Año V
La Habana
2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Adelaida del Mármol
(Holguín, 1838 - 1857)

El jazmín de mi ventana

Lindo, esbelto, delicado,

 con ramajes de esmeralda,

 es bellísima guirnalda

 a mi reja entrelazado;

    de flores mil esmaltado

 lo miro cada mañana,

 suaves perfumes emana

 de sus pétalos de nieve,

 y dulce mi alma conmueve

 el jazmín de mi ventana.

 

    Cuando risueña aparece,

 velada en gasas la frente,

 el alba allá en el Oriente

 y suave fulgor ofrece;

    cuando el cielo se embellece

 con las sonrisas que emana

 su faz de zafir y grana,

 antes que Febo la abrume,

 voy a aspirar el perfume

 del jazmín de mi ventana.

 

    Para él lágrimas la aurora

 vierte en cascadas de perlas,

 y va el céfiro a beberlas,

 con languidez seductora;

    esta planta encantadora,

 nacida en la tierra indiana,

 aunque púrpura galana

 no tiñe su blanca frente,

 inspira más a mi mente

 el jazmín de mi ventana.

 

    Cuando la Luna apacible

 con sus rayos lo ilumina,

 mi débil frente se inclina

 sobre su ramo flexible,

    y mística, indefinible

 felicidad sobrehumana,

 de los ángeles hermana,

 a mi alma infantil desciende,

 porque entonces me comprende

 el jazmín de mi ventana.

 

    Por no causarle dolores,

 nunca adorné mis cabellos

 con esos ramos tan bellos

 que forman siempre sus flores;

    y a los divinos albores

 con que hermosa se engalana

 del trópico la mañana,

 con celestial embeleso

 en cada pétalo un beso

 di al jazmín de mi ventana.

 

    Flores atesora abril

 de suavísimos olores,

 ricas en forma y colores,

 siendo galas del pensil;

    mas aunque lucieran mil

 con su hermosura temprana,

 camelias, mirtos y liana,

 rosa, clavel y amaranto,

 no tienen el dulce encanto

 del jazmín de mi ventana.

 

    Cuando descanse yo un día

 en la mansión solitaria,

 y se escuche una plegaria

 en torno a la tumba mía,

    bajo la lápida fría

 fin de esta existencia vana,

 do la vestidura humana

 para siempre allí reposa,

 que crezca sobre mi losa

 el jazmín de mi ventana.


La paz en nuestro hogar 

A mis hermanos

Apacible, risueña, venturosa,

 cual página más bella de su historia,

 como raudal de ensueños de oro y rosa

 que goza en recordar nuestra memoria,

 como antorcha que alumbra esplendorosa

 las horas de la vida transitoria,

 que «La paz en nuestro hogar» florido

 quiso formar su delicioso nido.

 

    Ella todo lo encanta y embellece

 con sus luces tan suaves y adorables

 y a la mente constante hoy ofrece

 por doquiera emociones inefables,

 ninguna pena aquí nos entristece

 y las horas transcurren agradables

 en la mansión hermosa de contento

 do el amor fraternal tiene su asiento.

 

    ¡Ah! Cómo admiro este feliz recinto

 por su elegancia, gusto y simetría,

 por tantas flores de color distinto

 que ofrecen su dulcísima ambrosía;

 entusiasmada a veces yo las pinto

 en los cantares de la lira mía,

 ¿y cómo no cantarlas, si son ellas

 interesantes, púdicas y bellas?

 

    No del mundo los fútiles placeres

 en nuestro hogar imperan seductores,

 ni el brillo, la ambición y los poderes

 tienen ecos aquí halagadores,

 empero en él existen nobles seres

 que desdeñando el fausto y los loores,

 sus horas de solaz y de alegría

 consagran a la música y poesía.

 

    Aquí nuestra existencia se desliza

 tan igual, apacible e inocente

 como las ondas diáfanas que riza

 el céfiro en la nítida corriente,

 la dicha los objetos poetiza,

 y no ocurre jamás a nuestra mente

 hallar un porvenir más halagüeño

 que este presente, plácido y risueño.

 

    Y dan mayor encanto a este paisaje

 formado de contornos deliciosos

 por ángeles que con célico lenguaje

 

 expresan sus ideas venturosos,

 al mirarlos dormidos entre encaje

 querubines parecen amorosos,

 de la inocencia envueltos entre el velo

 y enviados a la tierra desde el cielo.

 

    Consoladora Paz, yo te bendigo,

 por ti será mi voz tierna, elocuente,

 porque siempre tu antorcha va conmigo

 y tus luces derramas en mi frente,

 muéstrame siempre tu semblante amigo,

 cúbreme con tu manto eternamente,

 y gozaré de venturosa calma

 junto a los seres que adora mi alma.

 

Adelaida de Mármol. Poetisa. Nació en Holguín en 1838. Formó parte del cuerpo de redacción del periódico santiaguero "Semanario Cubano". Figuró en varias antologías, entre ellas la de José Manuel Carbonell: "Evolución de la cultura cubana". Murió en 1857.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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