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Decir
que Marx en el Soho de Howard
Zinn es una obra con amplia vida
internacional es ya una verdad de
Perogrullo; en los propios Estados
Unidos ha sido representada en casi
todas las universidades y además en
prestigiosos espacios profesionales como
Broadway. También en Europa muchos han
sido los escenarios que han acogido la
segunda obra de teatro del destacado
politólogo norteamericano. Sin embargo,
no fue hasta el año 2004 que Marx en
el Soho llegó a América Latina y lo
hizo de la mano del actor cubano
Michaelis Cué. Como es lógico, esta
primera función –a la que asistió el
propio Howard Zinn- y muchas de las
posteriores se realizaron en la Isla,
pero no conforme con la vida cubana, el
Marx… de Michaelis Cué ha tenido un
periplo latinoamericano que ha dejado
importantes huellas en el panorama
teatral del continente. Perú, Chile,
Costa Rica, México y Venezuela han sido
los países que hasta ahora han acogido
este espectáculo al que se le reconoce
por la solidez del texto dramático pero
también por la excelencia de la
interpretación dramática del actor
cubano.
En Venezuela Juan Martins desde su
espacio en Teatro Mundial cuenta:
“La experiencia de Marx en el Soho,
de Howard Zinn y dirigida y
representada por Michaelis Cué en el rol
de Marx nos mostró una capacidad actoral
integrada a un marco de lo ideológico y
el nivel pragmático del lenguaje, puesto
que el mundo de las ideas se arriesga a
que tome lugar en el escenario, a que se
vaya (des)construyendo en el espacio
teatral. Sobre todo cuando se trata de
un autor cuyo oficio de escritura es el
ensayo político. Ahora bien, el actor le
otorga a esta pieza esos niveles de
interpretación que se necesitan para que
se desarrolle el espacio escénico y, por
consiguiente, la representación
actoral.”
Según Ernesto Raéz Mendiola,
Michaelis Cué ofreció en el II Festival
Internacional de Teatro
Unipersonal de Perú: “una fluida e
intensa interpretación de un Marx
desmitificado”, “la composición del
personaje de Michaelis, permitió
ratificar que el teatro es el actor y su
público, y que es su enlace comunicativo
el que sostiene la profundidad de un
espectáculo teatral.”
Un periodista de Chile afirma en una
crónica titulada
Heterodoxia en el Soho aparecida
en la página web del festival Temporales
Teatrales: “Cuba
me vuelve a sorprender con un trabajo de
muy alta calidad y siempre con el fin de
reflexionar y pensar profundamente sobre
temas relevantes de nuestra vida. Al
igual que el año pasado, un muy buen
montaje, guión, historia, me dejan en la
más absoluta convicción, de que gracias
al arte, aun queda la esperanza de
construir un mundo mejor.
La belleza del arte es capaz de
resucitar a Marx y traerlo hasta
nuestras presencia, para entender y dar
a conocer más, sobre el tan
estigmatizado e incomprendido
comunismo.”
Desde Costa Rica, adonde Marx en el
Soho se presentó como parte del
Festival de las Artes, el periodista y
diseñador gráfico Cristian Cambronero
narra en su blog Fusil de chispas:
“El texto es riquísimo, con la capacidad
de enganchar al espectador desde el
principio; y está muy bien interpretado
por Cué, que no sobreactúa pero tampoco
deja caer a su Karl Marx en más que un
necio trámite.
Tampoco se trata de un panfleto
intragable. Los destellos de humor,
varios y la mayoría muy finos, le dan
fluidez y endulzan los momentos más
densos del guión.
Una
reflexión aparecida en el diario La
Nación de ese mismo país asevera: “Con
hitos de humor fino, este texto, en
manos de cualquiera, no pasaría de ser
una mera enunciación política o un
panfleto escénico, pero en el favorecido
talento del actor cubano Michaelis Cué
es documento vitalista y, sobre todo, un
registro sobre el amor y el calor
humanos.
Con
cada signo actoral, con creatividad
escénica, cara al público si es
necesario, con sabio aprovechamiento de
las luces, el actor Michaelis Cué
enhebra y deshebra un trabajo escénico
aplastante e inolvidable. Es la suma
entre el don natural y su rigurosa
fermentación.
Con
gran energía y en jornada escénica
unipersonal, este actor diseña y encarna
a un personaje, Marx, que es energía
colectiva como intelectual, filósofo,
economista y político (...).
Al
final de la obra, los aplausos
desbordados de un teatro lleno fueron el
gran reconocimiento para un eximio
trabajo teatral. Fue privilegio verlo y
es privilegio escribir de él.” |