Año V
La Habana
2007

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Tercera respuesta a Ronel González
Alexis Díaz-Pimienta

Querido hermano Ronel:

Me escribes en solitario

y con un vocabulario

que no es digno de Espinel.

¿Has renunciado al papel

de corresponsal versado?

¿José Luis te ha abandonado

y sin José Luis no eres

capaz de hacer versos? ¿Quieres

renunciar al entramado

de nuestra correspondencia

lúdica, experimental?

Yo lo sabía, al final

saldrá ganando la Ausencia.

Aquí estoy, de penitencia,

lleno de espinelacocos,

esperando que mis pocos

amigos no me abandonen,

e incluso que me perdonen

la cordura. Tantos locos

seguramente asustamos.

Seguramente dolemos.

Porque los locos sabemos

más de lo que deseamos.

Somos pocos, pero estamos

vivos, pese a la distancia.

Ayer llamé a una ambulancia

para que me trasladara

a otra parte de mi cara

y nadie le dio importancia.

Rompí fotos. Quemé espejos.

Bebí nubes. Lloré azogue...

¡Y que nadie me interrogue

sobre culpas y complejos!

Tengo dos zapatos viejos

que son testigos de todo.

La espalda de Quasimodo.

La risa de la Gioconda.

Un bolígrafo. Una sonda.

Un pliegue oscuro del codo.

¿Por qué el agua no refleja

lo que mi rostro le exige?

Al Quijote se lo dije,

pero no atendió mi queja.

Van Gohg me pidió una oreja

a cambio de hacerme caso.

Juana La Loca dio un paso

hacia mí, pero siguió

de largo. Y aquí estoy yo,

con los ojos en un vaso,

pensando si me los bebo

o si los doy a beber.

En realidad, para ver

no me hacen falta. ¿No debo

fingir que nací de nuevo,

engañar a los sesudos?

Tengo los párpados mudos,

estáticos... Estoy muerto.

Tengo la edad del Desierto

y la voz llena de nudos.

Pero qué importa, Ronel.

Los difuntos racionales

somos así, transversales,

oblicuos sobre el papel.

La cordura es oropel

de  otros, vana fruslería.

¿Somos locos? Algún día

tendremos un manicomio

propio, nuestro rapsocomio:

hostal de la juglaría.

Mientras tanto, seguiremos

con párrafos alquilados,

con adjetivos prestados,

verbos que no merecemos.

Mientras tanto, viviremos

entre paréntesis, solos

como viudos, en dos polos

opuestos: Yo en Almería

 y tú en Holguín, guardería

vasta para dos pipiolos

como Alexis y Ronel

(como José Luis, incluso).

Pero si Cronos dispuso

que fuera así, yo con él.

Si Cronos nos dio el papel

de antípodas, tú con Cronos.

¿Acaso somos patronos

de nuestra propia existencia?

No temamos a la ausencia.

No por gusto hay tantos tonos

de amarillo en primavera,

de ocre en otoño, de verde

en verano. Que recuerde,

también en tierra holguinera

la voz del poeta era

como un fresco impresionista:

la mano del onanista

blandiendo el botafumeiro,

la voz de Ignacio Piñeiro

doblando a un funambulista.

Todo es posible, poeta.

Sobre el mismo bastidor

la música y el color,

el pecador y el asceta.

Sólo queda la secreta

vocación a la locura

(la única pasión segura).

Sólo los locos sabemos

que lo poco que tenemos

peligra ante la cordura.

Bueno, Ronel, no te aflijas

por todo lo que te digo.

Lo que hago es hablar conmigo

“en letra alta”. No elijas

el silencio, no dirijas

tus cartas a otro destino.

Me voy a tomar un vino

a tu nombre cuando acabe

esta misiva. Quién sabe,

tal vez así vaticino

nuestro futuro, el reencuentro

en Las Tunas o en La Habana.

Tal vez así la semana

ponga menos sombras dentro

de mi cabeza, en mi centro

logístico-enunciativo.

Ahora no sé si estoy vivo,

pero al menos sé que Estoy.

Ahora no sé lo que soy,

pero Soy, Existo, Escribo.

En cuanto a que tú trabajes

en el Centro de Cultura

Comunitaria, procura

no hacer trampas y chantajes

a las musas, no rebajes

tu espíritu creador

para ser Trabajador

Vanguardia (en plan CTC),

si no, yo me quejaré

ante el Mando Superior

de la Liga Universal

de Locos Egregios (LUCE),

y verás que se produce

un pleito internacional

ante el Buró Federal

de los Genios Malgastados.

Nosotros somos soldados

del quijotismo y debemos

cuidarnos de esos extremos.

¡Cuántos burocratizados

poetas ya hemos perdido!

¡Cuántos locos trabajando

se han pasado al otro bando!

¡Cuántos Van Gohgs ya han pedido

(y se les ha concedido)

turno para Cirugía!

(Y la paleta vacía,

el pincel esquizofrénico,

la oreja con miedo escénico,

el pecho sin plusvalía).

No te conviertas, Ronel,

en un cuerdo de remate.

Exígele al Gran Orate

que te proteja. Pon miel

y un soneto en un papel

y entiérralos bajo el gajo

de una ceiba. Luego, un ajo

y una décima en un pino.

Sólo así, el Loco Divino

te cuidará del Trabajo.

Yo hice ya ese sortilegio,

porque a partir de septiembre

es muy probable que “siembre”

mi carné de Loco Egregio

para encauzar un colegio

de repentismo en La Habana,

una Cátedra Cubana

de Repentismo (en el ISA),

una manera precisa

de asegurar que mañana,

cuando vuelva a la demencia,

a la esquizofrenia lírica,

todo mi cultura empírica,

mi indagación, mi experiencia,

a través de la docencia

otra gente la aproveche.

No te digo que no eche

de menos las quijotadas,

pero haré martinferradas

para evitar que se estreche

el concepto Poesía

bajo el imperio del signo

escrito, que vuelva a un digno

espacio la Juglaría,

que recupere (debía

haberlo recuperado

hace tiempo) el añorado

prestigio de todo Arte.

Yo sólo pondré una parte.

Lo demás será logrado

por el trabajo conjunto

de un grupo de repentistas

jóvenes, los accionistas

que pujarán por el punto

(que parecía difunto)

en la Bolsa Cultural

de La Habana. Y al final,

habrá un batallón de infantes

redescubriendo a Cervantes

desde la lírica oral.

Todo esto te lo cuento

para que sepas, Ronel,

que mi reciente papel

durante el «levantamiento»

popular (el llamamiento

público a favor de Elián)

no es tan sólo un ademán

político “pimientino”,

sino muestra del destino

de nuestro homérico Clan.

Las Tribunas han servido

para demostrar que estamos

“vivos”, que necesitamos

que nos presten más oído.

La décima siempre ha sido

alabarda y carabina,

pero también oda fina,

cantiga tierna, balada

homérica rescatada

del ostracismo y la ruina.

En fin, sin proselitismo:

¡ya nuestros «intelectuales»

le han visto luces reales

al arte del repentismo!

Han dejado su onanismo

mental, el prejuicio vano.

Y tú sí sabes, mi hermano,

el tiempo que llevo haciendo

decimancia, entretejiendo

lo campesino y lo urbano.

Bueno, Ronel, me despido.

(Lo del beso a mi mujer

no sé si lo podré hacer:

no le exijas a un marido

nostálgico y preterido

traducciones osculares;

además, mis papilares

son distintas a las tuyas).

Bueno, hermano, no destruyas

mis notas peninsulares.

Escríbeme en cuanto leas

esta carta. A José Luis

dile que responda mis

mensajes, versos, ideas…

Mándame, si lo deseas,

poemas, chismes, canciones...

Si necesitan buzones,

canten, que a través del viento

les leeré el pensamiento.

Hasta otra carta, cabrones.1


 


[1]  MENSAJE DE RONEL

Querido amigo:
Estamos en línea. Sucede que no trabajo en Iberoamérica (en la Casa quiero decir) sino en el centro de Cultura Comunitaria (Morales Lemus 273 e/ Cables y Angel Guerra) donde puedes escribirme. Por supuesto que estuve al tanto de tus actuaciones en las tribunas abiertas de la Habana. Excelente. Como siempre el más grande (no en tamaño quiero decir) repentista-seguidillista que ha dado Cuba eres tú. Un abrazo de José Luis y mío, por supuesto. Un beso para Natalia si no te pones bravo. Ronel González
 

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600