EL MAL MENOR
Las señas más visibles que quedaron tras la visita
de Bush a Mérida esta semana, son las pintadas en el
palacio municipal, las puertas rotas, las ventanas
destrozadas, los semáforos echados abajo, y el casi
medio centenar de manifestantes detenidos.
Junto al Emperador, arribaron a Mérida ―por temor a
la oposición que su visita desataría– una cifra
indeterminada de agentes del Servicio Secreto, 300
francotiradores, 15 aparatos de la fuerza aérea
norteamericana y un enorme portaaviones.
Sin embargo, pocas horas después que Súper W
abandonó el sitio, una plaga de langostas se
descargó sobre la ciudad. Hasta ahora nadie se ha
manifestado contra las langostas. Ni se tiene
noticia de que la fuerza pública haya sido
movilizada. Evidentemente, las langostas son un mal
soportable. |
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