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Las mujeres de Mantua, en Pinar del Río,
le deben su belleza en gran medida a las
cantidades navegables de sopa de
cebollas que bebieron sus progenitores.
No es raro escuchar de los mantuanos
viejos, piropos como el siguiente:
¡Niñaaa, estás como la cebollita en la
sopa!
Así que ponga asunto si tiene hijas feas
y en sazón, y pegue a darle de este
plato milagroso.
En una olla o cazuela grande ponga a
hervir medio pollo, media libra de falda
y una pata de cerdo limpia. A la hora de
andar cogiendo candela brava, baje el
fuego y saque los cárnicos que los podrá
usar luego para hacerlos ripiados en
salsa criolla. Hecha esta operación, con
un cucharón proceda a desgrasar el caldo
y a quitarle la espuma que siempre hace.
Luego pele dos libras de cebollas de las
chiquiticas, que son las más indicadas
para esta preparación. Una vez limpias y
lavadas, se las espanta al caldo, y deja
el asunto a fuego lento por 20 minutos
aproximadamente. Cuando las cebollitas
peguen a flotar, puntee la sopa con sal
y pimienta, la perfuma con un chorrito
de vino seco y le zumba cuatro quesitos
crema revolviendo constantemente hasta
que se diluyan y ya está lista para
servir.
Muy importante, la sopa es de cebollas,
así que no se meta a incorporarle ningún
otro condimento ni especia, tal vez un
poco de picante al gusto se lo admita.
Si la quiere más espesa, sencillamente
antes de ponerle el queso, déjela más
tiempo al fuego que la gelatina de la
pata de puerco se encargará de darle
gordura. Métale al mejunje compay, que
me lo va a agradecer cuando vea como
hasta su señora esposa mejora el look. |