Año V
La Habana

7 al 13 de ABRIL
de 2007

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¿Un teatro "contra el imperio"?

Roke Aldekoa • País Vasco

 

¿Se están dando pasos hacia la aparición en los escenarios de una nueva noción de "teatro político", que tendría sus raíces en lo que en el siglo XX fueron las tentativas de Piscator, Brecht o Peter Weiss (y otros muchos)? De todos modos, no hay que olvidar que el "teatro político", como una empresa artística, combativa y radical, nutrida con un pensamiento de izquierda, nunca ha dejado de tener vigencia en los escenarios europeos, por ejemplo, en la presencia incombustible de Darío Fo. Pero es el caso que ahora aparecen nuevos signos en ese sentido, entre los cuales se pueden reseñar fenómenos como el de que en los EE.UU. se represente con éxito la obra Marx en el Soho de Howard Zinn que ahora aparece entre nosotros, en una excelente traducción; y el de que surjan proyectos como este que Alfonso Sastre llama "por un teatro vertebral", dirigido contra la omnipotencia del imperialismo norteamericano en el mundo, y ejemplificado con el texto dramático del mismo Sastre El nuevo cerco de Numancia. ¡Un pequeñísimo y poético Darío Fo, Zinn, Sastre y otros cuantos, contra un supergigante, político y económico, planetario, Goliat: el Imperio norteamericano; una empresa "irrisoria", y casi ridícula, como le gusta decir al autor de este último proyecto!; pero, ¿es que puede esperarse del arte algo más que algunas apuestas imaginarias por la utopía o pequeños (o grandes) gestos de insumisión?

Howard Zinn, ese gran historiador independiente, se confirma ya como un excelente autor dramático (después de la afirmación que supuso su drama sobre la anarquista Emma Goldman) en esta pieza en un acto, que es un brillante monólogo, en el que vemos a un Marx, humano y entrañable —qué gran papel para un actor— que vuelve al mundo de hoy para decirnos cuatro verdades como cuatro puños. ¿Y qué hay de verdad y qué de fantasía en este imaginario regreso de Marx a un escenario teatral de nuestro tiempo? Howard Zinn nos lo dice claramente, afirmando que en su obra "los principales acontecimientos de la vida de Marx y de la historia de su época son básicamente ciertos: su matrimonio con Jenny, su exilio a Londres, la muerte de sus tres hijos y los conflictos políticos de aquellos momentos: la lucha de los irlandeses contra Inglaterra, las revoluciones europeas de 1848, el movimiento comunista, la Comuna de París". Pero Zinn espera que su obra —nos dice— "ilumine no solo aquel tiempo y el lugar de Marx en él, sino nuestro tiempo y nuestro lugar en él". Eso le otorga su gran actualidad en el día de hoy, cuando se ha producido, como Sastre denuncia en Los intelectuales y la Utopía, tan masivo desplazamiento de intelectuales y artistas hacia la derecha más reaccionaria, y ellos se dedican a certificar, en los más importantes medios, y con la dudosa fuerza de su maltrecho prestigio, el carácter definitivamente obsoleto del marxismo. La cosa empezó hace muchos años, con chistes como aquel que decía: "Dios ha muerto, Marx ha muerto, y yo no me encuentro muy bien del todo".

En esta obra, aparece en escena un Marx "bajo y rechoncho", que exclama al ver al público de la sala: "¡Gracias a Dios, un auditorio! Me alegro de que hayáis venido. No habéis hecho caso de esos idiotas que han dicho: ¡Marx está muerto! Bueno, lo estoy... y no lo estoy". Y nos cuenta su vida y su filosofía del modo más directo y divertido, evidenciando las grandes virtudes actuales de esta última.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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