revistas y ha
cultivado con esmero el oficio de
editor, su trayectoria en el periodismo
incluye sus columnas que son un
laboratorio de cotidianidad y frescura.
Ello le ha servido de tribuna, pero
también de escuela.
Su personalidad subversiva se ha valido
de la gracia y la alegría para despertar
algunas verdades y descubrir su
significado. La picaresca, el sexo, el
humor desacralizador y las explosiones
catárticas le han permitido todas las
sorpresas. Ha dominado el pulimento de
las asperezas entre cultura popular y
canon para adentrarse en el fenómeno
mediático y rechazar el facilismo sin
dejarse atrapar por las complejidades
culteranas.
Todos debemos estar muy agradecidos por
la iluminación que Reynaldo ha esparcido
en su entorno, por su esmero en defensa
de la verdad, por su demostrada
gallardía en el respeto a los valores
éticos, por el garbo de su salero que
siempre nos refresca como agua de mayo.
Ante él el homenaje de hoy y el de
siempre.
Reynaldo, hermano, ¡he aquí lo que
mereces!
Palabras de Lisandro
Otero en la entrega del Premio Nacional
de periodismo cultural José Antónimo
Fernández de Castro a Reynaldo
González.- Palacio de Bellas Artes, La
Habana, 16 de marzo 2007. |