Año V
La Habana

7 al 13 de ABRIL
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

De nuevo el melenudo aguafiestas

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 

Hace años un amigo me decía que debía ser terrible estar bien muerto y seguir saliendo en periódicos, televisión y todos los medios de prensa,  apareciendo a veces como un enviado del Señor de Galilea y otras como el mismo Lucifer. Coincido con ese criterio que se aviene especialmente a la figura de Carlos Marx, el hombre más importante del primer milenio según una encuesta realizada a principios de este siglo en Gran Bretaña.

Sobre él se han escrito millones de cuartillas para descalificar su obra o su vida, y miles con el fin de destacar sus virtudes. Hoy no existe una persona medianamente culta que no haya hojeado algún libro de este judío nacido en Tréveris el 5 de mayo de 1818. Incluso, en universidades y otras instituciones de estudios superiores se enseña como parte de la formación de economistas, filósofos o sociólogos que se entrenan para defender al capitalismo.

Es que los textos de Marx, por sólidos y lógicos, han devenido imprescindibles en la formación humanística integral de los nuevos profesionales. Claro que, en  los centros de poder del capital cada línea del Moro apodo puesto por sus hijas es atacada por las más diversas teorías, y es lógico, sigue siendo un subversivo.

Casi estoy segura que Howard Zinn escribió su Marx en el Soho precisamente por la turbulencia que sigue generando ese alemán dador de batallas singulares en el pensamiento y la acción.

Lo importante de la pieza de Zinn, además de sus cualidades como drama, es que logra bajar al Prometeo de Tréveris del busto de bronce o subirlo de las hogueras del Infierno.  Nuestro Marx se presenta como lo que fue y es un hombre insaciable por conocer las causas y las cosas, pero a la vez un ser humano con sublimes obsesiones y abrumado por la cotidianidad de eso que se llama vida.

El Marx, de Zinn es el gran filósofo y político, pero también el padre, el amante, el amigo, el hombre enfermo y el tribuno que no se detiene ante la indiferencia de los otros y habla argumenta, repite, buscando aliados a su causa, que es la de los desposeídos del planeta. La mesura de Jenny, la amante esposa, el candor de Eleanor, la hija menor, el contrapunteo con Bakunin y las referencias al gran desinterés de la amistad tributada por Engels, salpican el monólogo para con humor e ironía hacernos llegar mucho mejor la imagen del autor de El capital.

Es tan buena la pieza en su propuesta  que una se olvida de que Michaelis Cué no se parece en nada al pensador germano. Por supuesto, que mucho tiene que ver en esto el desempeño del actor, quien a raíz de la puesta teatral que además dirigió, le confesó a un periodista por qué sintió interés en la obra de Zinn: Marx plantea de manera directa que “Todos los hombres debemos ser iguales en la tierra” y a mí me parecía interesante sacar la figura sobre todo para decir: “miren señores el fin de las ideologías no ha llegado”.

Pienso que aunque una obra de teatro no puede destruir un sistema, como tampoco lo haría un filme o un libro, si puede contribuir a humanizar la figura de alguien que han convertido en Dios o en Diablo.

La cantidad de representaciones de Marx en el Soho y ahora su transmisión televisiva, ayuda a ver al filósofo más importante de la Era moderna, en una dimensión que nos embulla a volver sobre él. Todavía el melenudo aguafiestas tiene mucho que enseñar a este mundo cada día más patas arriba, su legado, su obra, su vida, están ahí esperando porque cada uno de nosotros convierta en certeza las más bellas hipótesis sobre el homo sapiens, como  cuando en 1944 escribió: “Supongamos que el hombre sea hombre y que su relación con el mundo es humana: entonces solo puedes cambiar amor por amor, confianza por confianza, etcétera. Si quieres disfrutar del arte, debes ser una persona artísticamente cultivada; si quieres ejercer influencia sobre los demás, debes ser una persona que produzca efectos estimulantes e incitantes en la gente. Cada una de sus relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión específica, que corresponda al objeto de tu voluntad, de tu verdadera vida individual. Si amas sin que tu amor sea correspondido, es decir, si tu amor en cuanto a tal no produce el amor recíproco; si a través de una expresión viva de ti misma en cuanto a amante, no te haces una persona amada, entonces tu amor es impotente: es una desdicha”.
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600