EL MAL MENOR

Las señas más visibles que quedaron tras la visita de Bush a Mérida esta semana, son las pintadas en el palacio municipal, las puertas rotas, las ventanas destrozadas, los semáforos echados abajo, y el casi medio centenar de manifestantes detenidos.

Junto al Emperador, arribaron a Mérida ―por temor a la oposición que su visita desataría– una cifra indeterminada de agentes del Servicio Secreto, 300 francotiradores, 15 aparatos de la fuerza aérea norteamericana y un enorme portaaviones.

Sin embargo, pocas horas después que Súper W abandonó el sitio, una plaga de langostas se descargó sobre la ciudad. Hasta ahora nadie se ha manifestado contra las langostas. Ni se tiene noticia de que la fuerza pública haya sido movilizada. Evidentemente, las langostas son un mal soportable.
LA JIRIBILLA. 2007