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Abelardo Barroso es uno de los pocos
cantantes cubanos de quien se tenga
memoria, que en la década del 20 del
siglo pasado, paseó su voz jovencísima
por agrupaciones emblemáticas del son
naciente. Los sextetos Habanero, Boloña
y Nacional.
Este
hombre que nació en La Habana en 1905
acompañó a sus paisanos con la cadencia
de su voz por más de medio siglo,
primero en esas agrupaciones que sonaron
duro en los salones habaneros cuando el
son estaba floreciendo y que viajaron
después a los EE.UU. para hacer sus
primeros registros fonográficos.
Corriendo los años Barroso cantó
danzones y le metió en la costura al
danzonete, en aquellos mismos años en
que Paulina Álvarez estaba “Rompiendo
la rutina”; incluso fundó una orquesta
tipo charanga a la francesa junto al
compositor, contrabajista y
violoncellista Orestes López, que se
llamó sencillamente Orquesta López
Barroso.
Como
cualquier otro músico popular de su
tiempo, no podía ejercer su vocación de
cantar sones, danzones, danzonetes,
boleros y guarachas, con la más sabrosa
tranquilidad. No había nunca la
seguridad de ganarse los frijoles como
músico y en no pocas ocasiones tuvo que
decirle hasta luego al canto, para
dedicarse a cualquier oficio que
apareciera. Sin ir más lejos, en la
medianía de los años 50 estaba
trabajando en los muelles de la capital.
Allí precisamente lo encontró un joven
músico y muy admirador suyo, que ya por
entonces era conocido como El Bárbaro
del Ritmo.
Benny,
advirtiendo la penosa situación que
tenía Barroso, habló con Rosaldo Valdés,
el director de una recién creada
charanga llamada Sensación, para que
aquel pionero del son volviera a cantar.
Gracias a ello, cuando ya se pudiera
creer que nos tendríamos que conformar
con las piezas registradas por él a
principios del siglo pasado, su voz
saltó de vitrola en vitrola explayando
“El Panquelero”, “El huerfanito”, “El
brujo de Guanabacoa” o “Bruca maniguá”.
Dentro
de esa feliz idea de la EGREM de llevar
a soporte digital “Las Voces del Siglo”,
está un Cd de Abelardo Barroso. El
proyecto ideado por Jorge Rodríguez y
Sigfredo Ariel, nos permite volver al
gozo de esas piezas ya definitivamente
clásicas que el bardo cantó con la
Sensación y, como si fuera poco, también
hay algunas de las composiciones de
vocación sobre trovadoresca, en compañía
del conjunto Gloria Matancera.
La
incitación al disfrute de esa voz de
nuestra entrañable identidad se la
brindo yo, usted ponga lo demás. |