Año V
La Habana

7 al 13 de ABRIL
de 2007

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Lo de Marx no fue una excepción

P. A. Fonseca• La Habana
Fotos: Pepe Murrieta

 
La puesta televisiva de Marx en el Soho por Jorge Alonso Padilla ha despertado una variada gama de comentarios, laudatorios la mayoría, ante una expresión audiovisual acertada de la pieza dramática de Howard Zinn.

Desconozco si el número de telespectadores fue porcentualmente mucho mayor para un espacio de este tipo, lo que sí la puesta televisiva ha sido causa de numerosas opiniones en los medios de difusión, hecho que no es habitual en otras entregas similares de la pequeña pantalla.

Porque ¡y qué bueno! lo de adaptar una obra de un clásico a la tv, no es una excepción en los últimos tiempos, sino que forma parte de una política de llevar a los hogares cubanos puestas teatrales trascendentes por una u otra razón.

Así, a vuelo de memoria, en los últimos tiempos, con la dirección de Tomás Piard, un maestro de las realizaciones de dramas complejos, se han visto sobre puesta de Carlos Díaz,  Santa Cecilia y Freddy de Abilio Estévez, ambas con un singulares claves por descifrar y abordando temas peliagudos para el gran público. También con la dirección televisiva de Piard se trasmitió Espectros, del dramaturgo noruego Henrik Ibsen y Viaje de un largo día hacia la noche, basado en la obra homónima de Eugene O'Neill, las dos con especiales puestas en escena y códigos estéticos. Enrique Álvarez llevó a la pequeña pantalla un clásico de Bertolt Brech, Madre Coraje y sus hijos, espacio al que vistió de su estilo.

Quizás un poquito más alejado en el tiempo, pero aún en la memoria de los amantes del arte trasmitido por la televisión, están piezas como Clase magistral, de Terence Mac Nally, dirigida para la TV por Magda González y con una actuación memorable de Susana Pérez, Aire frío, de Virgilio Piñera,  por Mirta González Perera,  Santa Camila de La Habana Vieja de José Ramón Brene, por Belkys Vega y Requien por Yarini de Carlos Felipe, con versión televisiva de Padilla, todas con una factura digna de los textos teatrales.

Estas obras han nacido, en su gran mayoría, a partir del funcionamiento de los Grupos de creación, que han contribuido a debatir cada guión hasta la saciedad y luego, incluso, a realizar el análisis a camisa quitada de la pieza terminada. A los teleteatros se unen cuentos y teleplays, en los llamados programas dramatizados unitarios para la TV.

Acerca de estas propuestas, Magda González, Jefa de la División de Dramatizados, comenta: “Hay quien considera que los unitarios se han convertido en la vanguardia del audiovisual en lo que se refiere a contar historias. Yo siempre digo que en la televisión tenemos la ventaja de que producimos con dinero nacional y no con el de un coproductor extranjero. Eso nos da una libertad tremenda, lejos de lo que pudiera suponerse en una televisión estatal. En esos espacios, los creadores proponen sus guiones, escogen sus elencos, forman sus equipos de realización, desarrollan sus estéticas personales y la única condicionante es que al final sean productos de calidad. Esto y la posibilidad de hacer algo todos los años, es muy positivo para el desarrollo de los directores, porque el audiovisual es un oficio como cualquier otro y se perfecciona haciendo cosas”

Con el fin de no detener el flujo de buenas obras hacia la pequeña pantalla, el Consejo de las Artes Escénicas y otras instituciones del Ministerio de Cultura colaboran con el ICRT. Marx en el Soho y una buena parte de las otras obras mencionadas son frutos, precisamente de ese trabajo conjunto.


Antes de finalizar 2007, utilizando este proceder, se podrán ver, según informa Magda, Escándalo en la trapa, de Brene, Stockman, un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, Arte, de la dramaturga francesa Yazmina Reza y Delirio habanero de Alberto Pedro, con puestas en escenas respectivamente de Tony Díaz, Carlos Celdrán, Carlos Díaz y Raúl Martín. Los directores para la televisión serán Tomás Piard, Rudy Mora, Enrique Álvarez y la propia Magda.

Por supuesto, hay muchísimos más sueños aún por realizar: tener todas las semanas un estreno de un teatro, un cuento o un teleplay, una novela cubana buena en el aire y dos haciéndose para que no haya espacios por rellenar y por supuesto lograr calidad en cada entrega, esa que permite asentar una pieza de arte en cada sala cubana.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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