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En
general, los traslados de piezas
teatrales a otros medios —sobre todo a
la TV— son infructuosos. Porque los
realizadores de la pantalla chica, si no
conocen a fondo las particularidades y
secretos de esta vía tecnológica,
incurren en el peor de los desastres:
“filmar” la puesta teatral, con lo que,
a su pesar, caen en resultados densos,
tediosos, en fin, mediocres.
Y es
que se trata de dos lenguajes que,
también por lo general, no suelen
complementarse y “casar”, debido a sus
estéticas distintas y distantes.
Pero
el pasado miércoles (Cuba, 6 de marzo,
2007) todos los que disfrutamos de la
puesta televisual de Marx en el Soho
—la deliciosa pieza del historiador y
teatrista norteamericano Howard Zinn, en
brillante versión del dramaturgo y actor
Michaelis Cué y la teatróloga Bárbara
Rivero—, comprobamos con satisfacción
que sí se puede llevar una obra escénica
a la pantalla chica, solo que, tal se
hizo en esta ocasión, manejando los
hilos de la trama con sensibilidad y
talento, en una palabra, con maestría.
Claro, en este estupendo resultado se
confabularon los respectivos talentos y
especialidades, todos magníficos,
regidos por el cuidado y talento de
Jorge Padilla como director. Él, al
parecer, tuvo muy en cuenta los
criterios de ambos versionadores,
particularmente en el caso de Michaelis
Cué, dotado de la suficiente experiencia
en este medio (recordar su ya extensa e
intensa participación en el serial para
niños La sombrilla amarilla).
Luego
está la fabulosa dirección de fotografía
de Abel Fernández, que mucho le debe al
mejor cine europeo: el ambiente y la
atmósfera de claroscuros logrados
constituyen lo mejor que hemos
presenciado en la TV durante años.
En
cuanto a los desempeños, brillan los del
propio Michaelis en su caracterización
de El Genio de Treveris,
no basada en el parecido físico (que no
hay tal), sino en una introspección
sicológica y caracterológica harto
convincente, en la que se evidencia, una
vez más —como el realizado por él en la
recordada puesta escénica de Manteca,
de Alberto Pedro—, el rigor y la verdad
de este absoluto histrión que asimismo
convence en este medio.
Deysi
Quintana se identifica con la impronta
que conocemos de Jenny en las biografías
de Marx: de ahí que nos ofrece a una
verídica Jenny, inteligente
esposa/consejera/compañera del pensador.
Muy dúctil, comedida y bella en la
lograda imagen decimonónica es la que
ofrece esta actriz que, licenciada en el
ISA años atrás, ha ido conformando una
carrera muy en serio, en la que se
atisba y aplaude su valiosa formación
teatral.
El
Bakunin de Jorge Félix Alí está muy bien
“montado”. Este crítico recordaba los
días cuando, profesor, como otros
colegas, del entonces talentoso
estudiante de la Escuela Nacional de
Teatro, ya descollaba entre otros
igualmente de valía, como Isabel Santos,
Beatriz Valdés, Alberto Pujol, Jorge
Martínez et al. Entre sus más
recientes papeles de alta calidad, está
este del ahora maduro actor.
La TV
Cubana gana mucho a su favor con este
regalo que dio a los telespectadores en
otro aniversario de la ¿muerte? de Karl
Marx, el genial fantasma que hoy recorre
el mundo de los pobres (que es el
nuestro), hoy tan vivos como él. Sobre
todo en Latinoamérica ya despiertan del
vetusto letargo que secularmente los
privó de infinitas posibilidades. Las
mismas que en este momento se les
ofrecen en la América nuestra, que
renombró, como Simón Bolívar, nuestro
universal José Martí.
Voto, pues, a favor de esta puesta
televisual de Marx en el Soho, a
la que ya pronostico varios lauros en
más de un evento nacional. Y que se
repitan entregas de tal calidad y poesía
es lo que todos deseamos. |