Año V
La Habana

7 al 13 de ABRIL
de 2007

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Heterodoxia en el Soho

Juan Martins • Caracas

 

La experiencia de Marx en el Soho, de Howard Zinn y dirigida y representada  por Michaelis Cué en el rol de “Marx”  nos mostró una capacidad actoral integrada a un marco de lo ideológico y el nivel pragmático del lenguaje, puesto que el mundo de las ideas se arriesga a que tome lugar en el escenario, a que se vaya (des)construyendo en el espacio teatral. Sobre todo cuando se trata de un autor cuyo oficio de escritura es el ensayo político. Ahora bien, el actor le otorga a esta pieza esos niveles de interpretación que se necesitan para que se desarrolle el espacio escénico y, por consiguiente, la representación actoral. Entonces es cuando aquel conocido esquema de Meyerhold en el que el autor se diagrama en una línea que va desde el texto hasta el público se evidencia como importante que hay que considerar.

En ese desplazamiento toda buena actuación tiene la responsabilidad de comunicar y dramatizar esa relación del texto. Es lo que hace del teatro una dinámica de corporeidad que le provee sentido al espectáculo.
 
Esto lo sabemos, lo reitero porque no siempre se alcanza resolver un texto que pertenece a las ciencias sociales y a la historia del pensamiento. Si se quiere al mundo de las ideas como vengo diciendo. Tratar de hacer, por su parte, que una propuesta se desplace desde la prosa hermenéutica a la naturaleza del drama es un mérito más del actor que del autor propiamente. Sin este antecedente no podríamos establecer una interpretación en nuestra condición de espectador. Las ideas toman corporeidad mediante una racionalización del oficio actoral. Todo se dispone en la escena siempre que se establezca un diálogo con el público en el que se le ofrece ver a un personaje, como lo es Marx, desde un pensamiento heterodoxo. Es un riesgo cuando sabemos del contexto político venezolano. También lo es para el actor, más que para el autor.

Desde esa perspectiva tenemos una construcción escénica de riesgo y complejidad actoral. Es evidente que estamos ante la presencia de un actor de emociones, por el hecho de lograr darle coherencia y progresión dramática a la pieza. Pero hay que subrayar el hecho de que a este actor no lo favorecen aquellas condiciones de un texto que tiene problema en su estructura dramática. Mucho más cuando las ideas se nos exhiben de manera abierta y de sincero riesgo en el nivel político. Estamos aquí ante un teatro político que tomó formalidad en el discurso estrictamente teatral. Allí la consistencia de este espectáculo.

(Caracas. Festival  de Teatro de Occidente, 26 de nov. 2006) 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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